martes, 14 de mayo de 2013

ACOLITO (ASI SE INICIA LA LUCHA)



Las ocho de la noche, el muchacho bajó del campanario, después de que anunciara la finalización de la hora santa, la última actividad del día en la iglesia.  Después de haber cerrado el portón principal, pasó por la sacristía, donde su labor era dejar guardados y limpios los instrumentos utilizados por el cura; los incensarios, a los que después de apagar las brazas, dejaba colgados en el armario donde se guardaban las cosas. Se dirigió luego hacia el altar mayor donde apagó las seis velas usadas en el servicio.
Se acercó a la mesa donde se hincó ligeramente, medio se santiguó y pasó de un lado al otro del sagrario; por allí salió y hacia la casa parroquial, por un pasadizo que se encontraba por atrás de la sacristía, pasando por la oficina del sacerdote. En la cocina,  Licha, la cocinera, le dejaba en la mesa, junto al fuego, un muñeco de tortillas, unos panecitos y un pocillo de café.
El jovencito, se sentó a la mesa a comer, mientras recordaba los momentos e cuando su madre, hacía ya tres años le había llevado al templo solicitando al curita, le permitiera ayudar como acólito en los servicios de la iglesia; tan solo once años contaba José Santos cuando eso sucedió, por ser un chico inteligente  aprendió con rapidez las rutinas de la iglesia, las que aunado a sus obligaciones de estudio y las de su casa eran para colaborar con el sostenimiento de su madre.
Todo esto lo recordaba, mientras mecía la silla, la que recostarse mientras se sostenía de la mesa, tomando un sorbo de café, se encontraba, cuando de pronto una de las patas de la silla resbaló y al suelo la fue a tener; el porrazo le hizo volver a la realidad, se levantó, se sacudió, luego tomó su plato y el posillo de peltre depositándolos en el lavadero de la pila. Y salió rumbo a su casa.
Salió por la puerta posterior, la que daba a un sitio, en el que sembraban milpa, se compuso la camisa y salió corriendo, para atravesar el terreno hacia una de las orillas, donde la pared de adobe era mas bajita, saltó por encima de ella y ya al otro siguió su camino calle arriba hasta llegar a la siguiente esquina, donde se detuvo:
---Mi gorra ---murmuró, agarrándose la cabeza en señal de disgusto, la había olvidado. Protestando, murmurando, haciendo algunos movimientos bruscos con sus manos, dirigió sus pasos por el mismo lugar que pasó, llegó hasta el tapial que saltó penetrando al sitio. Pateaba algunos terrones que encontró a su paso. A su ingreso a la casa parroquial por el pasadizo a la sacristía; se sorprendió ya que estaba seguro que había dejado las luces apagadas y en el salón contiguo al despacho, se dejaba ver una luz titilante, que dibujaba la sombra de cinco personas al rededor de una mesa, que hablaban en voz baja.
El jovencito estimulado por la curiosidad se colocó detrás de unos candelabros, apilados en un rincón de la sacristía; se agachó a  observar y ver lo que sucedía….
---Mañana es el día, si logramos sorprender al enemigo, según lo planeado, vamos a tener suficientes armas ---dijo una de las personas.
---No hay que olvidar, que parte importante del éxito, es saber cuanta gente se ha reclutado en los últimos meses.--- respondió otro.
---Esa información, deber A llegar en el transcurso de la noche, aunque con la gente que contamos les podremos dar un fuerte golpe.---
---La coordinación con los otros dos grupos, ya se estableció, cuando se de la señal atacaremos, el objetivo es tomar la gobernación departamental y la alcaldía, el número de soldados del destacamento no es muy grande en esta época del  año ---
---pittss, ---silencio ---indicó  Con un dedo frente a los labios ---escuché un ruido extraño --- permaneced callados, no os mováis---
El sacerdote se levantó, cruzó la habitación hasta llegar al cuarto contiguo, en la oficina parroquial, se acercó a la puerta, sigilosamente. En ese instante un fuerte empelló dio al traste con la puerta y un grupo de soldados penetraron atropelladamente a la habitación.
 ---A CUIDADO! gritó el cura, al mismo tiempo que uno de los soldados le propinaba un culatazo en pleno pecho que le hizo caer pesadamente al suelo.
 ---A Cura hijo de puta…--- grito el soldado, mientras varios disparos se dejaron escuchar desde la puerta de la entrada en la habitación contigua, donde el estallido de las balas, iluminaba el recinto, la ráfaga de metralla no se hizo esperar, el intercambio de los proyectiles se produjo más intensamente.
Dos de los sujetos que se encontraban en la habitación  cayeron muertos. Otro, pistola en mano les hacía frente.
--- ¡AY! , me dieron --dijo uno de los soldados, agarrándose la pierna izquierda y desplomándose al suelo.
El cura se incorporó y lanzándose sobre el comandante del grupo, este le recibió con una treinta y ocho en mano y con un disparo a quema ropa, le hizo caer al piso. Agarrándose el vientre con ambas manos. Alrededor de los dedos le brotaba  sangre roja, que manchaba su sotana.
--- Agarren al de adentro --- gritó el sargento.
Un solitario disparo se dejó escuchar en el interior del salón. Al lograr penetrar los soldados:
--- Este maje se pegó un tiro ---dijo uno de ellos.
Se aproximaron luego a los cuerpos sin vida de los civiles, que se encontraban dispersos en el suelo, con saña y despectivamente les patearon y con las arma les puyaron, tal vez aun con  vida.
Por otro lado el acólito, en su escondite no se había movido, sudaba copiosamente y las piernas le temblaban, el corazón le tableteaba dentro del pecho, una de sus rodillas hizo contacto con uno de los candelabros y como castillo de naipes cayeron uno encima del otro, provocando un estrepitoso ruido que hizo que los soldados se dieran cuenta de su presencia.
--- Hey!…., es un patojo, mi sargento.
--- Agárrenlo --- indicó el sargento.
Por instinto, empujó el resto de os candelabros y salió corriendo a través del pasadizo, mientras los soldados corrían tras él.
-- AH! , AH ! --gemía, mientras a grandes zancadas, trataba de alcanzar la salida posterior.
Tropezó con la silla de la cocina y  pasó de un salto por arriba de la pila, hasta caer frente a la puerta del excusado, atravesó el terreno hasta llegar a la pequeña pared, subió a ella y al asomar la cabeza en las afueras de la calle… recibió un puñetazo en pleno rostro, que le hizo caer de bruces al suelo, sin sentido.
--- Cárguenlo y lo meten a jeep.---dijo el comandante.--- y los demás que?---
--- Los están muertos, mi capitán,…incluyendo el cura ---
Dos vehículos militares se alejaron de la escena, llevándose un soldado  herido y al muchacho. El silencio de la noche se hizo cómplice del crimen de esa noche, nadie había visto nada. Días después.
--- La Prensa. La prensa Libre…. Se escuchaba el grito de los voceadores a través de la ventana, coronada de barrotes en aquella cárcel antigua, de paredes de mas de tres metros de alto, oscura, húmeda, mal oliente, vestigio de conventos coloniales, usurpadas por los gobiernos después de la Reforma.
          Allí en el suelo, sobre un costal de brin despertó el muchacho, José Santos, el acólito.
--- La Prensa… grupo guerrillero abatido al enfrentarse con el ejército…. La prensa
          recordó entonces, lo sucedido, los golpes recibidos… donde estoy se preguntaba, con el temor y el miedo reflejado en su juvenil semblante en medio de la penumbra que le envolvía, la luz escasamente penetraba a través del agujero de la ventana. Se restregó el rostro, el dolor se hacia presente en la hinchazón del ojo izquierdo, un hilo seco de sangre que le había recorrido de la nariz, dándole una sensación pegajosa en la mejilla.
          La puerta se abrí, a través de un chirrido, un individuo penetró un individuo, corpulento, moreno, de bigote ancho, mal encarado, vestido de soldado, se acercó al muchacho que se encontraba sentada en el suelo, con las piernas encogidas, muslos junto su pecho y apoyando su espalda en una de las paredes. El Militar un capitán lo tomó del pelo y le obligó a que lo mirara a los ojos, mientras le decía:
--- A Conque vos sos el patojo que está metido con la guerrilla?---
---¡NO!.. .---respondió, mientras intentaba defenderse, para que le soltaran el pelo –Yo, no se nada señor, yo soy el acólito de la parroquia---
--Un soldado se acercó al capitán y le dijo al oído. Casi de inmediato, soltó la cabellera del joven y de un empujón lo estrelló contra la pared. Dio media vuelta y salió  diciendo.
---Unos cuantos días en chirola le van a caer bien a este patojo---
Salió de la celda y se dirigió al patio interior del edificio, este era uno de aquellos convento de los religiosos, que en tiempo de Justo Rufino Barrios, le habían sido quitados a la iglesia católica, era una enorme construcción que ocupaba toda una manzana, con amplios corredores en los cuatro costados, con arcos y columnas a la usanza colonial, que se mostraba con un patio central, donde en alguna, época había existido un jardín; una fuente, ahora semidestruida que era el mas fiel vestigio de cultura y de arte.
Frente a una de las puertas, que se encontraba encabezada por un rótulo que decía: "Sargentía de Servicio"; se encontraba una mujer madura, Francisca, con el rostro amargado por la pena, sus ojos hinchados por el llanto, como evidencia de su dolor. De condición humilde, madre del jovencito,  José Santos, el acólito. Se hacía acompañar por Fermín, güisache de profesión, que prestaba sus servicios en el bufete de uno de los abogados del pueblo, un hombre joven, de corta estatura, vestido a la usanza pueblerina, con pantalón de dril gris y un saco oscuro, grueso, de solapa ancha, traslapado, de casimir. Usaba además un pañuelo rojo de bolitas blancas al rededor del cuello, para proteger la parte almidonada de su camisa blanca y no usaba corbata. Al ver aparecer al militar, Francisca le salió al encuentro:
---Mi Capitán, por Dios bendito, dígame donde está mi patojo? ---la rogativa se hizo acompañar de algunas lágrimas --- El es un muchacho sano, que no se mete en nada y me han dicho que usted lo tiene preso, acusado de guerrillero, en algún lugar secreto del cuartel.—
---Mire señora --- respondió el militar, mientras sacaba un cigarrillo de la bolsa de pecho, lo somató en uno de sus extremos apelmazando el tabaco ---Usted no debe de creer todos los chismes que le cuentan ---con el cigarrillo en la boca, sacó el encendedor y haciendo un ovillo al juntar sus dos manos, lo prendió, aspiró el humo y despectivamente, se lo echó en el rostro a la mujer ---Ese patojo, no está aquí, usted ha de saber que al estar implicado en el asunto, a de haber huido con alguno de sus cómplices.
--Pero el patojo apenas tiene catorce años, nunca se ha metido en problemas, menos de andar con esa gente de los guerrilleros que les dicen. Si apenas ha empezado a vivir. Y, no puede ser, MI HIJO! --y le brotaron nuevamente lágrimas de sus ojos.
---y que le vamos a hacer doñita, todo esto se debe a que no se está al tanto de los hijos, tienen malas juntas y ¡zas! que caen con estas gentes, que los encandilan y luego los meten en babosadas. ---
---Señor Capitán ---dijo Fermín, al abogadillo--- Yo represento a Doña Francisca, y voy a presentar en el juzgado, un recurso de exhibición, pues testigos vieron que al patojo, lo detuvieron, si razón aparente---
---Como va a creer usted, semejante mentira, y que lo trajeron aquí….ja, están locos---
--- Vieron  a unos soldados,  traer al muchacho en un jeep, a estas instalaciones------Mire mi Lic.  no se complique la vida, ni tampoco vea micos aparejados, recuerde que es muy fácil acusar, no vaya ser que se meta a camisa de once varas ---le indicó el capitán, poniéndole el brazo sobre la espalda y apretándole el hombro ---No se meta a gastar en papelería y su tiempo, yo le puedo asegurar, que el muchacho no está aquí, pero si de algo le sirve, yo estoy dispuesto y me comprometo a mostrarles todo el cuartel, si le interesa ,se darán cuenta que no hay nadie detenido, preso o sec…., solo va a hacer gastar su pisto a la mujer por puro gusto.
--- Pero mi. capitán, es mi deber atender a la gente que solicita mis servicios y que me pide consejo en las cosas legales. Pero si usted está de acuerdo, yo haré el recorrido por las instalaciones del destacamento, para Comprobar lo que dice y darle una satisfacción a doña Paca.---
--- Usted dirá licenciado, hoy por la tarde, a eso de las tres, después de la siesta, vamos a dar una vuelta a todo el edificio ya sus alrededores.-- Le extendió la mano y se despidió de él --Doña Francisca, buen día --dijo, punteando sus tacones y levantando levemente la gorra y se retiró.
A lo lejos se escuchaban las campanas de la iglesia en señal de duelo, ese día se organizó la velación y posterior sepelio Padre Manuel, cura párroco de la Villa. Ya para esa época, se habían escuchado algunas historias, de que el padrecito era además de emprendedor, defensor de las injusticias, se comentaba además, que pertenecía hacía algún  tiempo a la insurgencia; militante del los grupos importantes de guerrilleros del oriente del país. Incluso se decía que había visitado Cuba (y de sus sólidos contactos con los grupos subversivos de Latinoamérica. También se mencionaba de su participación en una cumbre de las organizaciones alzadas en armas, donde había compartido con varios personajes importantes de la época: Camilo Cienfuegos, Daniel Ortega, El Ché Guevara, etc. Sin embargo, muchas personas no daban crédito a esto puesto que el padre Manuel, había desarrollado una obra social sin precedente; por lo que se había ganado la simpatía de la población. Los grupos de mujeres y jóvenes, los catequistas, la escuela dominical, eran un buen ejemplo de su labor, y que hacía muy difícil de imaginar que además participara de estas cosas.
Luego de finalizar los actos litúrgicos y el entierro del curita, varias personas salieron del cementerio rumbo hacia el destacamento militar, junto a ellos Fermín, que quedó de reunirse con el jefe de la base.
--- Mi Capitán – dijo el ordenanza, en posición de firmes, cuando penetró al despacho.
---Que pasa soldado --- respondió el capitán que se encontraba recostado en el respaldo del sillón ejecutivo y con los pies encima del escritorio.
--- Mi capitán, le busca el licenciado Fermín, dice que usted le ordenó se presentara hoy por la tarde---
--- i Que licenciado. ni que ocho cuartos, ese ni de la primaria salió limpio, menos de licenciado...má!, llevate un  custodio y que me lo traigan---
El soldado somató los talones, terció el arma y dió media vuelta, a la vez que respondía:
---A la orden mi Comandante.---
Transcurridos algunos minutos el ordenanza entró a la oficina y haciendo nuevamente el saludo dijo:
---Permiso mi capitán, ¿ mandó usted llamar ?-- Pasame al fulano.---
---Al señor Fermín….?---
--- Adelante don Fermín. .., ordenanza retírese...---
---j Licenciado! como le va ---le dijo en tono burlón, a la vez que bajaba los botines del escritorio. Se incorporó y se acercó a el para saludarlo.
---Es bien puntual usted, ¿verdad?—le  dijo
---Buenas tardes  mi capitán; como usted me indicó, aquí estoy a su disposición.------Pero siéntese licenciado ---palmeándole la espalda y mostrándole una silla para el efecto --- ¿ no le apetece un whisky ?---
---Gracias capitán, pero talvez en otra oportunidad, no en horas de trabajo, usted sabe, la imagen.--
El capitán se dirigió a una pequeña refrigeradora, a un costado de su escritorio, tomó una gaseosa, Roja la destapó y se la empinó
--- ¡AHHHH! ---murmuro, mientras se limpiaba los labios con la manga de la camisa.
---Bien don Fermín, como le dije esta mañana, el patojo no se encuentra aquí, pero para que usted se vaya tranquilo y sobre todo para que le comunique a la familia y los periodistas que andan por allí cubriendo la noticia, vamos a hacer el recorrido; esto es con el fin de que publiquen la verdad, y no estén echando a volar toda clase de bolas, que solo desprestigian a la institución armada.
--- Cuando usted ordene, mi capitán ---
Un par de sorbos y el militar dió fin a la gaseosa, colocó el envase sobre la mesa y llamó a su asistente.
---A la orden mi comandante --dijo cuando entró por la puerta y le saludó.
---LLevate a Don Fermín. Van a ir a hacer una inspección de las instalaciones. Lo llevas a las cuadras. Las bodegas, la cocina, el comedor --- haciéndole énfasis, subiendo el tono de voz,--- y bartolinas… !--- haciendo algunas gesticulaciones---
iLas bartolinas!.... ¡entendiste!---  y luego dirigiéndose al abogadillo ---Pásele don Fermín, mi asistente personal le atenderá, él le llevará a realizar la visita... espero tenga los ojos bien abiertos, busque bien y luego vuelve conmigo, para ratificar, que lo que le dije es cierto.---
Después del recorrido:
---Satisfecho licenciado, no hay nada ni nadie, ¿ verdad ?.. aquí no hay cárceles secretas, ni nada extraño en éste cuartel
--- Tiene usted razón, mi capitán, no encontré al muchacho ni a ningún otro detenido---
---Entonces…es necesario don Fermín que certifique lo que ha visto, que se sepa la verdad del hecho, que aquí no hay presos, yo le recomiendo que en las declaraciones a la prensa sean ajustadas a la verdad que usted pudo comprobar, y que usted vio, recuérdese que la institución armada está para salvaguardar el orden y proteger a la población civil. Del paradero del muchacho… ¿Cómo es que se llama? JOSE SANTOS, usted debe decir, que por informaciones que nosotros manejamos, lo vieron huir a la montaña con un grupo de insurgentes de los que fueron sorprendidos en la iglesia junto al cura.---
---¡Pero mi Capitán,...!---lo interrumpió, el militar
---Yo le estoy diciendo que fue lo que pasó y lo que usted tiene la responsabilidad de admitir e informar. ...A nosotros nos consta y basta.--- imperativamente ---O me imagino que usted tampoco le conviene poner mi palabra en duda...,en estos tiempos esto se convierte en algo peligroso,  no lo cree…?---
---Claro que si mi Capitán Domínguez, lo que usted ordene.---
--- Hablaré ahora mismo con doña Francisca y con los familiares, con los muchachos de la prensa, les diré exactamente lo que usted me ha indicado. Con su permiso mi capitán… hasta la vista.---
Se despidió sin darle la mano, con la idea de salir lo mas pronto posible de allí, a toda carrera Las indicaciones habían sido precisas y se había dejado sentir la fuerza y la presión ejercida. Autoridad al fin, de no tener que dar mas explicaciones, concluido el caso.
El capitán  Godofredo Domínguez, era el comandante del destacamento militar de Valle Dorado, departamento del mismo nombre, ubicado en el oriente del país. Era una villa relativamente tranquila, en la que por razones de lo árido de su suelo, la mayoría de la población se dedicaba a trabajar en los poblados vecinos y las actividades propias eran relacionadas con el comercio con un país vecino.
Mientras tanto, el joven José Santos permanecía en una de las bartolinas, ubicada en los pasadizos de las catacumbas del monasterio, por lo que era casi imposible encontrarle. Las salidas secretas eran producto de los lugares que se usaban para martirio en tiempo de la inquisición. Olvidado el joven, se aturdía por la soledad, la alimentación y el mal trato que sufría, era como la espina irritativa que hacía que él muchacho decayera en su ánimo y en su valor. Casi que su orgullo se mantenía latente, a pesar que se lo habían intentado aniquilar, a duros golpes, muchos propinados por el propio Comandante. Eso había creado en el un odio desmedido   y una repulsa inmisericorde, para el personaje,  su carcelero.
Cada línea de la cara de Domínguez, cada expresión, cada gesto, le habían impregnado en la memoria, era una sensación que le provocaba ira. El hostigamiento y la tortura mental a la que era sometido, los traumas de todo tipo que había  probado y experimentado.
Un muchacho de catorce años y pico sufriendo lo indecible. Ah, cuanta injusticia; cada dos o tres días, era llevado a la cámara de torturas, que los mismos soldados conocían como el infiernito, donde en innumerables oportunidades había sido vapuleado, donde le habían arrancado a una las  uñas, le quemaron el pellejo con una braza, con la punta de un puro y todo por sacarle la verdad, una verdad que le era desconocida. En muchas de esas ocasiones  había regresado a su celda, inconsciente. En su cuerpo conservaba las lesiones, que le habían propinado, le arrancaron en pedazos la piel con ganchos de pesca. Asi esto se volvió rutina, conforme pasaba el tiempo, empezaron a disminuir las visitas a la sala de tortura, de cansancio los verdugos le dejaron tranquilo por un tiempo, como que comprendían que nunca les iba a decir nada, las golpizas eran de vez en cuando.
El tiempo era implacable y día a día la actualidad de José Santos era nada, se quedaba en el olvido de la opinión pública. Los vejámenes y las torturas pasaron a ser parte de la historia, quizás las últimas veces eran mas una práctica que no se quería abandonar, un entrenamiento, pues los interrogatorios eran dejados a un lado. Por supuesto el estado calamitoso de salud y nutrición del joven, continuaba en deterioro. La comida a veces no alcanzaba para la tropa y prácticamente para los presos menos. Transcurrieron así, varios meses.
---Saquen al patojo de la bartolina, sáquenlo a cubetear---
---la limpieza de los escusados, la limpieza de las cuadras, trabajar, que haga algo, lo otro nada de holgazanear.---
---llévenlo a…
---Vos patojo, el famoso acólito, ja,ja,ja  ---le decía el sargento ---aprendiz de guerrillero, JA, JA,ja…. a vos todavía no te han bajado los huevos para eso, JA, JA, --le gritaban en tono de burla; mientras le obligaban a ejecutar las labores de pieza del cuartel.
Las frases y las palabras con que aún le insultaban, a veces, le resultaban sin importancia y vacías. Pero en algún grado, le afectaban, y por las noches, le revoloteaban en la mente, le quitaban el sueño, haciendo que la adrenalina le circulara por todo el cuerpo y le inquietara, sobre todo la impotencia ante el poder, cuantas veces no se preguntó. ¿Qué estoy haciendo aquí?, lloraba su desgracia, hacia sus adentros un llanto de cólera, de infortunio….

ACOLITO II PARTE



Tres años habían transcurrido desde la desaparición de José Santos y la muerte del padre Manuel. El recuerdo de lo sucedido se había esfumado en el olvido, lo que permanecía invariable era la dictadura militar, la que a pesar del tiempo con más férreas actitudes arrastraba tras las sombras actos deleznables, violaciones a los derechos humanos, asesinatos, secuestros, masacres….
José Santos había permanecido como de incógnito marginado entre cuatro paredes, involucrado y atado a un pecado en el cual jamás había tenido participación. Quizá él nunca había tenido conciencia de lo que se trataba.
Su rostro se tornó tosco, las líneas de su cara endurecidas y pronunciadas, la facies de un joven madurado a hombre a través de duros golpes, ahora ya no era un muchacho, era un despojo humano, su mirada inexpresiva se perdía en la penumbra del vacío, de la podredumbre, de todo lo que soportaba, que únicamente vegetaba.
Su cuerpo achacado por la desnutrición, daba el aspecto de un famélico esqueleto, que si bien respiraba y en algún grado mostraba vida, era únicamente un hálito de esperanza, estimulado por sus pensamientos y sus ideas, que lo prendían y lo contactaban con la realidad, ensañado por el odio por su infortunio y por las ansias de venganza a sus captores.
El capitán Domínguez, su principal verdugo había ya dejado de fastidiarlo, ya que a Dios gracias, fue trasladado a la base militar de otro departamento, gracias a su experiencia y sus instintos, lo hacían la persona ideal para el puesto, donde su maldad era requerida, y las acciones insurgentes en ese lugar habían cobrado auge y los objetivos militares recibieron fuertes golpes de la insurgencia.
El grupo guerrillero EJERCITO POPULAR LIBERTADOR ( E. P. L. ), incrementó su presencia y además logró importantes victorias en la zona montañosa, por lo que el militar había sido requerido para enfrentar la situación delicada. En Valle Dorado, especialmente en el cuartel, la vida continuaba inalterable, la rutina era desesperante como la vida de un poblado sin mas allá, conformista y sin esperanza. El diario acontecer del destacamento se concretaba, al toque al amanecer y rutinario de una corneta destemplada, conformación de pelotones de soldados, sacados a asolear y mantenerles refrescados el manejo de las armas, como obedecer ordenes, o el insistente entrenamiento de los reservistas, por las calles y el campo de la feria, lugar predilecto para efectuar dichas prácticas de marchas de orden cerrado. En el interior de las instalaciones, pequeños grupos de soldados hacían labores de limpieza, otros en el campo de pelota, se dedicaban a chamusquear con un balón de FUT-bol.
Era tan rutinario el cuartel, que ya entraba en la falta de importancia, el olvido, sobretodo la tenencia de rehenes o prisioneros; en el interior de la celda, el casi cadáver del acólito, apodado así por los miembros de la tropa, debido al trabajo que había desempeñado en el pasado.
El joven se encontraba, ese día, tirado en una esquina, retorciéndose de un fuerte dolor de estómago; el pestilente olor a mierda, invadía el ambiente, debido al padecimiento diarreico del joven. Por el lugar acertó a pasar el sargento encargado de las cuadras y  percibió el penetrante olor, se acercó a la bartolina ------ Ugh i ay! iay! --se dejaba escuchar en el interior de la celda, un débil gemido suplicante. -- Agua, quiero agua, por favor, me muero, el dolor, los asientos me matan, llamen a un doctor, por favor.---
--- Soldado, que está pasando con el prisionero--- preguntó.
---Sargento --le respondió, mientras le hacía el saludo--- novedades… el prisionero amaneció enfermo, tiene todo el día de estar cagón,  se queja de constante dolor.---- Abra la puerta, lo voy a inspeccionar.---
Sacó de un cajón de la mesa, una llave, se acercó, soltó el candado y empujó el pesado portón.
--- A la puta, aquí si apesta a caca --dijo el sargento al penetrar a la celda --vos patojo, ¿que te está pasando?...¿estás 'enfermo ?, o…a lo mejor te hizo daño la suculenta cena de ayer, Ja, Ja,. --dirigiéndose al soldado --hay que ponerlo a lavar las plastas.---
--- Agua, agua --alcanzó a decir, sin alientos de levantarse. La escena dantesca que se presentaba, mostraba una evidente imagen de despojo humano, cubierto con chirajos de tela, trapos sucios. En el rincón, tirado, revolcado en una pasta de materias fecales, se encontraba propiciando un aspecto desastroso, el insigne acólito, el pelo y la barba le habían crecido tanto, que parecía una animal greñudo y desnutrido.
--- Traigan una manguera y le dan una buena bañada a éste… las paredes y la bartolina, hay que hacer una buena limpieza para acabar con el mal olor.---
---Me muero, denme un poco de agua --susurró el enfermo, levantando una mano, para llamar la atención.
--- De esta si no salís vivo --dijo el sargento, a la vez que escupía en señal de repulsión y asco.
---Permiso mi sargento --dijo un soldado, al penetrar, con una cubeta de agua en las manos, que lanzó golpeando la maltrecha humanidad del patojo. La operación cubeta se repitió varias veces más, hasta dejarlo mojado de pies a cabeza, de pellejo a pelo.
agregar.
--- Mi capitán, novedades en la cuadra de los detenidos….
--- Adelante….que hay de nuevo.---
--- Señor…. En las bartolinas, donde se encuentran los prisioneros….. hay un enfermo, el que le dicen el acólito.---
---Y…..!---
--- El muchacho este, que ya tiene algún tiempo de estar preso, del tiempo de MI Comandante Domínguez, es el que se encuentra enfermo,  de asientos, quería saber que ordena mi comandante.---
---¿Qué tan mal está, el fulano…---
--- Está mal ….lo dejamos como está o se manda a  traer a alguien para que lo cure, i está bastante mal! .---
--- Que tan mal está, estará de pele ¿ o no ?---
--- Está bien jodido, ese se le deja asi y no amanece, a lo mejor estira el caite.---
---Sáquenlo de allí,  se me ocurre que sería mejor salir de él, de una vez por todas, es como para quitarse un peso de encima; ya nadie tiene interés ,en él, si no se sabe de su paradero, a lo mejor le hacemos un favor---
La noche se había hecho presente, solo un concierto de grillos se dejaba escuchar, las pequeñas luces del pueblo y de la plaza frente al cuartel, parecían brazas incandescentes, que de pronto se apagaban y volvían a encender, las calles solitarias reflejaban el eco del latir de los perros, que a la distancia, se contestaban unos a otros.
La puerta del destacamento se abrió y un vehículo tipo Jeep, salió por ella, con las luces apagadas, dos personas le conducían y en la parte posterior envuelto en una sábana, un cuerpo, un bulto de despojos de un ser humano, doblado en el asiento.
El Jeep aceleró la marcha, se dirigió velozmente calle abajo, en busca del camino, la salida del pueblo, la carretera principal. Cada piedra, cada hoyo, cada bache, hacían el cuerpo casi sin vida, golpeara con las partes metálicas del vehículo; varios gemidos se dejaron escuchar, al ocurrir estos somatones.
Le habían sacado del cuartel….., previendo un desenlace fatal, con el fin de deshacerse de él. Las órdenes eran precisas lanzarlo a la orilla de la carretera, lejos de allí, condenándolo y sin remedio a morir. Era más fácil que apareciera un cadáver en la cuneta del camino, o en un lote vacío, que explicar que alguien había fallecido en el interior de las instalaciones castrenses. Ya eran muchos los enterrados en las caballerizas del lugar.
Se condujeron por un camino de terracería, a la aldea El Jocote. Al llegar a una curva donde existía un monumento al Comandante José León Castillo, caudillo de un levantamiento armado, treinta años atrás. El jeep se detuvo, a la orilla del camino, los soldados tomaron el cuerpo envuelto de los pies a la cabeza, y lo lanzaron por los aires, hasta un barranco de unos cuantos metros, rodó, entonces sin rumbo, hasta estrellarse en los cactus del fondo.  El vehículo se alejó por donde vino.
---Hasta nunca, mi acólito ---se alcanzó a escuchar, irónicamente, por uno de los ocupantes del jeep.
Los rayos del sol se hicieron presentes, se asomaron tras las montañas desparramando su luz sobre la tierra. Los garrobos y las iguanas corrían de una a otra piedra para buscar el mejor lugar para broncearse.
Allí abandonado, en el fondo del barranco un cuerpo ensangrentado y amoratado, a quien le revoloteaban un sin número de moscas, detenido en su caída, por suerte en un rastrojo de cultivo de maní. No se movía, las piedras que le rodeaban eran las que le hacían junto a los bichos, compañía.
Un par de campesinos, pasaron por lo alrededores se dirigían a trabajar a los cultivos  de los alrededores, al verlo, se acercaron sigilosamente.
---¿ Quién será, Vos ? --dijo uno.
---¿ Estará vivo ? --dijo el otro, mientras se encogía de hombros --Parece que aún respira ---se inclinó, le tomó y sostuvo la cabeza ---Pasame el tecomate, vos… le voy a dar un sorbo de agua---
Sobre los labios resecos, y la grotesca barba llena de polvo dejó caer un chorro de agua, el inmediato contacto con el líquido, hizo que la boca se entre abriera y el agua corriera por boca y garganta, al producirse un trago que mostró que estaba vivo.
---Está vivo… vos --dijo el campesino ---
--- ¿Qué crees que debemos hacer, con él?---
---Voy a traer la carretilla de mano y me ayudás, lo llevamos al pueblo, tal vez en el puesto de socorro, puedan hacer algo por él… Por lo menos para un bien morir.---
Fue llevado en la carretilla de madera, a través de una vereda de un pequeño camino, hasta el caserío mas cercano. Los curiosos se acercaban hasta el herido, para ver de quien se trataba, o ver que era lo sucedido…. Pobrecito…,hubo quien dijera al verlo. Lo llevaron al puesto de socorro, donde fue dejado al cuidado de la enfermera.
Recibió, entonces, como bien se dice los primeros auxilios; la encargada, tomó en serio la emergencia y se dedicó a limpiar y curar todas y cada una de las heridas, además se percató del mal de asientos. Le puso un suero y le dio tratamiento, con pastillas  y un líquido sacado de un frasco que decía antidiarreico.
Después de algunas horas ya se notó una leve recuperación. Ella le dijo para consolarle: ---Ya podés estar tranquilo, lo que es hoy no te morís, es posible que te recuperes. A pesar de tu estado---
Le acaricio la cabeza, en enseguida se santiguó. Dios es el único que sabe si salís de esta….---pensó-
--- mañana será otro día espero, todo nos salga bien….
 Que le había practicado un sin número de curaciones de las casi incontables llagas y cicatrices que se distribuían como mapas en el cuerpo delgado. Los ungüentos y las vendas se multiplicaban en cada porción del cuerpo, de esa carne que más parecía hueso cubierto con pellejos. Era de sentir lástima, pero las cicatrices mas grandes y profundas eran las que no se lograban ver, las que contaban, las que marcaban su espíritu y su mente.
Ese había sido un día especial, para él, por primera vez en muchos años saboreo una comida caliente, las tortillas le parecieron deliciosas y el café de maravilla. Todo se lo debía a los cuidados de la enfermera y que su cuerpo había empezado a responder, reaccionar, faltaba siempre el reposo y algunas otras curaciones, pero en especial el alimento, le había echo mucho bien.
Y así amanecía cada día, mejor, el canto de los gallos anunciaban consuetudinariamente el alba y los rayos del sol rompían la penumbra y la oscuridad de la noche, cada día mejoraba, ahora ya esperaba a la enfermera sentado en la maltrecha camilla. En un de tantos, se hizo de valor y decidió aventurarse a levantarse, dando un pequeño salto cayo al suelo, casi de inmediato que hizo contacto con el piso, el dolor le recordó su pierna izquierda, a costas de su debilidad no se pudo sostener y cayó de costado, al suelo. Tomó entonces con sus manos la parte inferior de su pierna, la cual se encontraba desfigurada, el color de las costras de carne magullada, que mostraba hinchazón, esta le cubría hasta el tobillo.
--- Ayyy!--- gritó --- mier…., debo de tener la pata quebrada---
          Así era, pero a pesar del dolor y como pudo se apoyó sobre la otra pierna y el respaldo de una silla, se puso de pie, dobló la rodilla dejando en el aire la pierna fracturada, alcanzó una escoba y la utilizó de muleta, con eso se trasladó a la salida posterior del cuartito, el dolor era evidente y fuerte, experimentó un desmayo, que casi lo lleva al suelo, se detuvo en el dintel de la puerta, respiró profundo, cuando se sintió mejor, alcanzó a salir al patio,  el caso era que con todo y fractura, ya no soportaba los deseos de orinar. Se acercó a unos arbustos y vació la vejiga.
---Ahhhh!--- dijo en tono de satisfacción.
          La puerta de la entrada se abrió y la enfermera, entro, cargada de un sin numero de paquetes.
--- Buenos días.---como que veo que ya se siente mejor. Vaya no me hubiera imaginado verlo levantado tan pronto.
~ Buen día, desde ayer, he estado con la mejor intención, de decirle gracias, pero hoy es la oportunidad.---
---Sabe que me encuentra levantado por pura necesidad, ya me miaba ---El tono de su voz era suave, talvez aún por debilidad.--- Sufrí algunos golpes, en el pescuezo,.. que no me permiten hablar ..bien.---
          Ese esfuerzo realizado de voz gutural y grave, hacía difícil hacerse entender.
--- Venga para acá --le dijo la enfermera, a la vez que le tomaba el brazo. --hay que hacerle otra curación en las heridas…. tengo ver… ¿qué vamos hacer con su pierna?... la tiene quebrada, pero no tengo conque para componerla, ni para enyesarlo, por lo sería mejor llevarle al hospital para eso.
---Hospital….. a un hospital no, por favor! --haciendo una señal negativa, con sus manos.-- prefiero que se me pudra o quedarme así…. Señora por lo que mas quiera, pero no me mande al hospital, vea que puede hacer por mi.---
---El peligro es que se le pueda infectar, le puedo poner unos trozos de madera a manera de entablillado, pero voy a necesitar que me ayude,.. se me va a portar machito, pues eso si duele.---
---i JA!.... usted dele, que yo aguanto, con le que me ha tocado pasar, eso sería casi nada.---
Mientras se encontraba recostado en la camilla, la enfermera le lavó la herida de la pierna, luego tomó un par de pedazos de tabla y las colocó en su pierna lastimada, después lo vendó con unos trapos para apretar las tablas. Las vendas así recorrieron la pierna, desde la rodilla hasta el tobillo, hasta dejarla inmóvil.
--- Duele eso, verdad?--- le dijo la enfermera.
--- Ja… ni que lo diga, pero me aguanto.---
--- A propósito dime, ¿como te llamás?
---José Santos…..---
--- Yo me llamo Carmen, para servirte….para donde ibas cuando te accidentaste, vos no sos de aquí por los alrededores…. Nunca te había visto… Ya se de Valle Dorado?---
--- Sí ---
--- No se pero me late que si te sigo preguntando, que te pasó….o quién te hizo esto, me vas a mandar por un tubo no me vas a contestar Verdad?---
--- Si mejor….usted lo dice, usted lo sabe.---
--- Con esa pijaciada que te dieron… yo no vuelvo por otra…, a lo mejor fue la policía… a poco sos cuatrero, vos estás huyendo del ejército….Esta bien… al menos no tenés cara de mafioso vos patojo…ja, ja, ja ---
El joven acertó a dar una negativa, moviendo la cabeza de izquierda a derecha.
--- NOOO….--- dijo rotundamente.
--- ¿Entonces…….,mejor ya no pregunto… allá vos si me querés contar o no---mientras terminó de curar las heridas.
El silencio se hizo presente, las preguntas, le turbaron, en el rostro se le dibujó la aspereza de odio y de venganza. Se colocó de espaldas a la enfermera y escondió el rostro entre sus brazos.
Trascurrieron los días, las semanas, la recuperación de José Santos era formidable, las heridas habían cicatrizado en su totalidad y la pierna cada vez se ponía mejor, hasta el color había mejorado, el dolor era cosa del pasado. Pero sobre todo su actitud era positiva, su semblante cambió totalmente. Por las mañanas se levantaba muy activo y se ocupaba de hacer la limpieza, de dejar ordenado el local.
. Así transcurrió el tiempo, los pobladores ya le conocían, se constituyó en parte del paisaje, la recuperación y el ánimo, mejoraban, así como cuando era chico, empezó a asistir a la iglesia, ayudaba, sacerdote, los días de festividad religiosa y así como se empezó a incorporar a la vida, dedicaba gran parte de su tiempo a pequeños trabajos relacionados con el cultivo de la tierra.
Vivía en un cuartito en la guardianía de una finca, donde permanecía alejado del bullicio de la gente, era tímido, ensimismado y su única afición era visitar Carmen, la enfermera del puesto de socorro, quien se había convertido en su amiga, y de las pocas personas con quien  charlaba. Los días de descanso, cuando no ayudaba en la capilla, se encerraba en su cuarto a leer revistas, periódicos viejos, o caminaba hacia el río, donde se sentaba a observar a los patojos que se reunían para bañarse. Allí aprendió a contemplar la naturaleza, la que tanto había dejado de ver en su encierro; desde una roca en lo alto de un peñasco observaba una caída del agua, que salpicaba en una poza, que servía de piscina, lugar de diversión de la muchachada. Cuando se encontraba solo se metía al agua y retozaba como un niño vivaracho y juguetón.
Un día, de esos calurosos del verano, salió muy de mañana, con el deseo de darse un chapuzón, abandonó su cuarto y cruzando por un atajo, saltó una cerca y  internó en la vereda del zanjón que se dirigía al río. Era un hermoso paraje, los pájaros trinaban a su paso, los chiquirrines orquestaban una sinfonía matutina que se escuchaba a lo lejos y el calor invitaba a refrescarse con un baño. Se acercó a la quebrada que se formaba a lo largo de la poza, lugar donde se reunían las lavanderas, a sus labores cotidianas.
Al asomarse, escuchó voces femeninas, que venían de los lavaderos, se escondió detrás unos arbustos y con mucho cuidado, se asomó a la orilla de la cañada, separó algunas ramas., vio un par de bellas jóvenes, que charlaban y reían, mientras restregaban ropa. Una joven simpática, blanca de ojos zarcos,  en la flor de la vida, de unos diez y seis años, que lucía una larga trenza, que la hacía flotar en el agua. La otra era una muchacha hermosa, morena, de cabello suelto, bonita, la exquisitez de su bien formado y proporcionado cuerpo la hacía sumamente atractiva a los ojos de José Santos, le impresionó. Con sus diez y siete años, bien ganados, chula la patoja, como decían los abuelos. Las dos jovencitas se dedicaban a comentar los chismes del pueblo, las pocas cosas relevantes que sucedían en su comunidad. Cristina se llamaba la chica, y le gustó a tal grado que no le perdía detalle y como que no le quedaban ojos para otra cosa.
Se trató de incorporar y  una de las ramas del arbusto se quebró, produciendo un ruido que alertó a las jóvenes.
---¿Quién anda allí? ---dijo una de ellas ---oíste ese ruido---
El silencio se hizo presente y  el joven se quedó inmóvil, se agachó y aguantó la respiración.
--- Vos NINA, que me late que nos están vigiando ---dijo Cristina.
--- Yo no miro a nadie, pero por si acaso, hay que echar un vistazo---
--- A mi me da miedo, vos, mejor apurémonos y nos vamos derechito a la casa---
---Recoge la ropa que ya está seca, mientras yo saco desaguo la que me falta, de vez en cuando miraban a sus alrededores para tener la seguridad de que nadie  las vigiara. Mientras tanto, José Santos, cambió de lugar para ubicarse y poderlas observar mejor. Sin embargo su curiosidad estimulada por la belleza de las muchachas, le hacía levantar la cabeza frecuentemente.
---Chula. la muchacha--- pensó como es que se llamará?
La observaba, cada vez le llegaba más, quedó prendado de ella. Al cabo de un rato ambas jóvenes, tomaron sus baldes de ropa, los colocándolas sobre su cabeza, salieron rumbo a la vereda del camino. El muchacho al intuir que podía ser visto, saltó por detrás de un matorral, sin percatarse que el ruido las que iba a alertar, provocar, e hizo que las muchachas le miraran al sitio donde se encontraba.
--- i Ahhh..! un hombre, ¡Ahh..! --- gritó Nina.
Al oír esto José Santos, levantó la cabeza, justo en el preciso instante cuando Cristina pasaba. Una mirada profunda se cruzó entre ambos.
---¡Juzgón!--- le alcanzó a gritar, cuando se alejó.
Esa mirada le dejó petrificado, esos grandes ojos negros, le hechizaron. Pasado el susto se dió vuelta boca arriba y recostándose en el llano, vió en sus pensamientos emocionados la profundidad del azul del cielo, estaba perdido en el espacio, que era esa emoción que nunca antes había sentido, era una sensación extraña que le recorría el cuerpo.
Ya no se bañó, regresó por donde vino, contento a mas no poder, atravesó el potrero, donde para ajuste de penas lo corrió un torete sebucano, que le obligó a saltar las trancas a la desesperada, para evitar la corneada. El iba feliz, se dirigió al puesto de socorro en busca de doña Carmencita.
--- Buen día, Doña Carmen--- entró al puesto, sonriendo y casi cantando.
---Josesito, haber que te trae por aquí, días tengo de no verte, cuéntame como has estado.---
--- Como me ve,  bien ¿ y a usted como le va….?, ¿ y la familia ?---
---Púchica vos, que te está pasando, nunca te habla visto tan contento ---acercándose le tocó el rostro y le dijo:
---¿ No tendrás calentura? hummmmm…, ¿ o qué pita se te rompió ? , para que estés así, como nunca, hasta platicador venís, las otras ocasiones hasta con cuchara te sacaba las cosas.---
--- No diga eso, doña Carmen, es que usted es la única con quien yo tengo confianza de platicar, la única que me presta atención y ni modo con usted me gusta echarle al párrafo.---
--- JA, pero mi sentido no me engaña! , hoy te noto diferente, te ves contento, como si te hubieras sacado la lotería, hasta sonriente andás, haber contame…, que se me hace que alguna mosca te ha picado.---
---Usted se las sabe todas, cuando yo voy, usted ya viene de regreso. Mire Doña Camencha, pues como usted sabe uno es jo- ven y le llaman la atención las muchachas, pues... no se como decirle.---
---Haber vení para acá, sentate aquí -- señalándole con la mano el lugar junto a ella.---
--- Contame  y ¿ quién es la muchacha que te está haciendo perder la cabeza, como que te tiene medio bruto ?---
--- Mire, la verdad es que no se ni siquiera como es que se llama, nunca antes la había visto, hasta hoy, y yo por ser mero apartado de la gente del pueblo, se me hace difícil saber de donde viene, o pariente de quien es---bajó la cabeza humildemente ---me gusta la muchacha y quiero que me ayude a encontrarla.—
 --Ay patojo bandido, bien me imaginé, que en un rollo así andabas y como es que la vas a buscar, si ni siquiera sabés como se llama.---
--- Pues.., no lo sé, quizás si voy otra vez al río,  la vigeo---
---Te vas a pasar tus buenos días esperando, además si acaso la volvés a ver, será que te animas a hablarle?—
--Pues ni modo, le tengo que hacer yemas ---luego insistiendo --pero ¿verdad doña Carmen, que me va a ayudar?.---
---Claro muchacho, para eso es que somos amigos.---
Las cosas no habían sido para menos, la muchacha se impresionó también. En el patio de la casa de la muchacha, en las afueras del pueblo, comentaba con sus amigas, lo sucedido el día anterior en el río.
---¿ Vos conoces al tipo ese ?-- decía Cristina.
--- Callate, que ni tiempo de verlo me dio, me asusté tanto que ni me fijé ---respondió Nina.
---A mi no es que me interese, pero me gustaría saber quien es para darle una su buena maltratada.---
---De paso que una maltratada. A poco no te interesa. ¿ sabés a quien le podemos preguntar.---
--- A lo mejor a tu hermano, él lo debe de conocer, ¿ y si no es de aquí ?, yo nunca lo había visto---
--- Pero me late que bien que te interesa, vos Cristina, nunca estas tan preguntona, i JA I, ---
--- ¿ A mí ? , para que alguien me interese, debe de ser un hombre, macho y estudiado y a lo mejor hasta que tenga pisto.---
---Vos estás soñando, donde vas a encontrar un chavo así, en este pinche pueblo.---
---Pues aunque sea de la cabecera o si no de la capital, allá se consiguen buenos partidos.---
--- Mirá, ahora que me acuerdo, hace algún tiempo,  Panta y  Gumer', se encontraron un muchacho allá en la vega,  que se encontraba golpeado, como que lo dejaron tirado allí y lo llevaron al puesto---
--- A lo mejor. te acordás que dijeron que el ejército, lo había dejado allí.---
---Doña Carmen debe saber, ella le curó y lo cuidó, luego saber que se hizo.---
---y no dijeron que se había pelado, pues?---
--- A lo mejor dijeron eso para evitar que las autoridades lo siguieran buscando.---
--- A mi me da clavo ir a preguntarle a doña Carmen, es mera enojada la señora, además que va a pensar --- dijo Cristina.--- Que jodidos nos interesa.---
--- Como asi, que a nosotras, nos interesa….No, que a vos te interesa ---dijo Nina, burlándose.
Algo había sucedido, esa monotonía mantenida en la vida del joven, se había roto, no era el mismo José Santos que se iba a trabajar al campo, ya no hacía mas que pensar en ella, ya no le caminaba la mano, no le abundaba el trabajo, se tiraba a descansar largas horas bajo la sombra de los árboles. Mordisqueaba una tortilla, o tomaba sorbos de café, con la mirada perdida en el cielo. En su desesperación por conocerla, intentó encontrarla en el río, pero en vano. Desapareció la muchacha, se la tragó la tierra y ni su nombre había logrado averiguar.
Un día de tantos:
---José, José Santos --- gritó doña Carmen, a la orilla del cerco del rastrojo en que trabajaba ---Vení para acá, te tengo una buena noticia.---
---Doña Carmen --le dijo, mientras se le acercaba --- ¿no me diga que ya sabe algo de la muchacha?---
---Ni te imaginás.---
---Haber dígame, échese a volar ---dijo ansiosamente.
---Te recordás que hace unas semanas, me hablaste que te querías ir a la capital, pues bien, recibí carta de mi primo Andrés, dice que necesita un guardián para su granja y que si te querés ir, él te paga bien---
--- Usted solo me hizo la ilusión, bien sabe que no era la noticia que quería oír, claro que me interesa, pero…
--- Me imagino que lo que querías oír era otra cosa; bien se quien es la muchacha, no me lo vas a creer, pero ella mismita llegó al puesto a preguntarme por vos, bueno no por vos, sino por el .joven que habían recogido golpeado hace algunos meses, i Aguantá ! ...el asunto es que la patoja se llama Cristina y es hija de Guadalupe, la costurera,…. sabés que a ella le mataron a su papá hace algunos años, era un líder. De los que los tienen…. Así de grandes…..Pero bien, que buen gusto el que tenés, hermosa la patojota.---
--- De verdad…, Cristina se llama. ... ---no podía ocultar su emoción --- y como le hago para ver si le hago la entrada.---
---Eso no me lo preguntés a mi, vas a tener que ingeniártelas vos, yo solo te dije quien es el santo y vos sabrás como hacer el milagro.--- ¿Donde cree usted que la pueda ver?, sabe donde vive.---
--- Ni modo que te digo como cantineártela….  sabés que la patoja no es cualquier cosa, es estudiada, sacó la prevo en el instituto de Valle Dorado. Ese año fue cuando le mataron al papá, se regresó al terminar y ahora recibe clases de mecanografía, en la academia que se encuentra frente al parque, no sería nada malo que te dieras unas pasadita por allí, en la tarde como a eso de las cuatro, a lo mejor allí tenés la oportunidad.---
--- Mil gracias, Doña Carmen, que Dios me la bendiga.---
Era martes, pero e¡ pantalón dominguero, había salido a relucir, se había pasado la shilet, para afeitarse la barba. Una camisa bien planchada que gustaba lucir, cuando paseaba por los linderos del parque. En el lado opuesto se asomaba la capilla, con un rotulo mal pintado de “La Casa de Dios”. Y a la par, la tienda del chino, siempre había un oriental, que manejaba el comercio, la más importante del pueblo, mas allá, se encontraba la academia de mecanografía, adentro varias personas tecleaban unas antigüedades de máquinas, dentro del aprendizaje respectivo.
Pasó por el frente, en la acera opuesta, echó una mirada disimulada, todo con el fin de localizar a la chica,  a Cristina, luego caminó hasta una de las bancas y se sentó. La emoción le embargaba y nerviosamente se limpió sus manos, sobándoselas sobre los laterales del pantalón, ¡la había visto!  i era ella!.
Se Paseó un rato, como león en jaula, hasta que la vio salir y dirigirse hacia la esquina, como por inercia, corrió hacia la calle, para no perderla de vista, quiso darle alcance, pero ella, al darse cuenta, aligeró el paso. En su rostro se reflejó fugazmente una sonrisa especial al intuir de quien se trataba. En la siguiente esquina, se dio vuelta, se detuvo y se recostó en la pared, para hacerle espera a joven, este apareció y ella le salió a su paso, se paro frente a el, con ambas manos sobre las caderas, en forma de jarra, y lo enfrentó:
--- ¿ Porqué me sigue ? --le preguntó
--- Este… Yo –respondió, mostrar sorpresa, ---Cristina ---alcanzó a decir,  apenas pudo articular palabra.
--- Yo…, yo me llamo José Santos… COF. COF...-- carraspeo flemas, mientras agarraba valor para continuar--- Este,….tenía grandes deseos de conocerla.---
---Pues, ya me conoce, y de cuando acá usted sabe mi nombre.---
---Se recuerda de mí, la vez pasada en el río...---
--- Ah…!El juzgón, el que llega al río, a vigiar a las mujeres, ver lo que no debe, acaso no le de vergüenza---
---Discúlpeme, no fue mi intención asustarlas, no vaya a pensar que es mi costumbre ir a juzgar a las muchachas, cuando lavan.---
--- y pretende que yo le crea, a lo mejor, eso se mantiene haciendo
---Por Dios que a usted le fui a ver.---
--- A lo mejor, a la que fue a ver fue a mi amiga Nina--- le dijo a la vez que bamboleaba su cuerpo y se contorneaba.  Uno de los cuadernos que cargaba bajo el brazo, cayó a sus pies, al hacer un movimiento brusco. José, presto se agachó a recogerlo, mientras se incorporaba, la miró muy detenidamente desde la punta del pie, a través de sus bien formadas piernas, hasta el resto de su cuerpo; su mirada se detuvo vehemente al observar los turgentes senos, que se dibujaban a través del escote del vestido floreado que llevaba, le miró a los ojos, profundamente, aquellos ojos negro azabache, bellos, desafiantes, de una juventud e inocencia que atraían y retaban. Sus hermosos labios, carnosos, sensuales, y su hermosa cabellera que reposaba sobre sus hombros, con ese aroma a mujer bonita de olor a flor recién cortada por la mañana.
--- Sabe, que desde que la vi,  aquel día, en el río, me gusta.---
---i Ah…sí ! , que interesante, déjese de tonterías, como se atreve a decirme algo así, quién se cree que es, para decir eso. Soy una muchacha respetable, no cualquier cholera de las que usted le puedan interesar---
---Disculpe, no fue mi intención ofenderla, solo pretendía presentarme y hablarle…--- ella le interrumpió.
---Es tardísimo, mi mamá me va a regañar.---  y se hizo paso al caminar
--- Solo, quiero que me diga si puedo volverla a ver.-- insistió.
--- Tal vez. ...---y salió corriendo.
 --- Cuando…..?---
--- No lo sé--- le respondió, mientras encogía los hombros.
--- Mañana, aquí mismo ---le gritó
--- Quizás………..--- dijo  al desaparecer, cruzando la calle.
José Santos, no cabía de la emoción, se sentía realizado, le había conocido, y no le era indiferente, para él eso era más que suficiente, era su mundo y su ilusión
--- Chula la patoja ---se decía, mientras caminaba dirigiéndose a su cuarto.
--- i mañana!---
Llegó a su casa:
--- ¡Hijuela!.... mañana, otra vez, mañana….y se tumbó en el catre a seguir soñando despierto.
Muy de mañana salió al monte a realizar su jornal, despuntaba el alba, ese día tenía muchas cosas que hacer. Regadillos en las plantillas de tomate, etc. Amaneció muy activo, silbaba y se acompañaba con el golpe del azadón, sus labores fueron a todo dar, la jornada pasó sin pensar, imaginando la cita que tenía por la tarde.
¿Qué le iba a decir?, toda clase de imaginaciones y castillos en el aire, que iban y venían. La hora de la comida y el apetito le recordaron que la mañana había terminado. Tomó sus herramientas y se dirigió al puesto, donde le proporcionaban su comida.
---Doña Carmencita, buenas tardes…, haber que hay de almuerzo…, hoy creo que se me hizo tarde.---
--- Que tal José, ¿ cómo te va muchacho ?..., ¿ cómo que te tienen como chorizo en tienda? ó ¿Te pegó duro lo cosa…., JA, ja, ja ,ja--- La patoja…,verdad ?---
--Que va…,si hasta ayer la conocí, ni que eso fuera tan rápido.---
---Recordate que se te va hacer corto el tiempo, mi primo de quien te hablé quiere que te vayas a trabajar con él; si ... realmente estas dispuesto, te esperan el otro fin de semana…. Voy a mandar un telegrama diciendo que aceptas, y que te esperen.---
--- Pero aún me quedan unos días, yo le di mi palabra y la voy a cumplir, usted sabe que yo no le puedo fallar.---
Esa tarde José Santos, se encontraba desde muy temprano, sentado en la acera de piedra, donde había quedado de verse con Cristina. Al cabo de un rato, la vio venir y se puso de pié, ella pasó junto a él, pero de largo, dio unos cuantos pasos más, se detuvo, volteó a ver para todos lados, dio vuelta altivamente, y se aproximó. Y le dijo:
--- No se me vaya a acercar, ¿Qué es lo que quiere conmigo?, sabe que si nos ven y mi mamá lo sabe….me penquea.---
--- Cristina…--- le dijo ---como es que no la había conocido antes---
---Porque usted solo zampado en el puesto  y no  le ha gustado juntarse con nadie---
---Pero porque, si siempre iba al río, nunca la vi.---
---Sencillo, era la primera vez, que yo iba, mi mamá es la que siempre va, pero como ha estado enferma…. Ah!  Entiende.---
---Por ahí me contaron, algunas cosas de usted ---
--- Espero que nada malo.---
---Algunas cosas, me han contado, por ejemplo que no es de aquí, que tuvo algún problema con la autoridad, que casi lo matan. i QUE VIVE SOLO…..! , que no tiene familia y algunas cosas mas---
---De verdad que se sabe todo, lo que ha dicho es cierto, ojalá eso  no  la  decepcione de mi.---
---¿Decepcionarme… yo?, ¿ a cuenta de que ? ---
---Pues ya ve, y yo que casi no la conozco, lo único que se, es su nombre y algunas cosas que veo, que es una muchacha linda, guapa, hermosa y que como me gusta.---
---Ja, Ja, Ja, usted está loco ---
---Así me tiene --le dijo en tono tierno.
---Tampoco exagere, que no tiene más de ocho días de saber de  mi, y apenas un día de conocerme.---
---Aun así, y a pesar del corto tiempo, me tiene enamorado, como que la conociera de siempre ---y se acerco a ella con la  intención de tomarle la mano.
Ella retrocedió:
---Atrevido… ---
---Mire Cristina ---acercándosele de nuevo ---lo que sucede y debe de saber, es que estoy enamorado de usted y quisiera…., que se hiciera mi novia ---dió un paso adelante y le tomo la mano.
Cristina intentó soltarse, sin lograrlo y se tapó con la mano la boca, para protegerse del intento de un beso, volteó la cara y dando la espalda le dijo:
--- Déjeme, suélteme --y haló la mano, con tal fuerza, que  la soltó
---Usted es demasiado impulsivo--- le dijo--- usted pregunta y quiere que un
o acepte a puso tubo, ni le da chance a uno de pensarlo…además, ¿Como sabe si yo estoy dispuesta a aceptar?  y menos darle un beso, si apenas lo conozco.---
---Con tal de que la respuesta sea un si, la dejo que lo piense toda la vida.  Aunque debería de darme al menos una esperanza---
---Déjeme pensarlo... me voy porque se me hace tarde.---terminando de decir eso, salió a paso ligero, rumbo a la calle que la conducía a su casa, cuando había caminado unos cuantos pasos, se volteo y grito:
---Adiós, lo veo otro día,...con la respuesta--- y se sonrió, como dándole la aprobación, al suceso. Se notaba a las claras que ella también le gustaba.