martes, 14 de mayo de 2013

ACOLITO II PARTE



Tres años habían transcurrido desde la desaparición de José Santos y la muerte del padre Manuel. El recuerdo de lo sucedido se había esfumado en el olvido, lo que permanecía invariable era la dictadura militar, la que a pesar del tiempo con más férreas actitudes arrastraba tras las sombras actos deleznables, violaciones a los derechos humanos, asesinatos, secuestros, masacres….
José Santos había permanecido como de incógnito marginado entre cuatro paredes, involucrado y atado a un pecado en el cual jamás había tenido participación. Quizá él nunca había tenido conciencia de lo que se trataba.
Su rostro se tornó tosco, las líneas de su cara endurecidas y pronunciadas, la facies de un joven madurado a hombre a través de duros golpes, ahora ya no era un muchacho, era un despojo humano, su mirada inexpresiva se perdía en la penumbra del vacío, de la podredumbre, de todo lo que soportaba, que únicamente vegetaba.
Su cuerpo achacado por la desnutrición, daba el aspecto de un famélico esqueleto, que si bien respiraba y en algún grado mostraba vida, era únicamente un hálito de esperanza, estimulado por sus pensamientos y sus ideas, que lo prendían y lo contactaban con la realidad, ensañado por el odio por su infortunio y por las ansias de venganza a sus captores.
El capitán Domínguez, su principal verdugo había ya dejado de fastidiarlo, ya que a Dios gracias, fue trasladado a la base militar de otro departamento, gracias a su experiencia y sus instintos, lo hacían la persona ideal para el puesto, donde su maldad era requerida, y las acciones insurgentes en ese lugar habían cobrado auge y los objetivos militares recibieron fuertes golpes de la insurgencia.
El grupo guerrillero EJERCITO POPULAR LIBERTADOR ( E. P. L. ), incrementó su presencia y además logró importantes victorias en la zona montañosa, por lo que el militar había sido requerido para enfrentar la situación delicada. En Valle Dorado, especialmente en el cuartel, la vida continuaba inalterable, la rutina era desesperante como la vida de un poblado sin mas allá, conformista y sin esperanza. El diario acontecer del destacamento se concretaba, al toque al amanecer y rutinario de una corneta destemplada, conformación de pelotones de soldados, sacados a asolear y mantenerles refrescados el manejo de las armas, como obedecer ordenes, o el insistente entrenamiento de los reservistas, por las calles y el campo de la feria, lugar predilecto para efectuar dichas prácticas de marchas de orden cerrado. En el interior de las instalaciones, pequeños grupos de soldados hacían labores de limpieza, otros en el campo de pelota, se dedicaban a chamusquear con un balón de FUT-bol.
Era tan rutinario el cuartel, que ya entraba en la falta de importancia, el olvido, sobretodo la tenencia de rehenes o prisioneros; en el interior de la celda, el casi cadáver del acólito, apodado así por los miembros de la tropa, debido al trabajo que había desempeñado en el pasado.
El joven se encontraba, ese día, tirado en una esquina, retorciéndose de un fuerte dolor de estómago; el pestilente olor a mierda, invadía el ambiente, debido al padecimiento diarreico del joven. Por el lugar acertó a pasar el sargento encargado de las cuadras y  percibió el penetrante olor, se acercó a la bartolina ------ Ugh i ay! iay! --se dejaba escuchar en el interior de la celda, un débil gemido suplicante. -- Agua, quiero agua, por favor, me muero, el dolor, los asientos me matan, llamen a un doctor, por favor.---
--- Soldado, que está pasando con el prisionero--- preguntó.
---Sargento --le respondió, mientras le hacía el saludo--- novedades… el prisionero amaneció enfermo, tiene todo el día de estar cagón,  se queja de constante dolor.---- Abra la puerta, lo voy a inspeccionar.---
Sacó de un cajón de la mesa, una llave, se acercó, soltó el candado y empujó el pesado portón.
--- A la puta, aquí si apesta a caca --dijo el sargento al penetrar a la celda --vos patojo, ¿que te está pasando?...¿estás 'enfermo ?, o…a lo mejor te hizo daño la suculenta cena de ayer, Ja, Ja,. --dirigiéndose al soldado --hay que ponerlo a lavar las plastas.---
--- Agua, agua --alcanzó a decir, sin alientos de levantarse. La escena dantesca que se presentaba, mostraba una evidente imagen de despojo humano, cubierto con chirajos de tela, trapos sucios. En el rincón, tirado, revolcado en una pasta de materias fecales, se encontraba propiciando un aspecto desastroso, el insigne acólito, el pelo y la barba le habían crecido tanto, que parecía una animal greñudo y desnutrido.
--- Traigan una manguera y le dan una buena bañada a éste… las paredes y la bartolina, hay que hacer una buena limpieza para acabar con el mal olor.---
---Me muero, denme un poco de agua --susurró el enfermo, levantando una mano, para llamar la atención.
--- De esta si no salís vivo --dijo el sargento, a la vez que escupía en señal de repulsión y asco.
---Permiso mi sargento --dijo un soldado, al penetrar, con una cubeta de agua en las manos, que lanzó golpeando la maltrecha humanidad del patojo. La operación cubeta se repitió varias veces más, hasta dejarlo mojado de pies a cabeza, de pellejo a pelo.
agregar.
--- Mi capitán, novedades en la cuadra de los detenidos….
--- Adelante….que hay de nuevo.---
--- Señor…. En las bartolinas, donde se encuentran los prisioneros….. hay un enfermo, el que le dicen el acólito.---
---Y…..!---
--- El muchacho este, que ya tiene algún tiempo de estar preso, del tiempo de MI Comandante Domínguez, es el que se encuentra enfermo,  de asientos, quería saber que ordena mi comandante.---
---¿Qué tan mal está, el fulano…---
--- Está mal ….lo dejamos como está o se manda a  traer a alguien para que lo cure, i está bastante mal! .---
--- Que tan mal está, estará de pele ¿ o no ?---
--- Está bien jodido, ese se le deja asi y no amanece, a lo mejor estira el caite.---
---Sáquenlo de allí,  se me ocurre que sería mejor salir de él, de una vez por todas, es como para quitarse un peso de encima; ya nadie tiene interés ,en él, si no se sabe de su paradero, a lo mejor le hacemos un favor---
La noche se había hecho presente, solo un concierto de grillos se dejaba escuchar, las pequeñas luces del pueblo y de la plaza frente al cuartel, parecían brazas incandescentes, que de pronto se apagaban y volvían a encender, las calles solitarias reflejaban el eco del latir de los perros, que a la distancia, se contestaban unos a otros.
La puerta del destacamento se abrió y un vehículo tipo Jeep, salió por ella, con las luces apagadas, dos personas le conducían y en la parte posterior envuelto en una sábana, un cuerpo, un bulto de despojos de un ser humano, doblado en el asiento.
El Jeep aceleró la marcha, se dirigió velozmente calle abajo, en busca del camino, la salida del pueblo, la carretera principal. Cada piedra, cada hoyo, cada bache, hacían el cuerpo casi sin vida, golpeara con las partes metálicas del vehículo; varios gemidos se dejaron escuchar, al ocurrir estos somatones.
Le habían sacado del cuartel….., previendo un desenlace fatal, con el fin de deshacerse de él. Las órdenes eran precisas lanzarlo a la orilla de la carretera, lejos de allí, condenándolo y sin remedio a morir. Era más fácil que apareciera un cadáver en la cuneta del camino, o en un lote vacío, que explicar que alguien había fallecido en el interior de las instalaciones castrenses. Ya eran muchos los enterrados en las caballerizas del lugar.
Se condujeron por un camino de terracería, a la aldea El Jocote. Al llegar a una curva donde existía un monumento al Comandante José León Castillo, caudillo de un levantamiento armado, treinta años atrás. El jeep se detuvo, a la orilla del camino, los soldados tomaron el cuerpo envuelto de los pies a la cabeza, y lo lanzaron por los aires, hasta un barranco de unos cuantos metros, rodó, entonces sin rumbo, hasta estrellarse en los cactus del fondo.  El vehículo se alejó por donde vino.
---Hasta nunca, mi acólito ---se alcanzó a escuchar, irónicamente, por uno de los ocupantes del jeep.
Los rayos del sol se hicieron presentes, se asomaron tras las montañas desparramando su luz sobre la tierra. Los garrobos y las iguanas corrían de una a otra piedra para buscar el mejor lugar para broncearse.
Allí abandonado, en el fondo del barranco un cuerpo ensangrentado y amoratado, a quien le revoloteaban un sin número de moscas, detenido en su caída, por suerte en un rastrojo de cultivo de maní. No se movía, las piedras que le rodeaban eran las que le hacían junto a los bichos, compañía.
Un par de campesinos, pasaron por lo alrededores se dirigían a trabajar a los cultivos  de los alrededores, al verlo, se acercaron sigilosamente.
---¿ Quién será, Vos ? --dijo uno.
---¿ Estará vivo ? --dijo el otro, mientras se encogía de hombros --Parece que aún respira ---se inclinó, le tomó y sostuvo la cabeza ---Pasame el tecomate, vos… le voy a dar un sorbo de agua---
Sobre los labios resecos, y la grotesca barba llena de polvo dejó caer un chorro de agua, el inmediato contacto con el líquido, hizo que la boca se entre abriera y el agua corriera por boca y garganta, al producirse un trago que mostró que estaba vivo.
---Está vivo… vos --dijo el campesino ---
--- ¿Qué crees que debemos hacer, con él?---
---Voy a traer la carretilla de mano y me ayudás, lo llevamos al pueblo, tal vez en el puesto de socorro, puedan hacer algo por él… Por lo menos para un bien morir.---
Fue llevado en la carretilla de madera, a través de una vereda de un pequeño camino, hasta el caserío mas cercano. Los curiosos se acercaban hasta el herido, para ver de quien se trataba, o ver que era lo sucedido…. Pobrecito…,hubo quien dijera al verlo. Lo llevaron al puesto de socorro, donde fue dejado al cuidado de la enfermera.
Recibió, entonces, como bien se dice los primeros auxilios; la encargada, tomó en serio la emergencia y se dedicó a limpiar y curar todas y cada una de las heridas, además se percató del mal de asientos. Le puso un suero y le dio tratamiento, con pastillas  y un líquido sacado de un frasco que decía antidiarreico.
Después de algunas horas ya se notó una leve recuperación. Ella le dijo para consolarle: ---Ya podés estar tranquilo, lo que es hoy no te morís, es posible que te recuperes. A pesar de tu estado---
Le acaricio la cabeza, en enseguida se santiguó. Dios es el único que sabe si salís de esta….---pensó-
--- mañana será otro día espero, todo nos salga bien….
 Que le había practicado un sin número de curaciones de las casi incontables llagas y cicatrices que se distribuían como mapas en el cuerpo delgado. Los ungüentos y las vendas se multiplicaban en cada porción del cuerpo, de esa carne que más parecía hueso cubierto con pellejos. Era de sentir lástima, pero las cicatrices mas grandes y profundas eran las que no se lograban ver, las que contaban, las que marcaban su espíritu y su mente.
Ese había sido un día especial, para él, por primera vez en muchos años saboreo una comida caliente, las tortillas le parecieron deliciosas y el café de maravilla. Todo se lo debía a los cuidados de la enfermera y que su cuerpo había empezado a responder, reaccionar, faltaba siempre el reposo y algunas otras curaciones, pero en especial el alimento, le había echo mucho bien.
Y así amanecía cada día, mejor, el canto de los gallos anunciaban consuetudinariamente el alba y los rayos del sol rompían la penumbra y la oscuridad de la noche, cada día mejoraba, ahora ya esperaba a la enfermera sentado en la maltrecha camilla. En un de tantos, se hizo de valor y decidió aventurarse a levantarse, dando un pequeño salto cayo al suelo, casi de inmediato que hizo contacto con el piso, el dolor le recordó su pierna izquierda, a costas de su debilidad no se pudo sostener y cayó de costado, al suelo. Tomó entonces con sus manos la parte inferior de su pierna, la cual se encontraba desfigurada, el color de las costras de carne magullada, que mostraba hinchazón, esta le cubría hasta el tobillo.
--- Ayyy!--- gritó --- mier…., debo de tener la pata quebrada---
          Así era, pero a pesar del dolor y como pudo se apoyó sobre la otra pierna y el respaldo de una silla, se puso de pie, dobló la rodilla dejando en el aire la pierna fracturada, alcanzó una escoba y la utilizó de muleta, con eso se trasladó a la salida posterior del cuartito, el dolor era evidente y fuerte, experimentó un desmayo, que casi lo lleva al suelo, se detuvo en el dintel de la puerta, respiró profundo, cuando se sintió mejor, alcanzó a salir al patio,  el caso era que con todo y fractura, ya no soportaba los deseos de orinar. Se acercó a unos arbustos y vació la vejiga.
---Ahhhh!--- dijo en tono de satisfacción.
          La puerta de la entrada se abrió y la enfermera, entro, cargada de un sin numero de paquetes.
--- Buenos días.---como que veo que ya se siente mejor. Vaya no me hubiera imaginado verlo levantado tan pronto.
~ Buen día, desde ayer, he estado con la mejor intención, de decirle gracias, pero hoy es la oportunidad.---
---Sabe que me encuentra levantado por pura necesidad, ya me miaba ---El tono de su voz era suave, talvez aún por debilidad.--- Sufrí algunos golpes, en el pescuezo,.. que no me permiten hablar ..bien.---
          Ese esfuerzo realizado de voz gutural y grave, hacía difícil hacerse entender.
--- Venga para acá --le dijo la enfermera, a la vez que le tomaba el brazo. --hay que hacerle otra curación en las heridas…. tengo ver… ¿qué vamos hacer con su pierna?... la tiene quebrada, pero no tengo conque para componerla, ni para enyesarlo, por lo sería mejor llevarle al hospital para eso.
---Hospital….. a un hospital no, por favor! --haciendo una señal negativa, con sus manos.-- prefiero que se me pudra o quedarme así…. Señora por lo que mas quiera, pero no me mande al hospital, vea que puede hacer por mi.---
---El peligro es que se le pueda infectar, le puedo poner unos trozos de madera a manera de entablillado, pero voy a necesitar que me ayude,.. se me va a portar machito, pues eso si duele.---
---i JA!.... usted dele, que yo aguanto, con le que me ha tocado pasar, eso sería casi nada.---
Mientras se encontraba recostado en la camilla, la enfermera le lavó la herida de la pierna, luego tomó un par de pedazos de tabla y las colocó en su pierna lastimada, después lo vendó con unos trapos para apretar las tablas. Las vendas así recorrieron la pierna, desde la rodilla hasta el tobillo, hasta dejarla inmóvil.
--- Duele eso, verdad?--- le dijo la enfermera.
--- Ja… ni que lo diga, pero me aguanto.---
--- A propósito dime, ¿como te llamás?
---José Santos…..---
--- Yo me llamo Carmen, para servirte….para donde ibas cuando te accidentaste, vos no sos de aquí por los alrededores…. Nunca te había visto… Ya se de Valle Dorado?---
--- Sí ---
--- No se pero me late que si te sigo preguntando, que te pasó….o quién te hizo esto, me vas a mandar por un tubo no me vas a contestar Verdad?---
--- Si mejor….usted lo dice, usted lo sabe.---
--- Con esa pijaciada que te dieron… yo no vuelvo por otra…, a lo mejor fue la policía… a poco sos cuatrero, vos estás huyendo del ejército….Esta bien… al menos no tenés cara de mafioso vos patojo…ja, ja, ja ---
El joven acertó a dar una negativa, moviendo la cabeza de izquierda a derecha.
--- NOOO….--- dijo rotundamente.
--- ¿Entonces…….,mejor ya no pregunto… allá vos si me querés contar o no---mientras terminó de curar las heridas.
El silencio se hizo presente, las preguntas, le turbaron, en el rostro se le dibujó la aspereza de odio y de venganza. Se colocó de espaldas a la enfermera y escondió el rostro entre sus brazos.
Trascurrieron los días, las semanas, la recuperación de José Santos era formidable, las heridas habían cicatrizado en su totalidad y la pierna cada vez se ponía mejor, hasta el color había mejorado, el dolor era cosa del pasado. Pero sobre todo su actitud era positiva, su semblante cambió totalmente. Por las mañanas se levantaba muy activo y se ocupaba de hacer la limpieza, de dejar ordenado el local.
. Así transcurrió el tiempo, los pobladores ya le conocían, se constituyó en parte del paisaje, la recuperación y el ánimo, mejoraban, así como cuando era chico, empezó a asistir a la iglesia, ayudaba, sacerdote, los días de festividad religiosa y así como se empezó a incorporar a la vida, dedicaba gran parte de su tiempo a pequeños trabajos relacionados con el cultivo de la tierra.
Vivía en un cuartito en la guardianía de una finca, donde permanecía alejado del bullicio de la gente, era tímido, ensimismado y su única afición era visitar Carmen, la enfermera del puesto de socorro, quien se había convertido en su amiga, y de las pocas personas con quien  charlaba. Los días de descanso, cuando no ayudaba en la capilla, se encerraba en su cuarto a leer revistas, periódicos viejos, o caminaba hacia el río, donde se sentaba a observar a los patojos que se reunían para bañarse. Allí aprendió a contemplar la naturaleza, la que tanto había dejado de ver en su encierro; desde una roca en lo alto de un peñasco observaba una caída del agua, que salpicaba en una poza, que servía de piscina, lugar de diversión de la muchachada. Cuando se encontraba solo se metía al agua y retozaba como un niño vivaracho y juguetón.
Un día, de esos calurosos del verano, salió muy de mañana, con el deseo de darse un chapuzón, abandonó su cuarto y cruzando por un atajo, saltó una cerca y  internó en la vereda del zanjón que se dirigía al río. Era un hermoso paraje, los pájaros trinaban a su paso, los chiquirrines orquestaban una sinfonía matutina que se escuchaba a lo lejos y el calor invitaba a refrescarse con un baño. Se acercó a la quebrada que se formaba a lo largo de la poza, lugar donde se reunían las lavanderas, a sus labores cotidianas.
Al asomarse, escuchó voces femeninas, que venían de los lavaderos, se escondió detrás unos arbustos y con mucho cuidado, se asomó a la orilla de la cañada, separó algunas ramas., vio un par de bellas jóvenes, que charlaban y reían, mientras restregaban ropa. Una joven simpática, blanca de ojos zarcos,  en la flor de la vida, de unos diez y seis años, que lucía una larga trenza, que la hacía flotar en el agua. La otra era una muchacha hermosa, morena, de cabello suelto, bonita, la exquisitez de su bien formado y proporcionado cuerpo la hacía sumamente atractiva a los ojos de José Santos, le impresionó. Con sus diez y siete años, bien ganados, chula la patoja, como decían los abuelos. Las dos jovencitas se dedicaban a comentar los chismes del pueblo, las pocas cosas relevantes que sucedían en su comunidad. Cristina se llamaba la chica, y le gustó a tal grado que no le perdía detalle y como que no le quedaban ojos para otra cosa.
Se trató de incorporar y  una de las ramas del arbusto se quebró, produciendo un ruido que alertó a las jóvenes.
---¿Quién anda allí? ---dijo una de ellas ---oíste ese ruido---
El silencio se hizo presente y  el joven se quedó inmóvil, se agachó y aguantó la respiración.
--- Vos NINA, que me late que nos están vigiando ---dijo Cristina.
--- Yo no miro a nadie, pero por si acaso, hay que echar un vistazo---
--- A mi me da miedo, vos, mejor apurémonos y nos vamos derechito a la casa---
---Recoge la ropa que ya está seca, mientras yo saco desaguo la que me falta, de vez en cuando miraban a sus alrededores para tener la seguridad de que nadie  las vigiara. Mientras tanto, José Santos, cambió de lugar para ubicarse y poderlas observar mejor. Sin embargo su curiosidad estimulada por la belleza de las muchachas, le hacía levantar la cabeza frecuentemente.
---Chula. la muchacha--- pensó como es que se llamará?
La observaba, cada vez le llegaba más, quedó prendado de ella. Al cabo de un rato ambas jóvenes, tomaron sus baldes de ropa, los colocándolas sobre su cabeza, salieron rumbo a la vereda del camino. El muchacho al intuir que podía ser visto, saltó por detrás de un matorral, sin percatarse que el ruido las que iba a alertar, provocar, e hizo que las muchachas le miraran al sitio donde se encontraba.
--- i Ahhh..! un hombre, ¡Ahh..! --- gritó Nina.
Al oír esto José Santos, levantó la cabeza, justo en el preciso instante cuando Cristina pasaba. Una mirada profunda se cruzó entre ambos.
---¡Juzgón!--- le alcanzó a gritar, cuando se alejó.
Esa mirada le dejó petrificado, esos grandes ojos negros, le hechizaron. Pasado el susto se dió vuelta boca arriba y recostándose en el llano, vió en sus pensamientos emocionados la profundidad del azul del cielo, estaba perdido en el espacio, que era esa emoción que nunca antes había sentido, era una sensación extraña que le recorría el cuerpo.
Ya no se bañó, regresó por donde vino, contento a mas no poder, atravesó el potrero, donde para ajuste de penas lo corrió un torete sebucano, que le obligó a saltar las trancas a la desesperada, para evitar la corneada. El iba feliz, se dirigió al puesto de socorro en busca de doña Carmencita.
--- Buen día, Doña Carmen--- entró al puesto, sonriendo y casi cantando.
---Josesito, haber que te trae por aquí, días tengo de no verte, cuéntame como has estado.---
--- Como me ve,  bien ¿ y a usted como le va….?, ¿ y la familia ?---
---Púchica vos, que te está pasando, nunca te habla visto tan contento ---acercándose le tocó el rostro y le dijo:
---¿ No tendrás calentura? hummmmm…, ¿ o qué pita se te rompió ? , para que estés así, como nunca, hasta platicador venís, las otras ocasiones hasta con cuchara te sacaba las cosas.---
--- No diga eso, doña Carmen, es que usted es la única con quien yo tengo confianza de platicar, la única que me presta atención y ni modo con usted me gusta echarle al párrafo.---
--- JA, pero mi sentido no me engaña! , hoy te noto diferente, te ves contento, como si te hubieras sacado la lotería, hasta sonriente andás, haber contame…, que se me hace que alguna mosca te ha picado.---
---Usted se las sabe todas, cuando yo voy, usted ya viene de regreso. Mire Doña Camencha, pues como usted sabe uno es jo- ven y le llaman la atención las muchachas, pues... no se como decirle.---
---Haber vení para acá, sentate aquí -- señalándole con la mano el lugar junto a ella.---
--- Contame  y ¿ quién es la muchacha que te está haciendo perder la cabeza, como que te tiene medio bruto ?---
--- Mire, la verdad es que no se ni siquiera como es que se llama, nunca antes la había visto, hasta hoy, y yo por ser mero apartado de la gente del pueblo, se me hace difícil saber de donde viene, o pariente de quien es---bajó la cabeza humildemente ---me gusta la muchacha y quiero que me ayude a encontrarla.—
 --Ay patojo bandido, bien me imaginé, que en un rollo así andabas y como es que la vas a buscar, si ni siquiera sabés como se llama.---
--- Pues.., no lo sé, quizás si voy otra vez al río,  la vigeo---
---Te vas a pasar tus buenos días esperando, además si acaso la volvés a ver, será que te animas a hablarle?—
--Pues ni modo, le tengo que hacer yemas ---luego insistiendo --pero ¿verdad doña Carmen, que me va a ayudar?.---
---Claro muchacho, para eso es que somos amigos.---
Las cosas no habían sido para menos, la muchacha se impresionó también. En el patio de la casa de la muchacha, en las afueras del pueblo, comentaba con sus amigas, lo sucedido el día anterior en el río.
---¿ Vos conoces al tipo ese ?-- decía Cristina.
--- Callate, que ni tiempo de verlo me dio, me asusté tanto que ni me fijé ---respondió Nina.
---A mi no es que me interese, pero me gustaría saber quien es para darle una su buena maltratada.---
---De paso que una maltratada. A poco no te interesa. ¿ sabés a quien le podemos preguntar.---
--- A lo mejor a tu hermano, él lo debe de conocer, ¿ y si no es de aquí ?, yo nunca lo había visto---
--- Pero me late que bien que te interesa, vos Cristina, nunca estas tan preguntona, i JA I, ---
--- ¿ A mí ? , para que alguien me interese, debe de ser un hombre, macho y estudiado y a lo mejor hasta que tenga pisto.---
---Vos estás soñando, donde vas a encontrar un chavo así, en este pinche pueblo.---
---Pues aunque sea de la cabecera o si no de la capital, allá se consiguen buenos partidos.---
--- Mirá, ahora que me acuerdo, hace algún tiempo,  Panta y  Gumer', se encontraron un muchacho allá en la vega,  que se encontraba golpeado, como que lo dejaron tirado allí y lo llevaron al puesto---
--- A lo mejor. te acordás que dijeron que el ejército, lo había dejado allí.---
---Doña Carmen debe saber, ella le curó y lo cuidó, luego saber que se hizo.---
---y no dijeron que se había pelado, pues?---
--- A lo mejor dijeron eso para evitar que las autoridades lo siguieran buscando.---
--- A mi me da clavo ir a preguntarle a doña Carmen, es mera enojada la señora, además que va a pensar --- dijo Cristina.--- Que jodidos nos interesa.---
--- Como asi, que a nosotras, nos interesa….No, que a vos te interesa ---dijo Nina, burlándose.
Algo había sucedido, esa monotonía mantenida en la vida del joven, se había roto, no era el mismo José Santos que se iba a trabajar al campo, ya no hacía mas que pensar en ella, ya no le caminaba la mano, no le abundaba el trabajo, se tiraba a descansar largas horas bajo la sombra de los árboles. Mordisqueaba una tortilla, o tomaba sorbos de café, con la mirada perdida en el cielo. En su desesperación por conocerla, intentó encontrarla en el río, pero en vano. Desapareció la muchacha, se la tragó la tierra y ni su nombre había logrado averiguar.
Un día de tantos:
---José, José Santos --- gritó doña Carmen, a la orilla del cerco del rastrojo en que trabajaba ---Vení para acá, te tengo una buena noticia.---
---Doña Carmen --le dijo, mientras se le acercaba --- ¿no me diga que ya sabe algo de la muchacha?---
---Ni te imaginás.---
---Haber dígame, échese a volar ---dijo ansiosamente.
---Te recordás que hace unas semanas, me hablaste que te querías ir a la capital, pues bien, recibí carta de mi primo Andrés, dice que necesita un guardián para su granja y que si te querés ir, él te paga bien---
--- Usted solo me hizo la ilusión, bien sabe que no era la noticia que quería oír, claro que me interesa, pero…
--- Me imagino que lo que querías oír era otra cosa; bien se quien es la muchacha, no me lo vas a creer, pero ella mismita llegó al puesto a preguntarme por vos, bueno no por vos, sino por el .joven que habían recogido golpeado hace algunos meses, i Aguantá ! ...el asunto es que la patoja se llama Cristina y es hija de Guadalupe, la costurera,…. sabés que a ella le mataron a su papá hace algunos años, era un líder. De los que los tienen…. Así de grandes…..Pero bien, que buen gusto el que tenés, hermosa la patojota.---
--- De verdad…, Cristina se llama. ... ---no podía ocultar su emoción --- y como le hago para ver si le hago la entrada.---
---Eso no me lo preguntés a mi, vas a tener que ingeniártelas vos, yo solo te dije quien es el santo y vos sabrás como hacer el milagro.--- ¿Donde cree usted que la pueda ver?, sabe donde vive.---
--- Ni modo que te digo como cantineártela….  sabés que la patoja no es cualquier cosa, es estudiada, sacó la prevo en el instituto de Valle Dorado. Ese año fue cuando le mataron al papá, se regresó al terminar y ahora recibe clases de mecanografía, en la academia que se encuentra frente al parque, no sería nada malo que te dieras unas pasadita por allí, en la tarde como a eso de las cuatro, a lo mejor allí tenés la oportunidad.---
--- Mil gracias, Doña Carmen, que Dios me la bendiga.---
Era martes, pero e¡ pantalón dominguero, había salido a relucir, se había pasado la shilet, para afeitarse la barba. Una camisa bien planchada que gustaba lucir, cuando paseaba por los linderos del parque. En el lado opuesto se asomaba la capilla, con un rotulo mal pintado de “La Casa de Dios”. Y a la par, la tienda del chino, siempre había un oriental, que manejaba el comercio, la más importante del pueblo, mas allá, se encontraba la academia de mecanografía, adentro varias personas tecleaban unas antigüedades de máquinas, dentro del aprendizaje respectivo.
Pasó por el frente, en la acera opuesta, echó una mirada disimulada, todo con el fin de localizar a la chica,  a Cristina, luego caminó hasta una de las bancas y se sentó. La emoción le embargaba y nerviosamente se limpió sus manos, sobándoselas sobre los laterales del pantalón, ¡la había visto!  i era ella!.
Se Paseó un rato, como león en jaula, hasta que la vio salir y dirigirse hacia la esquina, como por inercia, corrió hacia la calle, para no perderla de vista, quiso darle alcance, pero ella, al darse cuenta, aligeró el paso. En su rostro se reflejó fugazmente una sonrisa especial al intuir de quien se trataba. En la siguiente esquina, se dio vuelta, se detuvo y se recostó en la pared, para hacerle espera a joven, este apareció y ella le salió a su paso, se paro frente a el, con ambas manos sobre las caderas, en forma de jarra, y lo enfrentó:
--- ¿ Porqué me sigue ? --le preguntó
--- Este… Yo –respondió, mostrar sorpresa, ---Cristina ---alcanzó a decir,  apenas pudo articular palabra.
--- Yo…, yo me llamo José Santos… COF. COF...-- carraspeo flemas, mientras agarraba valor para continuar--- Este,….tenía grandes deseos de conocerla.---
---Pues, ya me conoce, y de cuando acá usted sabe mi nombre.---
---Se recuerda de mí, la vez pasada en el río...---
--- Ah…!El juzgón, el que llega al río, a vigiar a las mujeres, ver lo que no debe, acaso no le de vergüenza---
---Discúlpeme, no fue mi intención asustarlas, no vaya a pensar que es mi costumbre ir a juzgar a las muchachas, cuando lavan.---
--- y pretende que yo le crea, a lo mejor, eso se mantiene haciendo
---Por Dios que a usted le fui a ver.---
--- A lo mejor, a la que fue a ver fue a mi amiga Nina--- le dijo a la vez que bamboleaba su cuerpo y se contorneaba.  Uno de los cuadernos que cargaba bajo el brazo, cayó a sus pies, al hacer un movimiento brusco. José, presto se agachó a recogerlo, mientras se incorporaba, la miró muy detenidamente desde la punta del pie, a través de sus bien formadas piernas, hasta el resto de su cuerpo; su mirada se detuvo vehemente al observar los turgentes senos, que se dibujaban a través del escote del vestido floreado que llevaba, le miró a los ojos, profundamente, aquellos ojos negro azabache, bellos, desafiantes, de una juventud e inocencia que atraían y retaban. Sus hermosos labios, carnosos, sensuales, y su hermosa cabellera que reposaba sobre sus hombros, con ese aroma a mujer bonita de olor a flor recién cortada por la mañana.
--- Sabe, que desde que la vi,  aquel día, en el río, me gusta.---
---i Ah…sí ! , que interesante, déjese de tonterías, como se atreve a decirme algo así, quién se cree que es, para decir eso. Soy una muchacha respetable, no cualquier cholera de las que usted le puedan interesar---
---Disculpe, no fue mi intención ofenderla, solo pretendía presentarme y hablarle…--- ella le interrumpió.
---Es tardísimo, mi mamá me va a regañar.---  y se hizo paso al caminar
--- Solo, quiero que me diga si puedo volverla a ver.-- insistió.
--- Tal vez. ...---y salió corriendo.
 --- Cuando…..?---
--- No lo sé--- le respondió, mientras encogía los hombros.
--- Mañana, aquí mismo ---le gritó
--- Quizás………..--- dijo  al desaparecer, cruzando la calle.
José Santos, no cabía de la emoción, se sentía realizado, le había conocido, y no le era indiferente, para él eso era más que suficiente, era su mundo y su ilusión
--- Chula la patoja ---se decía, mientras caminaba dirigiéndose a su cuarto.
--- i mañana!---
Llegó a su casa:
--- ¡Hijuela!.... mañana, otra vez, mañana….y se tumbó en el catre a seguir soñando despierto.
Muy de mañana salió al monte a realizar su jornal, despuntaba el alba, ese día tenía muchas cosas que hacer. Regadillos en las plantillas de tomate, etc. Amaneció muy activo, silbaba y se acompañaba con el golpe del azadón, sus labores fueron a todo dar, la jornada pasó sin pensar, imaginando la cita que tenía por la tarde.
¿Qué le iba a decir?, toda clase de imaginaciones y castillos en el aire, que iban y venían. La hora de la comida y el apetito le recordaron que la mañana había terminado. Tomó sus herramientas y se dirigió al puesto, donde le proporcionaban su comida.
---Doña Carmencita, buenas tardes…, haber que hay de almuerzo…, hoy creo que se me hizo tarde.---
--- Que tal José, ¿ cómo te va muchacho ?..., ¿ cómo que te tienen como chorizo en tienda? ó ¿Te pegó duro lo cosa…., JA, ja, ja ,ja--- La patoja…,verdad ?---
--Que va…,si hasta ayer la conocí, ni que eso fuera tan rápido.---
---Recordate que se te va hacer corto el tiempo, mi primo de quien te hablé quiere que te vayas a trabajar con él; si ... realmente estas dispuesto, te esperan el otro fin de semana…. Voy a mandar un telegrama diciendo que aceptas, y que te esperen.---
--- Pero aún me quedan unos días, yo le di mi palabra y la voy a cumplir, usted sabe que yo no le puedo fallar.---
Esa tarde José Santos, se encontraba desde muy temprano, sentado en la acera de piedra, donde había quedado de verse con Cristina. Al cabo de un rato, la vio venir y se puso de pié, ella pasó junto a él, pero de largo, dio unos cuantos pasos más, se detuvo, volteó a ver para todos lados, dio vuelta altivamente, y se aproximó. Y le dijo:
--- No se me vaya a acercar, ¿Qué es lo que quiere conmigo?, sabe que si nos ven y mi mamá lo sabe….me penquea.---
--- Cristina…--- le dijo ---como es que no la había conocido antes---
---Porque usted solo zampado en el puesto  y no  le ha gustado juntarse con nadie---
---Pero porque, si siempre iba al río, nunca la vi.---
---Sencillo, era la primera vez, que yo iba, mi mamá es la que siempre va, pero como ha estado enferma…. Ah!  Entiende.---
---Por ahí me contaron, algunas cosas de usted ---
--- Espero que nada malo.---
---Algunas cosas, me han contado, por ejemplo que no es de aquí, que tuvo algún problema con la autoridad, que casi lo matan. i QUE VIVE SOLO…..! , que no tiene familia y algunas cosas mas---
---De verdad que se sabe todo, lo que ha dicho es cierto, ojalá eso  no  la  decepcione de mi.---
---¿Decepcionarme… yo?, ¿ a cuenta de que ? ---
---Pues ya ve, y yo que casi no la conozco, lo único que se, es su nombre y algunas cosas que veo, que es una muchacha linda, guapa, hermosa y que como me gusta.---
---Ja, Ja, Ja, usted está loco ---
---Así me tiene --le dijo en tono tierno.
---Tampoco exagere, que no tiene más de ocho días de saber de  mi, y apenas un día de conocerme.---
---Aun así, y a pesar del corto tiempo, me tiene enamorado, como que la conociera de siempre ---y se acerco a ella con la  intención de tomarle la mano.
Ella retrocedió:
---Atrevido… ---
---Mire Cristina ---acercándosele de nuevo ---lo que sucede y debe de saber, es que estoy enamorado de usted y quisiera…., que se hiciera mi novia ---dió un paso adelante y le tomo la mano.
Cristina intentó soltarse, sin lograrlo y se tapó con la mano la boca, para protegerse del intento de un beso, volteó la cara y dando la espalda le dijo:
--- Déjeme, suélteme --y haló la mano, con tal fuerza, que  la soltó
---Usted es demasiado impulsivo--- le dijo--- usted pregunta y quiere que un
o acepte a puso tubo, ni le da chance a uno de pensarlo…además, ¿Como sabe si yo estoy dispuesta a aceptar?  y menos darle un beso, si apenas lo conozco.---
---Con tal de que la respuesta sea un si, la dejo que lo piense toda la vida.  Aunque debería de darme al menos una esperanza---
---Déjeme pensarlo... me voy porque se me hace tarde.---terminando de decir eso, salió a paso ligero, rumbo a la calle que la conducía a su casa, cuando había caminado unos cuantos pasos, se volteo y grito:
---Adiós, lo veo otro día,...con la respuesta--- y se sonrió, como dándole la aprobación, al suceso. Se notaba a las claras que ella también le gustaba.

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