Tres años habían transcurrido desde la desaparición de José Santos y la
muerte del padre Manuel. El recuerdo de lo sucedido se había esfumado en el
olvido, lo que permanecía invariable era la dictadura militar, la que a pesar
del tiempo con más férreas actitudes arrastraba tras las sombras actos deleznables,
violaciones a los derechos humanos, asesinatos, secuestros, masacres….
José Santos había permanecido como de incógnito marginado entre cuatro
paredes, involucrado y atado a un pecado en el cual jamás había tenido
participación. Quizá él nunca había tenido conciencia de lo que se trataba.
Su rostro se tornó tosco, las líneas de su cara endurecidas y
pronunciadas, la facies de un joven madurado a hombre a través de duros golpes,
ahora ya no era un muchacho, era un despojo humano, su mirada inexpresiva se
perdía en la penumbra del vacío, de la podredumbre, de todo lo que soportaba, que
únicamente vegetaba.
Su cuerpo achacado por la desnutrición, daba el aspecto de un famélico
esqueleto, que si bien respiraba y en algún grado mostraba vida, era únicamente
un hálito de esperanza, estimulado por sus pensamientos y sus ideas, que lo
prendían y lo contactaban con la realidad, ensañado por el odio por su
infortunio y por las ansias de venganza a sus captores.
El capitán Domínguez, su principal verdugo había ya dejado de
fastidiarlo, ya que a Dios gracias, fue trasladado a la base militar de otro
departamento, gracias a su experiencia y sus instintos, lo hacían la persona
ideal para el puesto, donde su maldad era requerida, y las acciones insurgentes
en ese lugar habían cobrado auge y los objetivos militares recibieron fuertes
golpes de la insurgencia.
El grupo guerrillero EJERCITO POPULAR LIBERTADOR ( E. P. L. ), incrementó
su presencia y además logró importantes victorias en la zona montañosa, por lo
que el militar había sido requerido para enfrentar la situación delicada. En
Valle Dorado, especialmente en el cuartel, la vida continuaba inalterable, la
rutina era desesperante como la vida de un poblado sin mas allá, conformista y
sin esperanza. El diario acontecer del destacamento se concretaba, al toque al
amanecer y rutinario de una corneta destemplada, conformación de pelotones de
soldados, sacados a asolear y mantenerles refrescados el manejo de las armas,
como obedecer ordenes, o el insistente entrenamiento de los reservistas, por
las calles y el campo de la feria, lugar predilecto para efectuar dichas
prácticas de marchas de orden cerrado. En el interior de las instalaciones,
pequeños grupos de soldados hacían labores de limpieza, otros en el campo de
pelota, se dedicaban a chamusquear con un balón de FUT-bol.
Era tan rutinario el cuartel, que ya entraba en la falta de importancia,
el olvido, sobretodo la tenencia de rehenes o prisioneros; en el interior de la
celda, el casi cadáver del acólito, apodado así por los miembros de la tropa,
debido al trabajo que había desempeñado en el pasado.
El joven se encontraba, ese día, tirado en una esquina, retorciéndose de
un fuerte dolor de estómago; el pestilente olor a mierda, invadía el ambiente,
debido al padecimiento diarreico del joven. Por el lugar acertó a pasar el
sargento encargado de las cuadras y
percibió el penetrante olor, se acercó a la bartolina ------ Ugh i ay! iay!
--se dejaba escuchar en el interior de la celda, un débil gemido suplicante. --
Agua, quiero agua, por favor, me muero, el dolor, los asientos me matan, llamen
a un doctor, por favor.---
--- Soldado,
que está pasando con el prisionero--- preguntó.
---Sargento
--le respondió, mientras le hacía el saludo--- novedades… el prisionero
amaneció enfermo, tiene todo el día de estar cagón, se queja de constante dolor.---- Abra la
puerta, lo voy a inspeccionar.---
Sacó de un cajón de la mesa, una llave, se acercó, soltó el candado y
empujó el pesado portón.
--- A la
puta, aquí si apesta a caca --dijo el sargento al penetrar a la celda --vos
patojo, ¿que te está pasando?...¿estás 'enfermo ?, o…a lo mejor te hizo daño la
suculenta cena de ayer, Ja, Ja,. --dirigiéndose al soldado --hay que ponerlo a lavar
las plastas.---
--- Agua,
agua --alcanzó a decir, sin alientos de levantarse. La escena dantesca que se
presentaba, mostraba una evidente imagen de despojo humano, cubierto con
chirajos de tela, trapos sucios. En el rincón, tirado, revolcado en una pasta
de materias fecales, se encontraba propiciando un aspecto desastroso, el
insigne acólito, el pelo y la barba le habían crecido tanto, que parecía una
animal greñudo y desnutrido.
--- Traigan
una manguera y le dan una buena bañada a éste… las paredes y la bartolina, hay
que hacer una buena limpieza para acabar con el mal olor.---
---Me
muero, denme un poco de agua --susurró el enfermo, levantando una mano, para
llamar la atención.
--- De
esta si no salís vivo --dijo el sargento, a la vez que escupía en señal de
repulsión y asco.
---Permiso
mi sargento --dijo un soldado, al penetrar, con una cubeta de agua en las manos,
que lanzó golpeando la maltrecha humanidad del patojo. La operación cubeta se
repitió varias veces más, hasta dejarlo mojado de pies a cabeza, de pellejo a
pelo.
agregar.
--- Mi
capitán, novedades en la cuadra de los detenidos….
---
Adelante….que hay de nuevo.---
---
Señor…. En las bartolinas, donde se encuentran los prisioneros….. hay un
enfermo, el que le dicen el acólito.---
---Y…..!---
--- El
muchacho este, que ya tiene algún tiempo de estar preso, del tiempo de MI
Comandante Domínguez, es el que se encuentra enfermo, de asientos, quería saber que ordena mi
comandante.---
---¿Qué
tan mal está, el fulano…---
--- Está
mal ….lo dejamos como está o se manda a traer a alguien para que lo cure, i está
bastante mal! .---
--- Que
tan mal está, estará de pele ¿ o no ?---
--- Está
bien jodido, ese se le deja asi y no amanece, a lo mejor estira el caite.---
---Sáquenlo
de allí, se me ocurre que sería mejor
salir de él, de una vez por todas, es como para quitarse un peso de encima; ya
nadie tiene interés ,en él, si no se sabe de su paradero, a lo mejor le hacemos
un favor---
La noche se había hecho presente, solo un concierto de grillos se dejaba
escuchar, las pequeñas luces del pueblo y de la plaza frente al cuartel, parecían
brazas incandescentes, que de pronto se apagaban y volvían a encender, las
calles solitarias reflejaban el eco del latir de los perros, que a la
distancia, se contestaban unos a otros.
La puerta del destacamento se abrió y un vehículo tipo Jeep, salió por
ella, con las luces apagadas, dos personas le conducían y en la parte posterior
envuelto en una sábana, un cuerpo, un bulto de despojos de un ser humano,
doblado en el asiento.
El Jeep aceleró la marcha, se dirigió velozmente calle abajo, en busca
del camino, la salida del pueblo, la carretera principal. Cada piedra, cada
hoyo, cada bache, hacían el cuerpo casi sin vida, golpeara con las partes
metálicas del vehículo; varios gemidos se dejaron escuchar, al ocurrir estos
somatones.
Le habían sacado del cuartel….., previendo un desenlace fatal, con el
fin de deshacerse de él. Las órdenes eran precisas lanzarlo a la orilla de la
carretera, lejos de allí, condenándolo y sin remedio a morir. Era más fácil que
apareciera un cadáver en la cuneta del camino, o en un lote vacío, que explicar
que alguien había fallecido en el interior de las instalaciones castrenses. Ya
eran muchos los enterrados en las caballerizas del lugar.
Se condujeron por un camino de terracería, a la aldea El Jocote. Al
llegar a una curva donde existía un monumento al Comandante José León Castillo,
caudillo de un levantamiento armado, treinta años atrás. El jeep se detuvo, a
la orilla del camino, los soldados tomaron el cuerpo envuelto de los pies a la
cabeza, y lo lanzaron por los aires, hasta un barranco de unos cuantos metros,
rodó, entonces sin rumbo, hasta estrellarse en los cactus del fondo. El vehículo se alejó por donde vino.
---Hasta nunca, mi acólito ---se alcanzó a escuchar, irónicamente, por
uno de los ocupantes del jeep.
Los rayos del sol se hicieron presentes, se asomaron tras las montañas
desparramando su luz sobre la tierra. Los garrobos y las iguanas corrían de una
a otra piedra para buscar el mejor lugar para broncearse.
Allí abandonado, en el fondo del barranco un cuerpo ensangrentado y
amoratado, a quien le revoloteaban un sin número de moscas, detenido en su caída,
por suerte en un rastrojo de cultivo de maní. No se movía, las piedras que le
rodeaban eran las que le hacían junto a los bichos, compañía.
Un par de campesinos, pasaron por lo alrededores se dirigían a trabajar a
los cultivos de los alrededores, al
verlo, se acercaron sigilosamente.
---¿ Quién será, Vos ? --dijo uno.
---¿ Estará vivo ? --dijo el otro, mientras se encogía de hombros
--Parece que aún respira ---se inclinó, le tomó y sostuvo la cabeza ---Pasame
el tecomate, vos… le voy a dar un sorbo de agua---
Sobre los labios resecos, y la grotesca barba llena de polvo dejó caer un
chorro de agua, el inmediato contacto con el líquido, hizo que la boca se entre
abriera y el agua corriera por boca y garganta, al producirse un trago que
mostró que estaba vivo.
---Está
vivo… vos --dijo el campesino ---
--- ¿Qué
crees que debemos hacer, con él?---
---Voy a
traer la carretilla de mano y me ayudás, lo llevamos al pueblo, tal vez en el
puesto de socorro, puedan hacer algo por él… Por lo menos para un bien morir.---
Fue llevado en la carretilla de madera, a través de una vereda de un
pequeño camino, hasta el caserío mas cercano. Los curiosos se acercaban hasta
el herido, para ver de quien se trataba, o ver que era lo sucedido…. Pobrecito…,hubo
quien dijera al verlo. Lo llevaron al puesto de socorro, donde fue dejado al
cuidado de la enfermera.
Recibió, entonces, como bien se dice los primeros auxilios; la
encargada, tomó en serio la emergencia y se dedicó a limpiar y curar todas y
cada una de las heridas, además se percató del mal de asientos. Le puso un
suero y le dio tratamiento, con pastillas
y un líquido sacado de un frasco que decía antidiarreico.
Después de algunas horas ya se notó una leve recuperación. Ella le dijo
para consolarle: ---Ya podés estar tranquilo, lo que es hoy no te morís, es
posible que te recuperes. A pesar de tu estado---
Le acaricio la cabeza, en enseguida se santiguó. Dios es el único que
sabe si salís de esta….---pensó-
---
mañana será otro día espero, todo nos salga bien….
Que le había practicado un sin número de
curaciones de las casi incontables llagas y cicatrices que se distribuían como
mapas en el cuerpo delgado. Los ungüentos y las vendas se multiplicaban en cada
porción del cuerpo, de esa carne que más parecía hueso cubierto con pellejos.
Era de sentir lástima, pero las cicatrices mas grandes y profundas eran las que
no se lograban ver, las que contaban, las que marcaban su espíritu y su mente.
Ese había sido un día especial, para él, por primera vez en muchos años
saboreo una comida caliente, las tortillas le parecieron deliciosas y el café
de maravilla. Todo se lo debía a los cuidados de la enfermera y que su cuerpo
había empezado a responder, reaccionar, faltaba siempre el reposo y algunas
otras curaciones, pero en especial el alimento, le había echo mucho bien.
Y así amanecía cada día, mejor, el canto de los gallos anunciaban
consuetudinariamente el alba y los rayos del sol rompían la penumbra y la
oscuridad de la noche, cada día mejoraba, ahora ya esperaba a la enfermera
sentado en la maltrecha camilla. En un de tantos, se hizo de valor y decidió
aventurarse a levantarse, dando un pequeño salto cayo al suelo, casi de
inmediato que hizo contacto con el piso, el dolor le recordó su pierna
izquierda, a costas de su debilidad no se pudo sostener y cayó de costado, al
suelo. Tomó entonces con sus manos la parte inferior de su pierna, la cual se
encontraba desfigurada, el color de las costras de carne magullada, que mostraba
hinchazón, esta le cubría hasta el tobillo.
---
Ayyy!--- gritó --- mier…., debo de tener la pata quebrada---
Así era, pero a pesar del dolor y como
pudo se apoyó sobre la otra pierna y el respaldo de una silla, se puso de pie, dobló
la rodilla dejando en el aire la pierna fracturada, alcanzó una escoba y la
utilizó de muleta, con eso se trasladó a la salida posterior del cuartito, el
dolor era evidente y fuerte, experimentó un desmayo, que casi lo lleva al
suelo, se detuvo en el dintel de la puerta, respiró profundo, cuando se sintió
mejor, alcanzó a salir al patio, el caso
era que con todo y fractura, ya no soportaba los deseos de orinar. Se acercó a
unos arbustos y vació la vejiga.
---Ahhhh!---
dijo en tono de satisfacción.
La puerta de la entrada se abrió y la
enfermera, entro, cargada de un sin numero de paquetes.
---
Buenos días.---como que veo que ya se siente mejor. Vaya no me hubiera
imaginado verlo levantado tan pronto.
~ Buen
día, desde ayer, he estado con la mejor intención, de decirle gracias, pero hoy
es la oportunidad.---
---Sabe
que me encuentra levantado por pura necesidad, ya me miaba ---El tono de su voz
era suave, talvez aún por debilidad.--- Sufrí algunos golpes, en el pescuezo,..
que no me permiten hablar ..bien.---
Ese esfuerzo realizado de voz gutural
y grave, hacía difícil hacerse entender.
---
Venga para acá --le dijo la enfermera, a la vez que le tomaba el brazo. --hay
que hacerle otra curación en las heridas…. tengo ver… ¿qué vamos hacer con su
pierna?... la tiene quebrada, pero no tengo conque para componerla, ni para enyesarlo,
por lo sería mejor llevarle al hospital para eso.
---Hospital…..
a un hospital no, por favor! --haciendo una señal negativa, con sus manos.--
prefiero que se me pudra o quedarme así…. Señora por lo que mas quiera, pero no
me mande al hospital, vea que puede hacer por mi.---
---El
peligro es que se le pueda infectar, le puedo poner unos trozos de madera a
manera de entablillado, pero voy a necesitar que me ayude,.. se me va a portar
machito, pues eso si duele.---
---i JA!....
usted dele, que yo aguanto, con le que me ha tocado pasar, eso sería casi nada.---
Mientras se encontraba recostado en la camilla, la enfermera le lavó la
herida de la pierna, luego tomó un par de pedazos de tabla y las colocó en su
pierna lastimada, después lo vendó con unos trapos para apretar las tablas. Las
vendas así recorrieron la pierna, desde la rodilla hasta el tobillo, hasta dejarla
inmóvil.
---
Duele eso, verdad?--- le dijo la enfermera.
--- Ja…
ni que lo diga, pero me aguanto.---
--- A
propósito dime, ¿como te llamás?
---José
Santos…..---
--- Yo
me llamo Carmen, para servirte….para donde ibas cuando te accidentaste, vos no
sos de aquí por los alrededores…. Nunca te había visto… Ya se de Valle
Dorado?---
--- Sí
---
--- No
se pero me late que si te sigo preguntando, que te pasó….o quién te hizo esto,
me vas a mandar por un tubo no me vas a contestar Verdad?---
--- Si
mejor….usted lo dice, usted lo sabe.---
--- Con esa
pijaciada que te dieron… yo no vuelvo por otra…, a lo mejor fue la policía… a
poco sos cuatrero, vos estás huyendo del ejército….Esta bien… al menos no tenés
cara de mafioso vos patojo…ja, ja, ja ---
El joven
acertó a dar una negativa, moviendo la cabeza de izquierda a derecha.
--- NOOO….---
dijo rotundamente.
---
¿Entonces…….,mejor ya no pregunto… allá vos si me querés contar o no---mientras
terminó de curar las heridas.
El silencio se hizo presente, las preguntas, le turbaron, en el rostro
se le dibujó la aspereza de odio y de venganza. Se colocó de espaldas a la
enfermera y escondió el rostro entre sus brazos.
Trascurrieron los días, las semanas, la recuperación de José Santos era
formidable, las heridas habían cicatrizado en su totalidad y la pierna cada vez
se ponía mejor, hasta el color había mejorado, el dolor era cosa del pasado.
Pero sobre todo su actitud era positiva, su semblante cambió totalmente. Por las
mañanas se levantaba muy activo y se ocupaba de hacer la limpieza, de dejar
ordenado el local.
. Así transcurrió el tiempo, los pobladores ya le conocían, se constituyó
en parte del paisaje, la recuperación y el ánimo, mejoraban, así como cuando
era chico, empezó a asistir a la iglesia, ayudaba, sacerdote, los días de
festividad religiosa y así como se empezó a incorporar a la vida, dedicaba gran
parte de su tiempo a pequeños trabajos relacionados con el cultivo de la
tierra.
Vivía en un cuartito en la guardianía de una finca, donde permanecía alejado
del bullicio de la gente, era tímido, ensimismado y su única afición era
visitar Carmen, la enfermera del puesto de socorro, quien se había convertido
en su amiga, y de las pocas personas con quien charlaba. Los días de descanso, cuando no ayudaba
en la capilla, se encerraba en su cuarto a leer revistas, periódicos viejos, o
caminaba hacia el río, donde se sentaba a observar a los patojos que se reunían
para bañarse. Allí aprendió a contemplar la naturaleza, la que tanto había
dejado de ver en su encierro; desde una roca en lo alto de un peñasco observaba
una caída del agua, que salpicaba en una poza, que servía de piscina, lugar de
diversión de la muchachada. Cuando se encontraba solo se metía al agua y
retozaba como un niño vivaracho y juguetón.
Un día, de esos calurosos del verano, salió muy de mañana, con el deseo
de darse un chapuzón, abandonó su cuarto y cruzando por un atajo, saltó una
cerca y internó en la vereda del zanjón
que se dirigía al río. Era un hermoso paraje, los pájaros trinaban a su paso, los
chiquirrines orquestaban una sinfonía matutina que se escuchaba a lo lejos y el
calor invitaba a refrescarse con un baño. Se acercó a la quebrada que se
formaba a lo largo de la poza, lugar donde se reunían las lavanderas, a sus
labores cotidianas.
Al asomarse, escuchó voces femeninas, que venían de los lavaderos, se
escondió detrás unos arbustos y con mucho cuidado, se asomó a la orilla de la cañada,
separó algunas ramas., vio un par de bellas jóvenes, que charlaban y reían,
mientras restregaban ropa. Una joven simpática, blanca de ojos zarcos, en la flor de la vida, de unos diez y seis
años, que lucía una larga trenza, que la hacía flotar en el agua. La otra era
una muchacha hermosa, morena, de cabello suelto, bonita, la exquisitez de su
bien formado y proporcionado cuerpo la hacía sumamente atractiva a los ojos de
José Santos, le impresionó. Con sus diez y siete años, bien ganados, chula la
patoja, como decían los abuelos. Las dos jovencitas se dedicaban a comentar los
chismes del pueblo, las pocas cosas relevantes que sucedían en su comunidad.
Cristina se llamaba la chica, y le gustó a tal grado que no le perdía detalle y
como que no le quedaban ojos para otra cosa.
Se trató de incorporar y una de
las ramas del arbusto se quebró, produciendo un ruido que alertó a las jóvenes.
---¿Quién
anda allí? ---dijo una de ellas ---oíste ese ruido---
El silencio se hizo presente y el
joven se quedó inmóvil, se agachó y aguantó la respiración.
--- Vos
NINA, que me late que nos están vigiando ---dijo Cristina.
--- Yo
no miro a nadie, pero por si acaso, hay que echar un vistazo---
--- A mi
me da miedo, vos, mejor apurémonos y nos vamos derechito a la casa---
---Recoge
la ropa que ya está seca, mientras yo saco desaguo la que me falta, de vez en
cuando miraban a sus alrededores para tener la seguridad de que nadie las vigiara. Mientras tanto, José Santos, cambió
de lugar para ubicarse y poderlas observar mejor. Sin embargo su curiosidad
estimulada por la belleza de las muchachas, le hacía levantar la cabeza
frecuentemente.
---Chula.
la muchacha--- pensó como es que se llamará?
La observaba, cada vez le llegaba más, quedó prendado de ella. Al cabo
de un rato ambas jóvenes, tomaron sus baldes de ropa, los colocándolas sobre su
cabeza, salieron rumbo a la vereda del camino. El muchacho al intuir que podía
ser visto, saltó por detrás de un matorral, sin percatarse que el ruido las que
iba a alertar, provocar, e hizo que las muchachas le miraran al sitio donde se
encontraba.
--- i
Ahhh..! un hombre, ¡Ahh..! --- gritó Nina.
Al oír esto José Santos, levantó la cabeza, justo en el preciso instante
cuando Cristina pasaba. Una mirada profunda se cruzó entre ambos.
---¡Juzgón!---
le alcanzó a gritar, cuando se alejó.
Esa
mirada le dejó petrificado, esos grandes ojos negros, le hechizaron. Pasado el
susto se dió vuelta boca arriba y recostándose en el llano, vió en sus
pensamientos emocionados la profundidad del azul del cielo, estaba perdido en
el espacio, que era esa emoción que nunca antes había sentido, era una
sensación extraña que le recorría el cuerpo.
Ya no se bañó, regresó por donde vino, contento a mas no poder, atravesó
el potrero, donde para ajuste de penas lo corrió un torete sebucano, que le
obligó a saltar las trancas a la desesperada, para evitar la corneada. El iba
feliz, se dirigió al puesto de socorro en busca de doña Carmencita.
--- Buen
día, Doña Carmen--- entró al puesto, sonriendo y casi cantando.
---Josesito,
haber que te trae por aquí, días tengo de no verte, cuéntame como has estado.---
--- Como
me ve, bien ¿ y a usted como le va….?, ¿
y la familia ?---
---Púchica
vos, que te está pasando, nunca te habla visto tan contento ---acercándose le
tocó el rostro y le dijo:
---¿ No tendrás
calentura? hummmmm…, ¿ o qué pita se te rompió ? , para que estés así, como
nunca, hasta platicador venís, las otras ocasiones hasta con cuchara te sacaba
las cosas.---
--- No
diga eso, doña Carmen, es que usted es la única con quien yo tengo confianza de
platicar, la única que me presta atención y ni modo con usted me gusta echarle
al párrafo.---
--- JA,
pero mi sentido no me engaña! , hoy te noto diferente, te ves contento, como si
te hubieras sacado la lotería, hasta sonriente andás, haber contame…, que se me
hace que alguna mosca te ha picado.---
---Usted
se las sabe todas, cuando yo voy, usted ya viene de regreso. Mire Doña
Camencha, pues como usted sabe uno es jo- ven y le llaman la atención las
muchachas, pues... no se como decirle.---
---Haber
vení para acá, sentate aquí -- señalándole con la mano el lugar junto a ella.---
---
Contame y ¿ quién es la muchacha que te
está haciendo perder la cabeza, como que te tiene medio bruto ?---
---
Mire, la verdad es que no se ni siquiera como es que se llama, nunca antes la
había visto, hasta hoy, y yo por ser mero apartado de la gente del pueblo, se
me hace difícil saber de donde viene, o pariente de quien es---bajó la cabeza
humildemente ---me gusta la muchacha y quiero que me ayude a encontrarla.—
--Ay patojo bandido, bien me imaginé, que en
un rollo así andabas y como es que la vas a buscar, si ni siquiera sabés como
se llama.---
---
Pues.., no lo sé, quizás si voy otra vez al río, la vigeo---
---Te
vas a pasar tus buenos días esperando, además si acaso la volvés a ver, será
que te animas a hablarle?—
--Pues
ni modo, le tengo que hacer yemas ---luego insistiendo --pero ¿verdad doña
Carmen, que me va a ayudar?.---
---Claro
muchacho, para eso es que somos amigos.---
Las cosas no habían sido para menos, la muchacha se impresionó también.
En el patio de la casa de la muchacha, en las afueras del pueblo, comentaba con
sus amigas, lo sucedido el día anterior en el río.
---¿ Vos
conoces al tipo ese ?-- decía Cristina.
--- Callate,
que ni tiempo de verlo me dio, me asusté tanto que ni me fijé ---respondió Nina.
---A mi
no es que me interese, pero me gustaría saber quien es para darle una su buena
maltratada.---
---De
paso que una maltratada. A poco no te interesa. ¿ sabés a quien le podemos
preguntar.---
--- A lo
mejor a tu hermano, él lo debe de conocer, ¿ y si no es de aquí ?, yo nunca lo
había visto---
--- Pero
me late que bien que te interesa, vos Cristina, nunca estas tan preguntona, i
JA I, ---
--- ¿ A
mí ? , para que alguien me interese, debe de ser un hombre, macho y estudiado y
a lo mejor hasta que tenga pisto.---
---Vos
estás soñando, donde vas a encontrar un chavo así, en este pinche pueblo.---
---Pues
aunque sea de la cabecera o si no de la capital, allá se consiguen buenos
partidos.---
---
Mirá, ahora que me acuerdo, hace algún tiempo,
Panta y Gumer', se encontraron un
muchacho allá en la vega, que se
encontraba golpeado, como que lo dejaron tirado allí y lo llevaron al puesto---
--- A lo
mejor. te acordás que dijeron que el ejército, lo había dejado allí.---
---Doña
Carmen debe saber, ella le curó y lo cuidó, luego saber que se hizo.---
---y no
dijeron que se había pelado, pues?---
--- A lo
mejor dijeron eso para evitar que las autoridades lo siguieran buscando.---
--- A mi
me da clavo ir a preguntarle a doña Carmen, es mera enojada la señora, además
que va a pensar --- dijo Cristina.--- Que jodidos nos interesa.---
--- Como
asi, que a nosotras, nos interesa….No, que a vos te interesa ---dijo Nina,
burlándose.
Algo había sucedido, esa monotonía mantenida en la vida del joven, se había
roto, no era el mismo José Santos que se iba a trabajar al campo, ya no hacía
mas que pensar en ella, ya no le caminaba la mano, no le abundaba el trabajo,
se tiraba a descansar largas horas bajo la sombra de los árboles. Mordisqueaba
una tortilla, o tomaba sorbos de café, con la mirada perdida en el cielo. En su
desesperación por conocerla, intentó encontrarla en el río, pero en vano. Desapareció
la muchacha, se la tragó la tierra y ni su nombre había logrado averiguar.
Un día de tantos:
---José,
José Santos --- gritó doña Carmen, a la orilla del cerco del rastrojo en que
trabajaba ---Vení para acá, te tengo una buena noticia.---
---Doña
Carmen --le dijo, mientras se le acercaba --- ¿no me diga que ya sabe algo de
la muchacha?---
---Ni te
imaginás.---
---Haber
dígame, échese a volar ---dijo ansiosamente.
---Te
recordás que hace unas semanas, me hablaste que te querías ir a la capital,
pues bien, recibí carta de mi primo Andrés, dice que necesita un guardián para
su granja y que si te querés ir, él te paga bien---
---
Usted solo me hizo la ilusión, bien sabe que no era la noticia que quería oír,
claro que me interesa, pero…
--- Me
imagino que lo que querías oír era otra cosa; bien se quien es la muchacha, no
me lo vas a creer, pero ella mismita llegó al puesto a preguntarme por vos,
bueno no por vos, sino por el .joven que habían recogido golpeado hace algunos
meses, i Aguantá ! ...el asunto es que la patoja se llama Cristina y es hija de
Guadalupe, la costurera,…. sabés que a ella le mataron a su papá hace algunos
años, era un líder. De los que los tienen…. Así de grandes…..Pero bien, que
buen gusto el que tenés, hermosa la patojota.---
--- De
verdad…, Cristina se llama. ... ---no podía ocultar su emoción --- y como le
hago para ver si le hago la entrada.---
---Eso
no me lo preguntés a mi, vas a tener que ingeniártelas vos, yo solo te dije
quien es el santo y vos sabrás como hacer el milagro.--- ¿Donde cree usted que
la pueda ver?, sabe donde vive.---
--- Ni
modo que te digo como cantineártela…. sabés
que la patoja no es cualquier cosa, es estudiada, sacó la prevo en el instituto
de Valle Dorado. Ese año fue cuando le mataron al papá, se regresó al terminar
y ahora recibe clases de mecanografía, en la academia que se encuentra frente
al parque, no sería nada malo que te dieras unas pasadita por allí, en la tarde
como a eso de las cuatro, a lo mejor allí tenés la oportunidad.---
--- Mil
gracias, Doña Carmen, que Dios me la bendiga.---
Era martes, pero e¡ pantalón dominguero, había salido a relucir, se
había pasado la shilet, para afeitarse la barba. Una camisa bien planchada que
gustaba lucir, cuando paseaba por los linderos del parque. En el lado opuesto
se asomaba la capilla, con un rotulo mal pintado de “La Casa de Dios”. Y a la par, la
tienda del chino, siempre había un oriental, que manejaba el comercio, la más
importante del pueblo, mas allá, se encontraba la academia de mecanografía,
adentro varias personas tecleaban unas antigüedades de máquinas, dentro del aprendizaje
respectivo.
Pasó por el frente, en la acera opuesta, echó una mirada disimulada,
todo con el fin de localizar a la chica,
a Cristina, luego caminó hasta una de las bancas y se sentó. La emoción
le embargaba y nerviosamente se limpió sus manos, sobándoselas sobre los
laterales del pantalón, ¡la había visto!
i era ella!.
Se Paseó un rato, como león en jaula, hasta que la vio salir y dirigirse
hacia la esquina, como por inercia, corrió hacia la calle, para no perderla de
vista, quiso darle alcance, pero ella, al darse cuenta, aligeró el paso. En su
rostro se reflejó fugazmente una sonrisa especial al intuir de quien se
trataba. En la siguiente esquina, se dio vuelta, se detuvo y se recostó en la
pared, para hacerle espera a joven, este apareció y ella le salió a su paso, se
paro frente a el, con ambas manos sobre las caderas, en forma de jarra, y lo
enfrentó:
--- ¿
Porqué me sigue ? --le preguntó
---
Este… Yo –respondió, mostrar sorpresa, ---Cristina ---alcanzó a decir, apenas pudo articular palabra.
--- Yo…,
yo me llamo José Santos… COF. COF...-- carraspeo flemas, mientras agarraba valor
para continuar--- Este,….tenía grandes deseos de conocerla.---
---Pues,
ya me conoce, y de cuando acá usted sabe mi nombre.---
---Se recuerda
de mí, la vez pasada en el río...---
--- Ah…!El
juzgón, el que llega al río, a vigiar a las mujeres, ver lo que no debe, acaso
no le de vergüenza---
---Discúlpeme,
no fue mi intención asustarlas, no vaya a pensar que es mi costumbre ir a
juzgar a las muchachas, cuando lavan.---
--- y
pretende que yo le crea, a lo mejor, eso se mantiene haciendo
---Por
Dios que a usted le fui a ver.---
--- A lo
mejor, a la que fue a ver fue a mi amiga Nina--- le dijo a la vez que bamboleaba
su cuerpo y se contorneaba. Uno de los
cuadernos que cargaba bajo el brazo, cayó a sus pies, al hacer un movimiento
brusco. José, presto se agachó a recogerlo, mientras se incorporaba, la miró
muy detenidamente desde la punta del pie, a través de sus bien formadas piernas,
hasta el resto de su cuerpo; su mirada se detuvo vehemente al observar los
turgentes senos, que se dibujaban a través del escote del vestido floreado que
llevaba, le miró a los ojos, profundamente, aquellos ojos negro azabache, bellos,
desafiantes, de una juventud e inocencia que atraían y retaban. Sus hermosos labios,
carnosos, sensuales, y su hermosa cabellera que reposaba sobre sus hombros, con
ese aroma a mujer bonita de olor a flor recién cortada por la mañana.
--- Sabe,
que desde que la vi, aquel día, en el
río, me gusta.---
---i Ah…sí
! , que interesante, déjese de tonterías, como se atreve a decirme algo así,
quién se cree que es, para decir eso. Soy una muchacha respetable, no cualquier
cholera de las que usted le puedan interesar---
---Disculpe,
no fue mi intención ofenderla, solo pretendía presentarme y hablarle…--- ella
le interrumpió.
---Es
tardísimo, mi mamá me va a regañar.--- y
se hizo paso al caminar
---
Solo, quiero que me diga si puedo volverla a ver.-- insistió.
--- Tal
vez. ...---y salió corriendo.
--- Cuando…..?---
--- No
lo sé--- le respondió, mientras encogía los hombros.
--- Mañana,
aquí mismo ---le gritó
---
Quizás………..--- dijo al desaparecer,
cruzando la calle.
José Santos, no cabía de la emoción, se sentía realizado, le había
conocido, y no le era indiferente, para él eso era más que suficiente, era su
mundo y su ilusión
---
Chula la patoja ---se decía, mientras caminaba dirigiéndose a su cuarto.
--- i
mañana!---
Llegó a su casa:
---
¡Hijuela!.... mañana, otra vez, mañana….y se tumbó en el catre a seguir soñando
despierto.
Muy de mañana salió al monte a realizar su jornal, despuntaba el alba,
ese día tenía muchas cosas que hacer. Regadillos en las plantillas de tomate,
etc. Amaneció muy activo, silbaba y se acompañaba con el golpe del azadón, sus
labores fueron a todo dar, la jornada pasó sin pensar, imaginando la cita que
tenía por la tarde.
¿Qué le iba a decir?, toda clase de imaginaciones y castillos en el
aire, que iban y venían. La hora de la comida y el apetito le recordaron que la
mañana había terminado. Tomó sus herramientas y se dirigió al puesto, donde le
proporcionaban su comida.
---Doña
Carmencita, buenas tardes…, haber que hay de almuerzo…, hoy creo que se me hizo
tarde.---
--- Que
tal José, ¿ cómo te va muchacho ?..., ¿ cómo que te tienen como chorizo en
tienda? ó ¿Te pegó duro lo cosa…., JA, ja, ja ,ja--- La patoja…,verdad ?---
--Que
va…,si hasta ayer la conocí, ni que eso fuera tan rápido.---
---Recordate
que se te va hacer corto el tiempo, mi primo de quien te hablé quiere que te
vayas a trabajar con él; si ... realmente estas dispuesto, te esperan el otro
fin de semana…. Voy a mandar un telegrama diciendo que aceptas, y que te
esperen.---
--- Pero
aún me quedan unos días, yo le di mi palabra y la voy a cumplir, usted sabe que
yo no le puedo fallar.---
Esa tarde José Santos, se encontraba desde muy temprano, sentado en la
acera de piedra, donde había quedado de verse con Cristina. Al cabo de un rato,
la vio venir y se puso de pié, ella pasó junto a él, pero de largo, dio unos
cuantos pasos más, se detuvo, volteó a ver para todos lados, dio vuelta
altivamente, y se aproximó. Y le dijo:
--- No
se me vaya a acercar, ¿Qué es lo que quiere conmigo?, sabe que si nos ven y mi
mamá lo sabe….me penquea.---
---
Cristina…--- le dijo ---como es que no la había conocido antes---
---Porque
usted solo zampado en el puesto y no le ha gustado juntarse con nadie---
---Pero
porque, si siempre iba al río, nunca la vi.---
---Sencillo,
era la primera vez, que yo iba, mi mamá es la que siempre va, pero como ha
estado enferma…. Ah! Entiende.---
---Por
ahí me contaron, algunas cosas de usted ---
---
Espero que nada malo.---
---Algunas
cosas, me han contado, por ejemplo que no es de aquí, que tuvo algún problema
con la autoridad, que casi lo matan. i QUE VIVE SOLO…..! , que no tiene familia
y algunas cosas mas---
---De
verdad que se sabe todo, lo que ha dicho es cierto, ojalá eso no la decepcione de mi.---
---¿Decepcionarme…
yo?, ¿ a cuenta de que ? ---
---Pues
ya ve, y yo que casi no la conozco, lo único que se, es su nombre y algunas
cosas que veo, que es una muchacha linda, guapa, hermosa y que como me
gusta.---
---Ja,
Ja, Ja, usted está loco ---
---Así
me tiene --le dijo en tono tierno.
---Tampoco
exagere, que no tiene más de ocho días de saber de mi, y apenas un día de conocerme.---
---Aun
así, y a pesar del corto tiempo, me tiene enamorado, como que la conociera de
siempre ---y se acerco a ella con la
intención de tomarle la mano.
Ella retrocedió:
---Atrevido…
---
---Mire
Cristina ---acercándosele de nuevo ---lo que sucede y debe de saber, es que
estoy enamorado de usted y quisiera…., que se hiciera mi novia ---dió un paso
adelante y le tomo la mano.
Cristina intentó soltarse, sin lograrlo y se tapó con la mano la boca,
para protegerse del intento de un beso, volteó la cara y dando la espalda le
dijo:
--- Déjeme, suélteme --y haló la mano, con tal fuerza, que la soltó
---Usted
es demasiado impulsivo--- le dijo--- usted pregunta y quiere que un
o acepte
a puso tubo, ni le da chance a uno de pensarlo…además, ¿Como sabe si yo estoy
dispuesta a aceptar? y menos darle un
beso, si apenas lo conozco.---
---Con
tal de que la respuesta sea un si, la dejo que lo piense toda la vida. Aunque debería de darme al menos una esperanza---
---Déjeme
pensarlo... me voy porque se me hace tarde.---terminando de decir eso, salió a
paso ligero, rumbo a la calle que la conducía a su casa, cuando había caminado
unos cuantos pasos, se volteo y grito:
---Adiós,
lo veo otro día,...con la respuesta--- y se sonrió, como dándole la aprobación,
al suceso. Se notaba a las claras que ella también le gustaba.
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