martes, 15 de abril de 2014

LOS VIAJES DEL PASADO



          Parado en el pasadizo de la estación de la Ermita, me hacía toda clase de recuerdos de todo un año de estudios, aventuras incomparables, é insospechadas parrandas, con sus respectivas borracheras, lo emocionante de las escapadas o capiusas, travesuras que había pasado junto al grupo de mis compañeros de toda la vida. En el instituto de la secundaria y ahora en la Universidad.
          La resaca del día anterior aun me mortificaba, pero con todo y eso me encontraba allí con mi traje de catrín a rayas, traslapado, de solapas anchas, lo hacía acompañar de un sombrero de ala corta de fieltro que era de la pura moda. Lujo con mis mancuernillas de color oro que sobresalían de las mangas del saco, la camisa no se diga de popelina pura.
          Me había olvidado decir que estaba allí esperando el tren para regresar a mi pueblo, a Chiquimula, el único medio de transporte decente para llegar al oriente del país. No había una carretera decente que me condujera hasta esos lugares a la bella Perla de Oriente.
          A la 7 con 45, pasaba el ferrocarril, que se detenía a agarrar pasaje en su viaje al nor. Oriente,  de máquina de vapor que resoplaba haciendo temblar los durmientes de madera y los alargados rieles metálicos de la vía, que se desplazaban en el campo. El pito rezongaba por todo el barrio Candelaria y  de la zona 6. El chu-chuuu, que anunciaba la partida de los templados bellos horizontes de la capital hacia las áridas tierras plagados de calor de la costa atlántica y puntos intermedios, Zacapa que era el punto de encuentro de las líneas establecidas.
          Colocado frente a la ventana derecha, sobre una banca de tablas, me acomodé para la travesía, me quité el saco, lo enrollé y lo coloqué de almohadón en el respaldo del asiento, me oculté bajo el sombrero y de pierna cruzada me propuse a disfrutar una siesta acompasada del vaivén de los vagones y el sonido característico del convoy, que cruzaba lentamente sobre el puente de Las Vacas. Los llanos de la Virgen y el municipio de Palencia.
          Justo cuando desperté, los movimientos de frenado se hicieron evidentes, me di un estirón, asomé curiosamente por la ventana. Alguien gritaba, “El Fiscal”, varias mujeres con sendos canastos se encaramaron en las escaleras, penetrando a los vagones para ofrecer la comida criolla. Panes con frijoles, tortillas con chile, pacayas envueltas en huevo  y los trozos de pollo o gallina criolla azada, que le abrían el apetito a cualquiera.
--- Frescos…, frescos…--- se anunciaban por las muchachas que cargando una cubeta, le despachaban en posillos de peltre, el súchiles, las aguas amarillas con trozos de piña, tanto de 5 como de a 3 len. Sin faltar el cafecito, en jarrillas de peltre, azul veteado con puntos negros, para completar la refacción de media mañana.
          La siguiente parada era Cucajol, más allá de los llanos de Palencia, donde en ocasiones iba con mis amigos a darnos un chapuzón, luego de echar unos anzuelazos al río y agarrar cangrejos para el almuerzo. El río se desplazaba bajo el puente del ferrocarril. Lo Emocionantes era que solo se podía llegar por el tren y o a pie, Esas excursiones de muchachos, donde no faltaban las cervecitas y los tragos de guaro blanco,.
          Me arreglé el sombrero y salí a dar un paseo en el andén de la puerta y aprovechar para fumarme un cigarrillo Víctor, disque para hacerme la digestión, volví a mi lugar después de la advertencia del inspector por el peligro de permanecer en el lugar.
          Con los continuos jalones  se marcaban el paso cadencioso de los vagones del transporte por los planes de Sanarate, donde empezaba a ser creciente el calor, a pesar del viento que penetraba por los ventanales, ese árido clima que afectaba a los pasajeros, quienes con sendos abanicos multicolores trataban de espantar el efecto de las altas temperaturas.
          Una nueva parada, subían y bajaban las canasteras. El movimiento se hacía casi al pedalazo, ya que unos minutos después, el convoy se hacía al viaje sin perdonar el tiempo. Aquí se hacían acreedoras las ventas de chicharrón con yuca, las vendedoras de las quesadillas de arroz, el marquesote y las tortas de pan de yemas. Vaya si no era entretenido, entre comidas y siestas.
          Los paisajes del recorrido se matizaban entre puentes de grandes estructuras, ríos de muchas piedras, contrastando con tierras áridas,  se pasaba por  las meloneras de la fragua, para luego un cachito más allá, arribar a la estación cálida de donde nació la canción de José Ernesto Monzón “Soy de Zacapa”.
          Era la primera conexión de mi viaje, había que trasbordar, en este sitio, pero habría que dar una espera de varias horas para que el otro tren que se dirigía a El Salvador, se hiciera presente para abordarlo. Un salón sin paredes era la sala de espera donde los romeristas del Cristo Negro se apilaban en las escasas bancas, haciendo reposo anticipado para abordar el mismo transporte. Los que iban de visita a El Salvador, también hacían espera.
          Los chuchos deambulaban por el recinto,  moviéndoles la cola a los pasajeros, con el fin de lograr un bocado o las migas de la comida que caían al suelo. Un bolito recostado en uno de los palos de  almendra amarga, con la mano extendida, pidiendo limosna para ajustar para “el cuto” del quita goma.
          La campana y los gritos de los encargados anuncian la salida del transbordo, como hormigas todos los pasajeros se aglomeran en la entrada de los vagones, con toda clase de bultos y maletas. Las señoras con sus muchachitos amarrados en perrajes a la espalda, pujaban para encaramarse y hacerse espacio en los asientos. Por ser mi equipaje una pequeña maleta, prefería quedarme cerca de la entrada donde los grandes canastos de mango servían para obstruir el paso hacia el interior. Por desprevenido después del segundo jalón, varios pasajeros cayeron de espaldas sobre los chunches, el bulto de aguacate, se rompió rodaron por todo el piso. La dueña se vio en la necesidad de agacharse y gatear para recolectar todos sus frutos, les vio con cara de pocos amigos, pero no dijo nada
          Pasada la aldea El Jocote, donde se divisa el Río Grande, no se porque lo llaman así, quizás porque contiene muchas piedras, es afluente del Motagua. La velocidad de la máquina ahora se regularizó y los pasajeros amontonados se acomodan cada quien en su sitio para la continuación del viaje.  El calor se hacía insoportable, el pañuelo que me coloqué en el cuello para evitar manchar mi camisa blanca estaba estilando sudor. Eso me llamaba al deseo de ingerir líquidos para hidratarme. Me levanté en búsqueda de un fresco.
          Ya faltaba poco, unos cuantos minutos, quizás menos de 1 hora de trayecto, para hacer  arribo al terruño. Nadie en casa sabía de mi llegada, por lo que me tocaría caminar un par de kilómetros hasta llegar al parque del Calvario donde se fincaba mi casa, mi dulce hogar.
--- Puuu, Puuu, Puuu.--- resonaba el pito de la locomotora, acompañada de una campana, que avisan la cercanía de la estación. Las bestias amarradas en tubos, a ambos lados de la vía, se sacudían nerviosamente al ruido y el movimiento sobre la tierra que producía el peso del convoy, las alebrestaba. Dos o tres mozos cargadores de los sin camisa y con piel color tostado, subían al movimiento, adelantándose al frenado, ofreciendo sus servicios de carreta, para bajar chunches, canastos y sacos de granos
          Llegué, cansado del cuerpo, pero alegre de corazón,  por tanto tiempo de travesía, pero al fin y al cabo, ya estaba allí. Corrí con mi maleta en la mano hasta darle alcance a una carreta que caminaba por la calzada arriba rumbo al centro, logrando que me diera jalón, me acomodé en la parte de atrás, desde allí observaba las calles solitarias hasta acercarme a la cuadra cercana al parque, en el trayecto recibí saludos de algunos de los vecinos conocidos de mis tiempos de patojo y como mi papá era un personaje bien popular pues ni modo. Alguna patoja se asomaba a la ventana a echar un ojo y ver la novedad de quien había llegado al pueblo.
--- El hijo de don Chentío, viene de la capital….---- comentaba alguien.
--- Y salió de maestro…? ---opinaban--- o es que va pa´ la Universidad.
          En las orillas del parque central, me apeé, para continuar a pie, en él se asomaban, coronando los árboles de trueno, algunas jacarandas, que saludan en los jardines plagados de florecillas, que dibujaban la maestría de los cuidadores, alrededor de las bancas de marco de metal y asiento de madera, se formaban insignias en hierro de la flor de Liz, allí era donde los jóvenes se detienen a platicar, en todo caso escuchar la banda de instrumentos sonoros, con violines y trompetas que deleitan a los pasantes, parejas de enamorados que tomados tímidamente de la mano, circulan alrededor, donde las flores de geranio se prestan de alfombra por los pasadizos.
          Junto a las columnas entorchadas que asemejan los patios de la antigua Roma, se asentaban las mujeres con sus anchos canastos de toda clase de ventas, las bolsas de papel con manías en su cáscara, solo doradas al sol, de las de 3 por un real. Mas allá las cajas de madera de pino, con muchos colores que contenían las bien elaboradas figuras de Colación, arte manual con diseño de casitas, jarritos y cántaros de azúcar con clara de huevo, pintado con muchas filigranas de vívidos rojos con verde.
          Los chicos mas pequeños que se corretean entre las plantas, se juegan a la tenta, en jubilosas carcajadas, dando rienda suelta a su energía, saltando en la cuerda, las niñas con las enaguas levantadas participan de la algarabía. Otros más enérgicos, la hacían de soldados, con palos y ramas fingiendo mosquetes en elegantes marchas.
          Los muchachos de a caballo que circundaban las calles aledañas se detenían frente a las gradas del instituto, donde los grupos de patojas, lucen sus vestidos de fatiga, mientras charlan animadamente con los jinetes, estos sin bajarse de sus bestias se comportan altaneros, mostrando sus sillas de cabalgadura con adornos de figuras metálicas, sus elegantes sombreros tipo Tejano y botines de cuero con espuelas de plata, como muestra de caché.
          Una que otra chica que pescueceaba en la esquina como quien espera al amor de su vida, al estudiante que caminando en ascenso por la acera, pronto aparece en el Portal del Comercio de la esquina, escurriéndose por la entrada de la tienda más grande del pueblo.
          Cerca del instituto, una señorita con sombrilla en mano, cubriéndose de las inclemencias del sol,  me hizo la parada. Ella de vestido largo y múltiples fustanes, elegantes mantillas que cae sobre sus hombros, no hace si no contornearse simpáticamente en mi presencia, la coquetería le pone ruborosa, después de intercambiar saludos.
--- Hola guapo, que gusto me da verte, Juan---
--- Hola como te va…---respondí muy cortésmente, mientras me incliné y le bese la mano, me quedé pensando cual era su nombre.
--- Que me cuenta la bella hija del Gobernador y Jefe político del pueblo…? te graduaste del INSO, no es así?---
---Por supuesto--- señalándose la sien sobre la mejilla derecha --- aquí hay mas  que belleza,  hay inteligencia. ---
--- No lo dudo, para muestra un botón!, linda flor…---
--- Y tú,  estudiando en Guate…O solo de aventuras, con tanta chica hermosa que debe de haber en la ciudad.---
--- No…. Que va…! Segundo año de Leyes, pero actualmente de vacaciones, vengo de visita.---
--- Por cierto me gustaría que asistieras a la fiesta en  mi honor, por mi  graduación, es el próximo sábado…!---
--- Claro con todo gusto, va a ser un honor.---
--- Sabes una cosa me he visto en la necesidad, por ser mi pariente, de invitar a mis primas, de la rama pobre de la familia, por cierto Isabel es una de ellas, la que le dicen “La Canche”. Te lo menciono porque se dice que la andabas enamorando, bueno detrás de ella, una aventurilla quizás…! No creo que estuvieras tan zafado para interesarte por ella en el pasado…? bueno en fin los hombres, ven una escoba con falda y se van de boca…!---
-- ¿Quien…? ¿YO?, aquí en este pueblo se cuentan chismes y tantas mentiras, ja, ja, ja que nunca sale uno bien parado, imagina que de pronto por chancear contigo, van a pensar que te estoy cortejando. Ja,  ja,  ja,.--- ¡Ganas  no me  faltan! --- pensé--- La verdad es que con tanta chica linda, podría uno enamorarse de la noche a la mañana.---
--- Mentiroso…! acaso le dices esas cosas a todas las mujeres que se te ponen enfrente. Con la fama de mujeriego que andas cargando, me hace pensar que nada te pesa lanzarme un piropo y luego ni voltearme a ver….---
--- Tú lo dices…! tú lo sabes!, pero de pronto acepto la invitación, con la condición que me concedas un baile, entre tantos de tus enamorados… Te parece?
---Eres un insoportable bandido, pero está bien acepto, aunque no sería mala idea que fueras de mi pareja.---
--- Eso no, no estoy en posición de aceptar compromisos por el momento.---
          Me despedí muy cortésmente, seguí mi camino dos tres cuadras delante donde de pronto me encontré en el portón, cuyo arco una estructura de hierro en forma de abanico que se marcaba en el centro con la letra V.  V de Villareal. Somaté el tocador, la puerta se abrió.
          En los amplios corredores de la residencia del Calvario, donde las pomelas brindaban sombra y las palomas tórtolas se encaminaban por el suelo dandome la bienvenida. Lo fresco del ambiente, que permanecía con la tranquilidad de los jardines, cundidos de flores y rosas cultivadas por la familia, daba sensación de paz y tranquilidad.
--- El señorito…! Juan --- me anunció la empleada mediante un grito, luego corrió por el pasillo empedrado con dirección a la cocina. De allí salió a mi encuentro una distinguida dama, mi madre quien en un prolongado saludo se lanzo a mis brazos para besarme, Después de tan efusiva bienvenida, impartió sus órdenes a las empleadas para que me preparasen la merienda. Las mamás, lo primero siempre piensan en la comida cuando alguien se asoma.
--- Juan…! mi muchacho. Dios me ha dado una gran alegría, con tu llegada, como está mi niño...--- nuevamente me abrazó cariñosamente.---
--- Mamá, cuanto tiempo si verte…, sabes te veo muy bien, esas canas en tu linda cabellera se te ven muy coquetas ---
--- Insinúas que estoy vieja…?---
---No mama, estas muy hermosa.--- la tomé del brazo y la acompañé hasta el jardín, junto a la pequeña fuente, donde la apechugué nuevamente.--- Hay mi viejita linda!---
          Ella se me quedó mirando y se sonrió después del saludo recibido. Las cocineras, las mucamas y el resto del personal se formaron frente a nosotros para saludarme con una reverencia y una buena tarde en coro, todo es un gran movimiento de la tropa de familia. Corriendo a través del patio, Clementina e Irene, mis queridas hermanas se hicieron presentes y haciéndome una reverencia como todas unas princesas, me dieron la bienvenida.
          En ese instante se dejó escuchar, el toque clásico, ton, toron, ton, ton ton...           Todo el mundo se puso alerta y corrieron desesperadamente, se colocaron en fila a la entrada del patio. Un brilloso corcel penetró por el zaguán, chispeando sus herraduras al golpear el empedrado de la entrada. Era el patrón, mi padre, había hecho su ingreso, los perros que le acompañan se detuvieron a los pies del caballo, mientras el Señor Don Vicente desmonta, todo el mundo le hace el saludo, mientras uno de los mozos le sostiene las riendas.
--- Novedades, en casa…!--- Dice--- las noticias vuelan…, haber donde está ese muchacho, recién llegado.
--- Papá….--- mientras se abre paso en medio del sequito de los empleados.--- Padre, aquí estoy, --- se detiene frente a mi y me saluda poniendo su mano derecha sobre mi espalda, dándome unas palmaditas.---
--- Vaya, vaya, vaya, siempre elegante como un futuro abogado…! Qué te trae por aquí?, cuando el…--- es interrumpido  por las  damiselas cuando se le acercan...
--- Buenas tardes papá. --- le dicen en coro.
          Don Vicente las besa en la frente., momento seguido mi madre, Doña María de pie a mi derecha le hace una pequeña reverencia con el movimiento de su cabeza. Y le saluda.
--- Maruca, te veo contenta, ahora tienes a tu familia completa, una vez mas…--- hace una pausa.--- Que dicha verdad?, pasando a otra cosa haber que tenemos de comida para hoy…!---
          Mi madre palmea y las empleadas se dispersan en carreras para efectuar las labores de servicio, los cinco nos encaminamos por el largo pasadizo frente a la sala mayor. Acompañado de los fieles perros, que moviendo su cola muestran su alegría, mientras en el trayecto aprovecho para acariciar a uno de ellos.
--- Canelo!!--- el perro se para en dos patas y me empuja.
          En una de las callejuelas se desplaza un carruaje con lacayo y cochero, en su interior Don Vicente, siempre elegante, con un bastón con cacha de oro en sus manos.  Doña María, despampanante con un crepe verde pálido, que le hace resaltar su porte y personalidad, sus dos hijas vestidos a la moda de París, de largos vestidos exuberantes, de color rosado vívido uno y color amarillo crema el otro, en diferentes tonos, sombrillas pequeñas que hacen juego, cubiertas con chalinas de seda y bolsas de mano con vuelos interesantes.
          Junto al carromato, cabalgo de compañía, sobre un elegante caballo negro, andaluz, luzco mi traje de frac, pantalón gris y botines de charol, saco de levita negro con solapas de sedalina brillante, la corbata de moño color corinto, sobre mi cabeza un sombrero de Bombin.  En el fresco de la tarde, se escucha a lo lejos las campanadas del reloj de la Gobernación, puntuales como siempre, nos dirigimos en dirección al salón mayor del palacete, casa de la recipiendaria donde se celebra el gran baile de graduación.
          En lo alto de escenario una orquesta de Cámara, traída desde la capital hacía su debut con la música de fiesta, los valses de Strauss,  el auditorio bellamente decorado con altas cortinas bordadas en oro, que se coronan con arreglos florales gigantescos, que le daban un marco esplendoroso a la celebración, una mesa de honor que se coloca a la derecha, donde anfitriones se solazaban de lo ostentoso del recinto. Llegado el momento  se hizo el lugar para permitir a las parejas tomar espacio y participar en el inicio del baile. Con la señal de Don Andrés, la familia y sus allegados, levantan las copas de champaña.
--- Por mi linda Gertrudis, mi hija, graduada con honores.---
          El brindis da el banderazo de salida a la pomposa fiesta, después del sonoro aplauso de los asistentes.
          En una de las esquinas del salón, lejos de la mesa principal, la vi, acompañada de  jóvenes hermosas, allí se encontraba la interesante y  bella, con un traje sencillo, tan simple, que le hacía resaltar su belleza. Su tez blanca, que le daba un matiz que hacía brillar esos ojos verdes, color de mar, que me hacía difícil apartar la mirada en ella por su exquisitez y delicadeza. Las miradas de los jóvenes de la concurrencia se enclavaban de admiración por su belleza.
          Tomé una copa de espumante vino y durante el reposo de la música, me hice el propósito de tomar valor de saludarla y presentarme. Al hacer el intento de acercarme, se me interpuso mi madre, me llevó aparte. Cubriéndose el rostro con el abanico, me susurró al oído.
---Recuerda que tu padre, no va a estar de acuerdo que te acerques a esa joven…--- mientras me jaló la manga del saco--- ella no está a la altura de tu posición, además, como la invitación fue en directo para ti de parte de Gertrudis, no sería de buen gusto que prefirieras entrar en amistad con alguien mas e incluso no sería conveniente si es el caso que bailaras con ella.
--- Me agrada la chica y si como dicen no está a ala altura de mi posición, de cuna pobre, la verdad, poco a nada me importa lo que las gentes piensen,  Madre…tengo en verdad un pensamiento muy liberal…. En cuanto a Gertrudis. Yo no le he prometido nada…!---
          Con toda delicadeza me separé de ella, la miré seriamente haciéndole un guiño y sin decirle palabra alguna, me encaminé con toda determinación abriéndome paso entre la concurrencia, hacia el lugar donde se encontraba la hermosa joven, después de presentarme, extendí mi mano y le invité a bailar…
--- Señorita Isabel… me haría usted el honor de acompañarme para el siguiente baile?
          Las amigas de Gertrudis se encontraban atónitas y  en una expresión de sorpresa, el público no dejó de alterarse por la situación. Mientras tanto su compañera le incitó a acepta mi invitación, ella con todo el candor que una chica le puede  caracterizar, humilde pero determinada aceptó, extendiéndome su mano. La tomé del brazo, la llevé al centro de la pista y con toda la elegancia del caso, le coloqué mi mano en la cintura, tras los primeros acordes de la música, poniendo su mano derecha sobre mi hombro, iniciamos el movimiento circular recorriendo por todo el salón, junto a otras parejas que le hacían de comparsas.
          Los comentarios no hicieron esperar  dejando escuchar la desaprobación, las viejas emperifolladas, cuchicheando los chismes, se ponían de espalda, para hacer agrios comentarios sobre el suceso. Lanzando las miradas sobre mí y mi pareja con quien departía alegremente.
          Bien lo pensé pero a mi no me importaba, pero a mi pobre madre le iba afectar sobremanera, pues sería la comidilla de las señoras. En fin a paso dado, no había quite.
          Gertrudis, la graduanda, a quien lo único que le había ofrecido, era tan solo un baile, dio rasgos de inconformidad, armando una escena, abandonó el salón ocultando su rostro de cólera con el abanico de su atuendo. Tres jóvenes de sus compañeras, le siguieron hacia el pasillo frente al jardín interior del palacio, donde recostada en uno de los ventanales hizo una rabieta, mientras las amigas le consolaban impulsándola a guardar la compostura del caso, entonces salió a relucir de manos de un caballero un pañuelo blanco para disimular las lágrimas circulantes en su rostro.
          La tensión circulaba en el ambiente, haciéndose discordante con el paso de la música y el desasosiego provocado por las damas de la familia produjeron el estallido del padre. Aunque me dí cuenta y percibí la circunstancia, no me importó, inmutable continué en el centro del salón, hasta el momento que los acordes de la orquesta terminaron con la canción, las mujeres se retiraron a empolvarse la nariz  a hacer descanso en los sillones, luego de deleitarse con una tasa de ponche.
          Mi padre se me acercó:
--- Juan…!--- en tono serio y somatando el bastón.---acompáñame, necesito tener unas palabras contigo.
--- Ahhh!... Papá --- respondí con una sonrisa en el rostro.--- a propósito te presento a la Señorita Isabel…---
--- ¡Señorita…! --- le saludó cortésmente,  seguido del sonar el choque de los tacones, luego indicó  --- con permiso…---
          Luego me tomó del brazo, y me condujo aparte.
          Isabel, cambió de color rosa en las mejillas a una palidez de asombro, temblaba mientras las miradas le hacía mella en su rostro esto la obligó muy a su pesar a retirarse a un salón contiguo, junto a su amiga y compañera.
          Caminó sin bajar el rostro mostrando sus rasgos de orgullo.
--- Te lo dije…! no debimos de venir, Qué bochorno…!, nunca termino de entender no pertenezco a este círculo de sociedad, aunque mi prima sea la anfitriona, debí de ser conciente y pensar en mis limitaciones, esto en un teatro de ricos, acompáñame, he tomado la decisión de retirarme, me siento agraviada, antes que se torne un conflicto mayor, me voy.---.
          Recogió sus enaguas y se encaminó a paso ligero hasta la entrada de la villa, justo en la boca calle, la intercepta un elegante carruaje,  el de la familia de Don Vicente, alguien de los lacayos baja de él, invitándola con su compañera, a subir la escalinata, la portezuela se abre y en su interior Doña María le hace la petición de sentarse.
---Jovencita--- le indica.--- me permites que te lleve a tu casa?. --- luego de iniciar el traslado y  de un corto período de mutismo.
--- Sabes quien soy?.---
La joven asiente con la cabeza. Y dice:
--- Ya se, no quiero que me diga nada,  soy una muchacha de cuna pobre y por lo tanto no debo relacionarme con su hijo. Mis padres dentro de muchas limitaciones han hecho grandes esfuerzos con el fin de darme una educación adecuada…
--Lo entiendo...
--- Su hijo a sido muy cortés y amable conmigo, es tan solo mi amigo, un caballero, quien me invitó a un baile.---
          El viaje continuó sobre las empedradas calles, con una parca y silenciosa charla hasta llegar a la casa de huéspedes del Instituto, en una de las callecitas del Barrio El Molino, donde las alumnas becadas y de escasos recursos venidas de lugares lejanos al departamento, vivían internas durante el periodo de estudios. Ella bajó e hizo sonar la campanita del portón, una monja abrió la puerta y les franqueo el paso.
          La señora se asomó en la ventana del carruaje y le indica:
--- Sor, ellas vinieron conmigo déjelas pasar, se sentían algo mal y por eso las encaminé….--- luego se dirigió a la joven.--- Que sigas mejor… hija,  que Dios te bendiga. Gracias mil por entenderme, sabes soy una madre y espero verte en otra oportunidad.---
          Mientras tanto en el ágape y por consejo de mi padre, me hice presente donde estaba el grupo que acompañaba a Gertrudis, quien se encontraba sentada en un sofá y un joven le soplaba el rostro con un pañuelo. El primer intento fue de no dejarme que me acercara al grupo, pero de todos modos me acerqué. El llanto en la recipiendaria había hecho su aparición, era mas de cólera que de pena. Todo una representación, un clásico berrinche.
          Haciendo un desplante y mostrándome la espalda, gritó.
--- Vete…! Desventurado, me prometiste estar conmigo y luego te vas a arrejuntar con esa tal por cual…!--- solloza --- jamás debí traerla a mi fiesta…
--- Aunque entiendo que ella no es competencia para mi, hice caso omiso de los consejos de mi familia,  creyendo que tu eras de clase…!---
--- Sabes, yo nunca te prometí nada, soy un caballero y jamás hubiera deshonrado mi nombre haciendo promesas que no podía cumplir, además no se porque tratas tan mal a esa chica si es tu familia…---
--- Pariente pobre de mi padre, pero pronto se va arrepentir de serlo, no sabe de lo que soy capaz.---enjugó sus lágrimas con el pañuelo.
--- Y tú…! Te vas a lamentar por el desaire que me has provocado…---   

          Pasados los días la Canche, volvió al estudio, se acercaban los exámenes finales para el grado de magisterio. Permaneciendo muy ensimismada y con algún grado de tristeza por lo sucedido, asumiendo que esto había dado por finalizada su relación de amistad con Juan. Esto le había afectado, pero tenía que seguir adelante, muy en el fondo de su corazón había una espinita que le revoloteaba y no le permitía abandonar la idea de volver a verlo.
          Por el otro lado, me encontré buscando por todos los medio la manera de verla y tratar de restablecer esta comunicación.  Intenté buscarla en la salida del Instituto, pero  no había sido posible, recorrí los lugares que frecuentaba pero era en vano, luego en el internado que le servía de vivienda, pero siempre fui recibido con negativas de parte de las monjas.
          Ya con tintes de desesperación, opté por tratar de dejar pasar y olvidar este capítulo, dedicándome a laborar a la derecha de mi padre, en la finca de ganado. Inicié mis labores, levantándome muy de mañana, cabalgaba solitario hacia los establos, haciendo el oficio de ordeñó y luego retornaba a la casona por las calles céntricas.     Acertaba a pasar por las cercanías del mercado donde  el olor de la yuca recién cocida y los canastos de chicharrón caliente, me estimulaban el olfato. Efectuaba algunas compras y con bolso de pita amarrado a la manzana de la silla, picaba dentro de la hoja de plátano, untando de una porción de la Yuca, como una manera de despabilar mis ideas, ingería unos cuantos trozos de carnitas de cerdo que eran el manjar de las delicias de la comida de oriente, antes de llegar a reposar en mi casa.
          Llegaba a la casa, después de tomar un sorbo de café, me entretenía colaborando con las empleadas en la venta de la leche, los consuetudinarios beneficiarios, siempre hacían cola porque de los excedentes del alimento la santa de mi madre usualmente les regalaba a las personas de escasos recursos.
          La fabricación del queso, era la tarea principal de mamá,  amasaba y luego formateaba los trozos de a libra, en fresco. Luego  realizaba el proceso de orearlos, hasta convertirlos en los quesos de calidad mas famosos de la comarca. Esto de mantenerme ocupado, me servía sobretodo para sacarme de la mente el recuerdo, equivocado o no, me había enamorado. En ocasiones  mientras salía a caminar, en el parque frente a mi casa, perdía la noción del tiempo y luego me encontraba sentado en las bancas, o en el atrio de antañón frontispicio del Calvario, imaginándome que habría sido de mi enamorada.
          En la última semana de Noviembre, cuando las estudiantes finalizan su recorrido por los cursos, los estudios y prácticas del magisterio. Coincidiendo con las despedidas e inicio de las vacaciones de fin de año. Salí un día temprano del establo y pasé, como de costumbre, justo en la estación del ferrocarril, donde escuché algarabía, se hacía presente un grupo de muchachas, que dispuestas a abordar el tren rumbo al oriente. La máquina se encontraba bajo el depósito de agua, surtiéndose del preciado líquido. La alegría hizo que me detuviera para observar, lo que es ser curioso, por lo que me detuve para observar desde lo alto de la montura de mi caballo.
          El tren, no iniciaba sus movimientos, lo que me permitió acercarme al tumulto de los viajeros, quienes con grandes baúles, maletas y cajas, subían alborotados al interior de los vagones. Vi a las jóvenes ataviadas con vestidos floreados y sombreros de paja amarrados en su cabeza, que alcanzaban a asomarse por las ventanas para despedirse de sus amistades. Si allí estaba, la había visto después de tanto tiempo, era Isabel. Su bello rostro me hizo recordar la ilusión que había tejido en mi mente durante tanto tiempo.
          El silbato se hizo fuerte y los jalones hicieron efectivos en la salida. Dejé mi montura, corrí hasta uno de los andenes, de un salto abordé con algo de dificultad, atravesé el primer vagón, saltando sobre los bultos, del pasadizo, hasta llegar al tercer compartimento donde la encontré, la vi de espaldas. Su cabello como pelo de maíz, dorado por el sol, que lucía un hermoso sombrero tejido de paja, con un listón celeste, me aposté y me hice para adelante colocándome frente a ella. Menuda sorpresa, se quedó en silencio, me vio e instintivamente volteó el rostro hacia la ventana y me tiró el hombro en señal despectiva. Acto seguido y cargada de valor o quizás de curiosidad se dirigió hacia mí.
---Y Usted…!, que haces aquí?, acaso  no tiene  nada que hacer, para andar curioseando y molestando.---
--- Yo…? mirándote, ja,ja,ja, que voy de viaje…la verdad es que si tengo mucho que hacer.---
---Y se puede saber a donde SE dirige?---
--- A Ipala, creo, al mismo lugar a donde tú te diriges, no quieres que nos hagamos compañía?.---
--- ¡Un rotundo NO!---
          Ella sorprendida, levantó sus brazos y se puso de pie, para impedirme que me le acercara, colocándose detrás de uno de los baúles. Las otras muchachas sus compañeras se sonrojaron y la alertaron, gritando...
--- Vamos chica, déjalo hablar….
--- Isabel, te he buscado hasta debajo de las piedras y no he podido saber de ti, he pasado noches en vela por tu culpa…!---
--- Ya ni que fuera rana para estar debajo de las piedras…! además culpable YO?, jamás, en todo caso el culpable es usted!. Váyase, no quiero saber nada, menudo problema, al carajo, no me trago ese cuento y por favor  o se bajas del tren oh!.---
--- antes que sea tarde.---
--- Tu te negaste a recibirme tanto en el instituto  como en la casa de huéspedes, donde vivías, hasta llegué a pensar que yo no te interesaba…!---
--- La verdad que si,  no me interesas, ni soy acomodada, no soy de su clase, deberías de buscarse una chica de caché, como Gertrudis, que se derrite por usted….---
--- Vamos, córrete, me quiero sentar a la par tuya.---
--- No, nunca jamás y váyase de aquí, antes de que lo lance por la ventana, no estoy interesada en nada de lo que dices, ni le creo toda la ensarta de mentiras que me hiciste saber el día del baile.---
--- Eso no fue lo que me respondiste en esa oportunidad.---
---Esta vida no es de mentiritas, además del desaire que me hizo pasar frente a su padre, eso dio mucho que pensar y al traste de cualquiera de las cosas mencionadas ese día.---
--- Mi padre, se portó muy sereno, al contario de lo que puedas pensar, me dijo que ya era un hombre, casi un profesional, yo era el único artífice de mi vida, era libre de buscar lo que me corazón me dictara.---
--- Y tu madre, que?.---
--- Ella me estimuló, diciendo le parecías una chica especial, muy centrada. Que si yo estaba enamorado de ti, que te lo dijera, que Dios sería nuestro consejo y el destino sería nuestro.---
--- Enamorado usted..?--- hizo en intento de sentarse. Isabel con la mano agitada al aire le hizo señales de negación.--- Tu madre porque es una dama hecha y derecha, mis respetos para ella.---
--- Que no se diga mas… --- extendiéndole la mano le dice:
--- Isabel… te amo. ¿Quieres ser mi novia?
          La porra de las muchachas se dejó escuchar con un 
--- OHHHHH!!!, que lindo, que romántico ---
          La chica se hizo la desmayada en la butaca, mientras di un salto, sorteando el bulto, me acerque a su lado, la tomé entre mis brazos y la besé, el brazo de ella se enrolló en mi cuello y la petición se selló tiernamente. Acto seguido, corrí hasta la portezuela, bajé las gradas del vagón y me lance del ferrocarril en marcha. Fue una caída espectacular, pero ni el golpe, ni el revolcón me importaron, tanto como ese si disimulado.
Llegué, lleno de júbilo a casa, tanto que mi madre se extrañó.
--- Y a ti que es lo que te pasa???---

          Un año transcurrió desde el encuentro, de aquellas cortas relaciones de lejos sin mayor comunicación, quizás por lo lento del correo. Después de la final de los estudios de la Canche, que la hizo regresar a su casa a retomar sus labores domésticas, junto a su familia. Los viajes para mi, fueron no tan frecuentes, la verdad del poco tiempo que me lo permitían mis estudios. Verla, imposible, no coincidíamos, tan solo en una ocasión en el parque central, frente al instituto, acompañada de sus hermanas aproveche escasos 10 minutos, cuando salían de la iglesia, para intercambiar una pequeña charla, alguna promesa de vernos pronto, para formalizar un compromiso, que no se veía claro hasta el momento. Las campanas anunciaban la terminación de la hora santa, ya los grupos de rezadoras cachurecas abandonaban y se distribuían por las avenidas cercanas. Ni tan siquiera un beso, fue una despedida seca.
          Yo sabía de la reacción hacia mi persona, de parte de la familia y sobretodo de la influencia de Gertrudis podría ejercer, si se enteraba que me reunido con la Canche. Ese altercado de la fiesta, me había marcado por las habladurías en el pueblo y la había hecho quedar resentida, además con las amenazas proferidas en mi contra y la  antipatía que me arrastraba, se aprovechaba de todas estas chirmoleras negativas en búsqueda de destruir mi vida y cortar mi relación con su prima.
          A pesar de todo, me había propuesto y estaba dispuesto a visitarla con toda formalidad y superar todas estas circunstancias, que me tenían fuera de onda y que embargaban. Lo primero era viajar a solicitar permiso para poder visitarla, luego Dios diría si con la bendición de los padres para un futuro matrimonio.
          Para eso tenía que superar los últimos años de mi carrera y  graduarme en un tiempo corto. Ya había dado el primer paso poner a consideración de mis maestros, la tesis de Abogado en la Decanatura de Derecho, lo que representaba un trabajo arduo tanto en las aulas, como en las prácticas en los juzgados. Me había puesto la meta y era importante mi dedicación cuando faltaba poco para culminar mi carrera. Mientras tanto mi papá me había sentenciado de que lo mas importante de mi vida, era la profesión, así lo entendía.
          Transcurrían las primeras dos décadas del siglo XX, los sucesos, mundiales y nacionales, la aparición de los grandes inventos y el desarrollo, se incluían en este tiempo, entre ellos, los automóviles y el transporte terrestre de pasajeros se había puesto en boga, incrementando la posibilidades, de viajar al interior como uno de los beneficios. Así como las tendencias políticas que mantenían en convulsión al gobierno de turno
          Sin embargo el mejor medio para visitar el Oriente seguía siendo el ferrocarril, que con su acostumbrado horario matinal, surgía ágil para impulsar el turismo y gran parte de las romerías en visita al Cristo Negro en Esquipulas, aunque ya existen los caminos vecinales, carreteras de tercería, lo tradicional para las gentes era el antiguo transporte ferroviario, que le daba un sabor especial a las excursiones.
          Mis aventuras, siempre se  iniciaban con el tren hacía Zacapa, con todo y su folklórico viaje, este poco había cambiado, la diferencia era que ahora yo viajaba en primera clase, con asientos individuales de mimbre, vagones cerrados y con asistentes que proveían alimentos, sin el contacto con las canasteras de comida del fiscal y mas allá.
          El mismo tiempo y el acostumbrado vaivén, en todo el trayecto del convoy, sobre los mismos rieles y las mismas plazas, estaciones y puentes, acompañando las márgenes del Río Motagua, que se movía con su cause apuntando hacía su propio destino en el Lago de Izabal. Tunas y arbustos de subín completaban el árido paisaje, junto al sofocante calor.
--- Zacapa…!. Estación de Zacapa, próxima parada  Zacapa…! --- alardeaba gritando el Guachimán, mientras se movilizaba procedente del cabuz, entre los asientos de los vagones, anunciando el próximo destino.
--- Su equipaje, Señor.--- me indica el asistente.
--- Lo bajan en el patio exterior, seguramente allí se encontrarán los empleados de mi padre, quienes lo recogerán.---
--- Muy bien Señor… espero haya tenido un viaje placentero, fue un placer servirle.---
--- Gracias buen hombre.--- le saluda tomando la punta del ala del sombrero y abandona saltando del anden.
          Un hombre con camisa de manta, pañuelo rojo en el pescuezo levanta la mano al costado una carreta cerrada se encuentra en el patio, me hace señales para donde encontrarnos, es el enviado de papá, la persona que me espera, se adelanta, luego de quitarse el sombrero de paja.
--- Buena Tarde, Don Juan…!---
--- Buena Tarde Casimiro, pronto, ve por el equipaje, estoy ansioso de llegar a casa.---
          Las polvaredas se convierten en nubes que se levantaban en el trayecto del angosto camino de tierra colorada, que serpenteaba en las empedradas montañas, en búsqueda de la cumbre, sobre angustiosos pasos que se rodean de desfiladeros en ambos lados, hasta llegar a la cumbre entre los dos departamentos y luego completar el ascenso. Al paso lento de una joya desértica, la carreta se detiene, Casimiro desciende, algo pasa con uno de los caballos, revisa cada uno de los cascos de las bestias y después de tomar un sorbo de agua de un tecomate.
---Que pasó Casimiro.---
--- Nada Don Juan, un cacho cansados los caballos, por el esfuerzo y el calor.---
La diligencia hace una parada, mientras los animales reposan, colocados debajo de frondoso árboles.
          Ya en franco descenso sin apretarles el paso, la carreta se conduce a mediana velocidad sobre el resto del camino, donde los escenarios empiezan a cambiar, desde una quebrada seca, que muestra calcinantes piedras y los restos de una calavera de res, enseñando sus cuernos hasta donde aparecen algunos árboles de mango y espectrales cactus, ya se observan algunos colonos, vestigios de vida, a la izquierda un rancho, unos niños que arrimados a las perchas de leña, se muestran desnudos, en las afueras de la casucha, una gallina con montón de pollitos que corren despavoridas al ruido del transporte, mas adelante, un chucho que se atraviesa temerariamente el camino tratando de perseguir el vehiculo, como que fuera un conejo en cacería, o a lo mejor buscando la novedad del momento.
          El templo de Minerva indica que estamos en la entrada del pueblo, donde desaparece un tanto la polvareda, al encontrar las empedradas calles. El trayecto es corto, atravesamos de poniente a oriente, por el campo de la feria, por el bullicio que se entiende por ser día de mercado, lo que obstruye el paso en directo hacia la ciudad.
          La venta de animales siempre era muy colorida y el comercio de las hamacas que se exhiben en todo el trayecto, así como las piedras de moler y los filtros de pómez, adornan el camino. Utilizando las calles alternativas en un santiamén estaremos arribando a nuestro destino, en el costado del parque Gómez Carrillo, donde un árbol de tamarindo da sombra en la entrada de la casona.
          Parado frente a la casa, me doy cuenta que estoy cargado de polvo, cubierto con una sábana de tierra, intento sacudirme antes de somatar la manita de metal que sirve para anunciar mi llegada, tras un segundo toquido, se abre el portón, donde el séquito de servidumbre nos hace la gala para entrar, mientras los ágiles mozos se encargan de los baúles de equipaje.
          La bienvenida familiar como de costumbre es de gran alegría. Clementina pasea su belleza en el corredor de la casa y sale a mi encuentro.
--- Hola Juanito, como te va, estás……hummm...!,  hay que sucio, completamente empolvado, hermano, te convendría tomar un baño, antes que te de un abrazo.---
---Hola hermanita, me agrada verte, estas verdaderamente linda, ya toda una señorita, hermosa…---
---Gracias…--- Y da media vuelta, con sus manos entrelazadas se contornea mostrando su coquetería.
--- Haber cuéntame--- le dice, silenciosamente al oído.--- acaso ya tienes novio?---
--- No…! como vas a creer.--- tras una sonrisa especial que la hace ponerse rubicunda.
--- Que se me hace…! y que pasó con el muchacho aquel, el hijo de Doña Marta?---
---Shhhhhh…! --- Me tapa la boca con su mano.--- cuidado no vaya ser que papá te escuche---
          De pronto en el umbral de una puerta Don Vicente aparece acariciándose el bigote, la chica da un sobresalto  cambia de colores, corre a su lado para disimular su estupor.
--- Hola, Papá --- le dije  --- como está el viejo?
--- Hummm...…! Viejo el mar y aún da pescado fresco, ja, ja, ja. Verdad mi Licenciado--- dándole un abrazo de bienvenida, que le sacude parte del polvo del saco.
 --- Si, que bueno es que estés aquí, --- indica Clementina, de cerca y quedito me dice:
 --- De pronto te comento, en otra ocasión.---
          El viejo se da cuenta pero se hace el desentendido, mientras me acarrea tomándome de los hombros.  

II. EL CHAGÜITE

          En las cercanías montañosas y el imponente Volcán Ipala, en cuyo cráter se inserta una bella laguna circundada de frondosos árboles, en bello paisaje, de azul cielo. Paradisíaco rincón único, que se esconde dentro del marco del singular escenario.  Donde en el punto mas alto del cráter, muestra como mirador de los campos a su alrededor, hasta los límites de la frontera con la república de El Salvador. Desde sus escuálidas faldas, se divisan los fértiles campos de verde vegetación, los espectaculares rosados campos donde se adormecen las plantaciones que muestran la flor de la caña, que se extienden a lo largo de extensiones y potreros, bosques frondosos cuyas veredas dibujan los bellos parajes de la Sierra del Merendón. Oculto en una  bella hondonada se encuentra la enorme hacienda,  El Chagüite, parte del emporio de las familias acaudaladas de la región, cuyas extensiones sobrepasan los linderos municipales.
          En el entronque de varios caminos de terracería, existe una larga calle de engramillado verde, remarcado por las ruedas de las carretas haladas por las yuntas de bueyes cuando pasmadamente conducen los cortes de la caña hasta los lugares de la molienda. Franqueada por varias talanqueras de madera, vastos terrenos circulados con piedras de origen volcánico,  que conducen hasta una explanada cuyo destino es donde se muestra el casco de la finca, un grupo de viviendas de origen colonial de rústica construcción, compuesta de la casa principal de familia de adobe pintado con cal, amplios corredores, de piso de barro y un complejo de varias habitaciones que se apostan frente a un hermoso jardín de flores, en su mayoría rosas cultivadas en arriates bellamente decorados, en el centro del espacio se yergue una magnífica fuente de piedra tallada, con cabezas de caballos que sueltan de su boca, los chorritos de agua límpida, que rebalsan hasta una pileta donde los clarineros hacen su baño durante su tranquilo paso de las mañanas.
          A uno de sus costados se erige un pozo, con brocal de ladrillo colorado de figuras multiformes, elaborado de barro cocido, que permanece inmutable, con una cubeta guindada en la garrocha, que se bambolea al ritmo del viento que le hace sonar como una campana.
          Paraíso de aves que aprovechan los arbustos y árboles para colgar sus nidos, un concierto donde otras aves vuelan mediante piruetas se lanzan para obtener algunos granos que se despenican en los pasillos donde se reposan el secado de los granos de maíz y del frijol, al cuidado de los rayos del sol.
          Gallinas cluecas que deambulan con sus pollos a la caería de lombrices, patos que se pasean entre los arbustos, marchando como soldados con su tropa de crías, mientras cantan su Cuá, Cuá. Allí corretean haciendo su espaviento y las delicias de la fiesta del campo junto a los chompipes que se esponjan jubilosos en el cortejo de sus hembras..
          La casa principal es la vivienda de la familia, trabajadores, gente de campo, Bernardo Calderón y su esposa Anselma, padres de Teresa, Trinidad e Isabel, como administradores de la finca. Familia de buenos trabajadores quienes han forjado con el sudor de su frente, su hogar. La casa de campo, con sus masetas de cola de quetzal, adornando los amplios corredores.
           En el portal de la habitación principal, donde el bullicio de un día de campo, se acomodan los movimientos de los empleados que se dedican a elaboración de la comida. Cocineras que elaboran cientos de tortillas y adornan los comedores comunales. En las escalinatas frente al amplio corredor reposando en las vigas cubiertas de tejas, muestra colgada una hamaca de pita, lugar de reposo de Bernardo, una pequeña sala de muebles de madera donde se sienta a charlar con sus empleados.
          La impecable y bien ventilada sala de espera, que contiene un set de muebles de madera elaborados a mano, en las paredes guindados las pinturas de los ancestros y un cofre que se utiliza de adorno. En el resto del pasillo se enseña su entrada que los lleva hasta el interior que Anselma utiliza como sala de costura, una pequeña capilla y salón de lectura, por allí se conduce al interior donde se encuentran las habitaciones de sus tres hermosas hijas.
          El resto de la casa se complementa con varias  habitaciones, una de huéspedes, que se usa, únicamente cuando hay visitas importantes provenientes de la capital. Junto al amplio comedor, donde en la larga mesa reposan dos candeleros plateados, sobre un mantel bordado a mano por las damas de la casa.
          Mas allá frente a la entrada de la cocina se encuentra un artefacto, mueble cuadrado de madera, con puerta de cedazo y en forma de cono, donde se resguarda el filtro de piedra pómez, donde los cántaros recuperan el agua goteada para beber, infaltable adorno de gran utilidad. En su interior, la estufa de leña, que permanece siempre encendida, con su jarra de café, tiznada por fuera. El redondo horno para la fabricación del pan, con sus paletas largas, sus cazuelas y recargas de leña.
          La pilona de varios lavaderos, donde el agua de pozo se rebalsa,  se encuentra en la parte posterior, justo a la par de los cubículos de las bañeras, donde  a puro palanganazo se disfruta un vivificante ducha, el patio de los tendederos, en donde las varas de bambú encaraman los lazos de maguey, con el fin de que las prendas se expongan mas fácilmente para su secado.
          En los patios traseros se encuentran los corrales, donde pastan los caballos y se guardan las carretas de servicio. Las cochiqueras donde se mantienen los marranos y el patio donde se aporrea el maíz y se seca el frijol en vaina para limpiarlo. Los volcanes de mazorcas que se acumulan alrededor de las bateas donde los mozos y las mucamas proceden a desgranar para obtener el preciado grano.
          La jaula de las palomas adorna uno de los patios y Justo en la entrada se aposta una estaca de madera, carcomida de la punta donde se mantiene un loro cabeza amarilla, que parlotea constantemente, silva y llama a la muchedumbre a la hora de la comida, es la consentida de la ama la casa, Anselma.
          La señora acostumbra a permanecer por las tardes a cargo del cuaje de la leche utilizada para la fabricación del queso, se acompaña de Teresita, quien le ayuda a moler las natas y moldear los recipientes de hojalata para formatear los productos lácteos. Delicadamente extrae con panas de cáscara de morro, grasa sobrenadante de la leche reposada del día anterior y preparar las cazuelas con la crema, para luego ser filtrada a través de los costales de manta y obtener así la exquisita mantequilla. Anselma amasa el queso, en piedra de moler, para darle la consistencia precisa, colocándolo en los moldes previamente preparados. Parte del proceso, el líquido sobrante de la obtención del cuajo, es puesto a hervir en sendas ollas de barro y así obtener así el requesón, producto final de la fabricación.
          Trinidad, su otra hija, de carácter callado, quizás es la menos activa, se dedica a la costura, su habilidad en las manos le sirve para fabricar de retazos de tela, edredones, almohadas que llena con plumas de ganso. Usando lustrinas de colores, decora las sobre fundas con flores, con mensajes de palomas o simplemente corazones con palabras de amor.
          A Isabel le gusta mantenerse junto a su padre, en las labores de cuidado y alimentación de los animales, el ordeño de las vacas. Ella se le encarga de los cobertizos usados de granero, recogiendo huevos o en fin en labores con las crías de las yeguas.        Con sus pantalones guangos de tirantes, camisa a cuadros remangada, sombrero  y botas vaqueras, siempre ocupada, cargando una cubeta o simplemente algunos leños secos para el fuego de la cocina.
 --- Teresa llamá a tus hermanas que ya va a estar lista la cena, hay que encender los quinqués y las lámparas de gas del comedor, vamos de prisa que tu padre ya debe de tener hambre.---
--- La comida esta lista…! Prrr!---Las órdenes son retransmitidas, por la lorita, que se mantiene al tanto.
          La primera en presentarse es la mas pequeña, Isabel, quien se sacude las manos en el sucio pantalón, arrimada a la pila cercana a la puerta de la cocina, para lavarse las manos...
--- Chabelita…! --- le dice su madre.--- sería bueno que mejor te dieras un baño, nada mas por respeto, te vistís decente,  con vestido!, no quiero que Bernardo te llame la atención por andar en semejantes fachas.---
--- A bañarse… a bañarse, prrr!--- repite la lora
--- Voy mamá.--- voltea a ver  al pájaro y le hace señas con el dedo índice…
          En la reunión de la cena, desde la cabecera de la mesa el padre, después de colocarse una servilleta de babero, habla:
---Alguien que haga la oración…---
El grupo familiar junta sus manos sobre la mesa y repite la oración de guía que hace Anselma.
--- Amén…
 ---He recibido un recado de parte de mis familiares, específicamente de Andrés, no en su calidad de Jefe político, sino como pariente, que alguien a estado preguntado muy interesadamente por una de mis hijas. No se de donde venga tan denodado interés. Pero en fin la advertencia y recomendación de que este es un joven no es muy bien visto por su familia y por ende por la sociedad, por tener fama de muchas cosas, entre ellas de mujeriego. Durante un acto público frente a las mejores familias y autoridades, le hizo un desaire a su hija, Gertrudis, que dicho sea de paso mi sobrina política lejana, pero al fin mi sobrina. Quisiera  preguntar  que es lo que ustedes saben de esta situación?.---
          Las chicas se miran entre si y no emiten opinión, continúan sin inmutarse en el consumo de los alimentos, por lo que el padre, insiste.
--- No escuché, ningún comentario, tu que opinas Anselma?---
--- Yo que nunca salgo, apenas me entero de las cosas… haber chicas que me pueden decir.---
--- Deben de ser chismes…! nada mas que chismes…! --- respondió Isabel, levantando la vista.
--- Isabel, cuenta haber como está la cosa.---
---debe de ser uno de esos berrinchitos que acostumbra la Gertrudis,--- Todo viene al caso del incidente que se dio en el baile de su graduación.---
---Haber como está eso, Como es que yo no estoy enterado? Y tu Anselma ¿---
--- No… haber como estuvo eso Isabel…---
---Mamá, me hizo participe de la invitación de la graduación de esta niña. Con su autorización asistí a la fiesta como una cortesía. Resulta que ella, en medio de su coquetería invitó a un muchacho de quien está interesada, un tal Juan, hijo de Don Vicente Villareal, recién venido de la capital, Se comentó que en la primera oportunidad, que ella tuvo,  lo reto a ser su pareja en la fiesta.---
--- Como así, lo reto, de pronto lo invitó o algo así.---
--- Bueno como les decía, como este muchacho no le hizo caso y la dejó plantada, en plena fiesta, donde se me acercó y me invitó a bailar con el, esto se volvió un gran clavo, el gran motivo de chismería de la velada, con lo que se creó este gran conflicto, con el apoyo de la familia y especialmente de su padre, se plantó para increpar al muchacho y le creó una aureola alrededor, a manera de desacreditarlo, Hubo insultos y amenazas, los compinches del señor de la casa intentaron agredirlo, gracias a la intervención del papá y algunos amigos, se logró evitar una batalla campal .---
--- Se puede ver que tu, estas muy bien enterada, así que tu estabas presente, ah…! Y que además, bailó contigo, hummm.....…!
 ---Fuiste a la celebración de la graduación, con el permiso de quien…?
          La chica se quedo muda  por un momento, hasta que su madre tomó la palabra:
--- Con mi autorización.---Indico --- recibí la invitación que vino para toda la familia, la señorita Gertrudis es tu sobrina y yo le insistí a Isabel para que asistiera, por motivo del parentesco, únicamente.---
---Entonces, Tú conoces al muchacho…, le conociste, donde?
--- Solamente conocido,  fue un corto tiempo y durante la fiesta, fuera de allí no he cruzado palabras con él. Antes de finalizar el año de mis estudios en el instituto, supe que había preguntaba por mí, pero después no volví a tener relación con él, sobretodo a raíz de la escaramuza con la señorita esta, preferí nunca mas darle la oportunidad de hablarme---
---. Pero como se presenta el caso, me gustaría preguntarle a este sujeto, de que se trata ese asunto, no me gusta andar en boca de nadie y además debe de comportarse como un caballero, no le permito se agarre de mi nombre a menos que tenga algún interés mas por mi. Para lo cual, como ustedes han enseñado, hacer las cosas correctamente. ---
--- De allí deben de venir todos estos chirmoles, por no hacer las cosas como Dios manda. Si verdaderamente le intereso, solicitar  ante ustedes  la autorización de hablarme, y si es que a mi me conviene.--- voltea ver a Teresita y le guiña el ojo.--- verdad Teresa?
--- Si…! claro --- responde llena de sorpresa y abriendo los ojos a mas no poder, mientras con la rodilla le da un golpe a la silla de su hermana.
          La madre se entera de la maniobra y disimuladamente sonríe, ocultándose detrás de la mano que sostiene una servilleta que usa para limpiar sus labios.
--- Y a ti, a lo mejor te interesa?--- dice en voz baja.
--- Bueno no se hable más del asunto---insistió Bernardo--- A Dios gracias estamos en paz y tenemos sustento… Provecho!---
--- Bien esto no se va a quedar allí, muchachas, tendremos que tener una plática muy seria y a profundidad, de pronto en el transcurso de esta noche, quizás después de asistir a la capilla, a cumplir con el rezo de la novena del niño.---
--- Conmigo…?--- Isabel
--- Con las tres, eso les atañe a todas…!---

          En la caballeriza de la casona del Calvario, donde reciben el cuidado y se guardan los semovientes, los empleados han ensillado las mejores bestias, prestos a dar servicio, allí me encuentro junto a dos de mis amigos y nos preparamos para iniciar un viaje a caballo. Iniciativa de una aventura por los caminos y veredas hacia las montañas, al clima húmedo y frío, travesía de caballerangos en búsqueda de alcanzar la Villa de Ipala, con la mente puesta en ilusiones y de curiosidad en búsqueda de la mujer que hace tiempo no veo y que aún me hacía suspirar.
          El escenario un trayecto de un paisaje esplendoroso, caminos sembrados de mutas, donde los garrobos se escurrían entre las rocas, en busca de las cuevas que les brindaban protección de los extraños. Se dice que es un camino plagado de peligros, donde bandas de forajidos se movilizan por los cantones, cuatreros que secuestran y matan  a aquellos vaqueros que acarrean sus reses, al rastro de la cabecera para el suministro diario de carne. Estos malhechores actuando con total impunidad al amparo de gentes poderosas que les utilizan para mantener en zozobra en las comunidades.
          Los tres nos desplazábamos alegremente en compañía de una guitarra, con la que se amenizan los empolvados pasos. En los vados de los ríos y en los campos cultivados de sandía, nos acurrucábamos a reposar, mientras contábamos historias fantásticas de damas confinadas en torres de castillos encantados y asediadas por dragones. O de brillantes caballeros que mataban gigantes y asaltaban palacios con odaliscas en peligro.
          La guitarra se convirtió en el fondo musical de las tantas historias que se escuchaban en el ambiente, para hacer lo mas placentero posible el viaje. Transcurridos unos tres días nos encontramos en las cercanías de la hacienda, “El Chagüite, emporium de la caña de azúcar. Nos acercamos a paso lento, tras un compás de espera, esperamos prudentemente a que cayera la tarde noche y con todo sigilo nos fuimos acercando hasta uno de los potreros que colindaba con la casa del casco de la finca. Los animales no habían dejado de mostrarse inquietos, resoplaban en todas direcciones y las gallinas que pernoctaban en los árboles manifestaban su temor aleteando sencillamente de miedo. Los chivos balaban en busca de sus madres y las aves nocturnas se aleteaban en el contra luz de la luna.
          Con el concurso de los grillos y el escándalo producido por los perros,  iniciamos el concierto, la mandolina hacía su melodía, mientras la guitarra y las voces del trío se dejaban escuchar junto a las ventanas. Con la pálida luna en cuarto creciente, muda testigo en el escenario en medio de la oscuridad, se desarrollo el marco esplendoroso de la serenata.
          En las ventanas en cuyos vidrio se mostraba el movimiento en el interior, por la luz que cabezas empujaban curiosamente para escuchar los cantos que aunque un tanto desafinados, se lanzaban al viento con toda alegría. Vimos entonces como una candela se acercaba por detrás del ventanal de donde al abrir asomó un personaje con sombrero y tremendo pistolón en mano.
---De que se trata este escándalo.---grito el hombre.--- acaso no se puede dormir en paz en este lugar?
          Después de un corto silencio provocado por la sorpresa.
--- ¡Don Bernardo…!--- Le dije, mientras me apeaba del caballo.--- ¿Es Don Bernardo Calderón, verdad?--- insistí, con voz entrecortada.---Vengo a brindarle una lunada a su hija,  Isabel, permítame que le haga esto cálida serenata.---
          En ese momento a tres metros de allí, tronó otra ventana que se abrió de par en par y donde se asomaron las tres damiselas, con sendas gorras de tela y otra con cohetillos en sus rizados cabellos rubios.
--- Joven, usted se da cuenta de la hora, como para andar allí haciendo bulla en un lugar tranquilo, no es de mucha cortesía!---
--- Déjalo Bernardo --- le indicó una voz femenina, desde el interior de la habitación--- alguna vez tendrías que recibir una serenata por tus hijas…! vamos…!---
          Las chicas se secreteaban junto a la ventana, me acerqué, quitándome el sombrero las saludé haciendo una reverencia. Isabel se posesionó de la ventana, haciéndose espacio entre sus hermanas, quienes a pesar de la curiosidad optaron por retirarse, no sin antes protestar.
-- A que se debe tan inesperada visita?--- me dijo.
--- Vengo con la más firme esperanza, primero de saludarla,  luego de buscar la manera de formalizar una relación de noviazgo, con la autorización de tus padres. Segundo para cumplir la promesa pendiente, que le hice a una bella niña, en una tarde de otoño y dentro de un vagón del ferrocarril…--- Ella se mostró halagada, con  sus manos en el pecho, asintió con la cabeza.
--- Me agrada que cumpla su palabra, pero aún no cante victoria, falta la autorización de los señores --- señalándole la ventana contigua.--- que por lo que sé, no tiene buenas referencias suyas. La serenata está bien se le agradece, pero entienda, por la hora, en estos lugares no es la mas adecuada y que  no es muy buena idea estar charlando aquí tan tarde de la noche y desde un potrero, con semovientes de testigos, vaya Ud. A saber.---
--- La serenata, espero le agrade, pero lo que mas me llena es la charla…---

Al siguiente día.
          Alrededor de una mesa recién decorada con un mantel tejido, un bastidor de café, varias tasas de barro, acompañadas de una enorme tabla de marquesote hecho en casa, se reunieron los miembros de la familia encabezados por Don Bernardo,  para hacer del conocimiento sobre el acuerdo alcanzado en la plática, el compromiso inicial de noviazgo, que debería tener efecto a un año plazo, como de costumbre, para formalizar un futuro matrimonio. Lo que provoco una algarabía de tranquilidad en unión de la familia de Isabel.
          Los chicos ya habían abandonado la finca, con destino de regreso a sus casas. La misión había sido completada, y la felicidad se les mostraba en el rostro. Los jinetes compañeros trotaban con total libertad, disfrutando de la fresca mañana con una sonrisa especial, signo inequívoco de que había una respuesta afirmativa sobre la solicitud plasmada.
          Transitábamos en los parajes de singular belleza, mostrando la hidalguía y el bienestar, cantando los corridos más de moda. La manifestación de la juventud justo con la emoción que llenaba de alegría y los pensamientos, que imaginaban a la chica rubia, fantasía y anhelos, con un futuro no lejano para alcanzar la meta principal.
          El viaje transcurrió, de buena manera, en su mayor parte. En un reposo del camino, donde se encontraba un abrevadero del ojo de agua, muy cercano a la entrada a la cabecera de Chiquimula en barrio del Molino, donde se estira un puente, tan antiguo como la ciudad, a un costado del rastro de ganado mayor, hicimos un breve descanso, la detención, obedeció mas para dar de beber a los caballos. Sacudirnos un tanto el polvo, darnos un par de estirones en un pozito de agua nos enjuagarnos la cara para despabilar el cansancio. De pronto uno de las bestias relinchó, lo que nos puso sobre aviso, un grupo de hombres salieron de la nada, nos coparon, su aspecto muy desagradable, amenazantes y con armas hasta en los dientes. Saltaron de sus escondrijos sobre nosotros, se condujeron violentamente, con los mosquetes en mano nos conminaron a mantenernos quietos con los brazos en alto, so pena de herirnos.
          Con lujo de fuerza y sin mostrar ningún respeto, por las palabras altisonantes nos violentaron, registrando nuestros equipajes, robando todo cuanto llevábamos, nos agredieron a manotazos y patadas, provocando heridas, fue tal la violencia que a golpes y culatazos nos dejaron medio inconcientes. Indefensos como estábamos fuimos amordazados. Mis compañeros cargaron con la peor parte, recibieron tantos golpes que la sangre saltó por los arbustos. Su estado era deplorable cuando fueron lanzados a una de las cunetas del camino. No terminaba por comprender el ataque, a pesar de habernos identificado, éramos víctimas de una asalto? Parecía algo más. El supuesto jefe de la banda, desde lo alto de su caballo, observaba el asalto, mientras mascaba un puro, insistió con un grito, ordenando.
---Acábenlos!.---
          Entonces alguien del grupo se le acercó, secreteándole algo al oído.
---¡ESTE!....---dijo señalándome.--- este es el quiere el Gobernador.--- dirigiéndose a mi --- Ja.. patojo vales mas vivo que muerto.
          Fue entonces cuando me amarraron y me acostaron boca abajo sobre el lomo de mi propio caballo. En el episodio, dejé de tener contacto con mis acompañantes, que se quedaron tirados en el lugar, no volví a saber más nada de ellos. Fui llevado entonces con un trapo sobre mis ojos a un destino desconocido para mí en ese momento. Luego me introdujeron en un espacio oscuro, húmedo, dentro de un edificio donde fui dejado sin explicación. Posteriormente me di cuenta que era uno de los separos de la cárcel, las catacumbas usadas de cuarteles de tortura en los sótanos de la prisión  de