martes, 14 de mayo de 2013

ACOLITO V PARTE



El famoso Comandante Sancho, regreso a su área de influencia a su lugar de origen, en el altiplano. En búsqueda de la identidad que le había sido borrada en sus años de infancia.
El nuevo centro de operaciones, a inmediaciones de la carretera Panamericana, era una casa antigua, que había sido abandonada después del terremoto del año 1976. Su ubicación era ideal, se encontraba en lo alto de una colina que dominaba  gran parte de la carretera principal, enclavada en un espeso bosque, con acceso en la parte posterior, a través de puente colgante, que franqueaba un desfiladero. Era una de esas hamacas construida con cables y tablones que había sido apuntalados en una base de piedra. La vivienda aunque semi destruida y en algunas áreas con ausencia de techo,  tenía además un pequeño kiosco en la parte superior, que servia de atalaya, era un verdadero puesto de vigilancia.
Sancho gustaba de ese lugar, le servia para los descansos, cuando no estaba en campaña y era ideal para la meditación. Acostumbraba a observando el horizonte, durante largas horas, pensando en las personas a quien amaba y extrañaba. A su madre, al amor de su vida, Cristina, mas de alguna vez había pensado qué realmente estaba haciendo allí,  si una lucha, estéril, quizas… como iba a acabar; si era simplemente una aventura. O verdaderamente una lucha de clase que nunca términa, o simplemente era un motivo de venganza hacia los desgraciados que le había torturado, era innegable el odio a su principal verdugo el comandante Domínguez.
De su madre v sus hermanos. nunca tuvo noticias, desde que fue capturado allá, en Valle Dorado, durante su cautiverio y después en su salida, aun cuando permaneció en la aldea el Jocote, nunca regreso.
Después que volvió del extranjero. le fue recomendado, no hacer contacto con amigos o familiares.. para no ponerlos en "peligro y como medidas de seguridad para las fuerzas insurrectas. Pero nunca los había olvidado. Por otro lado estaba interesado y pendiente de las noticias, que en algún momento pudiera tenerle Esteban, su amigo,  relativas a Cristina, la mujer de su vida y a quien amaba.
Un día de tantos decidió ir en busca de su amigo, agarró su mochila,  se vistió de paisano y salió muy de mañana, a  buscar como  transportarse hacia la villa de San Bernardo. Caminó  un largo trecho por la orilla de la carretera, donde con el brazo en alto lo alcanzó una camioneta subió a ella, una hora después a inmediaciones de la Cuchilla, descendió.
--- Es una Choca *. cuate --le dijo el ayudante.
--- Veinticinco len --- replicó, tomó su pañuelo, le desató una de las puntas, lugar donde guardaba el dinero, le entregó la moneda.
Caminó entre los canastos y las ventas que allí acostumbraban, se acercó donde se instalaban las mujeres que vendían comida, pidió un vaso de atole de elote y lo bebió.  Mas tarde. continuó su camino, hasta llegar a un camino de terracería. Allí donde el rótulo decía a la Carpa, allí eran las granjas de Los Planes.
Por la hora, sabía positivamente que encontraría a Esteban, ya que por lo general se iba a su casa a eso de cinco de la tarde. Se acercó hasta la entrada de la finca y penetro a través del cerco. El terreno se encontraba cultivado de maíz y las cañas eran tan altas que no permitían la visibilidad tanto de afuera, como de adentro. Muy cauteloso se acerco hasta las inmediaciones del rancho, donde se encontró a  Esteban quien se disponía a cerrar la puerta del rancho, agarró su bicicleta e intentó abordarla, pero la José Santos se lo impidió.
--- ¡EPA! --- dijo se sorprendió al ver a su amigo.
--- Soy yo, vos pendejo ---
---Me vas a matar del susto---
--- NI que fuera pa´tanto--- y le estrechó la mano
---Creí que nunca ibas a venir, hace ya mas de un mes que te espero,  o es que ya se te paso la calentura por la traida---
---Cuestiones del trabajo ---respondió, pero ya estoy aquí,  tenés alguna noticia para mi, o es puro cuento eso de que fuiste --- lo tomó de la camisa -- No me vayas a decir que no llevaste la carta ---
---¡Tranquilo mano! Claro que si, me costó pero llegué.---
---Mira lo que me interesa es si encontraste a la Cristina,…. Me trajiste alguna noticias.---
--- Te traje algo, pero paciencia hombre, ya voy --- se dirigió a  la puerta del rancho ---pasa pues.---
---Me ponés, nervioso.---dijo José Santos
---Es más fácil si hablamos aquí dentro …….Pero contame que aventuras andas cargando ahora….. tuviste que ver con lo del secuestro del periodista, mano ?---
--- i AH ! , después te cuento. i., Me tenés noticias o no ? ---
---Si pero teneme paciencia,  te diré que fue una experiencia la que pasé. Para que te cuento….”Llegué al Jocote, como son de diferentes los pueblos de oriente, verdad ?....no fue fácil encontrar a la señora del puesto de socorro… ¿Como es que se llama?
---Carmen --- respondió José Santos
---Así, pues ella, no me recibió muy de buena gana, digamos que no quería soltarme prenda, así como que me tenia desconfianza, disque porque vos le habías quedado mal a su familiar…. Pues, ni modo le tuve que contar una cuantas mentiras para que se suavizara y  me dijera como hacer para la entregar la carta. Me preguntó por vos,  que por donde andabas y que a que te dedicabas… Bueno  yo le dije que trabajabas en una fábrica, que no te daban permiso para salir y que por eso había llegado YO.---
 ---Contame y ¿Qué mas te preguntó? ---
---Me dijo que ojalá no anduvieras por el mal camino. Pero yo le conté que a muchos, no había ido mal y teníamos problemas con el ejército y que gente como vos habían tenido que dejar el lugar, para evitar que los mataran---
--- Pero contá… vistes a Cristina.---
---Bueno, la señora al fin de las cansadas, me dijo que ella  llevaría la carta… me dejó en el puesto, luego al cabo de un rato llegó con la muchacha ---haciendo una pausa--- bonita… Vos.. tenés buen gusto.---
--- Seguí pues…..
--- Bueno. Entonces la conocí… me preguntó de como te encontrabas, que había leído la carta, pero que le interesaba que le contara algunas cosas mas. Me preguntó  de que como nos habíamos conocido,  entusiasmada se puso cuando le dije que vos habías trabajado conmigo en la granja y mas cuando le dije que vos como hablabas de ella. Hasta colorada se puso. Estaba bien contenta, me dijo si era cierto que no te habías casado o eso si no tenías mujer, y yo le dije que por Diosito que no. Ella te manda a decir en una carta que ni novio ha tenido y que está esperando por VOS, si es que algún día regresas. Pero para que  te cuento, tantito  mejor te doy la carta y te enterás.
De un cajón, lleno de papeles, sacó una bolsa plástica color amarillo, con propaganda de  supermercado. Tomó un sobre aéreo y se lo entregó.
--- Gracias …mano…---
Tomó el sobre y mostrando gran felicidad, rompió la orilla, saco la carta y la desenvolvió.---
--- Prendete una candela vos... que ya no ve bien---
Se acurrucó, acercándose a la candela y se hizo ala lectura…como que repasaba cada una de las líneas, las frases como para no perder detalle.
El encuentro con su amigo le dejado emocionado y sobre todo el haber obtenido noticias de Cristina. muchas cosas pensaba y en muchas recapacitaba ya no sabía  si lo que estaba haciendo era lo mejor, quizás abandonar la lucha para ir a buscarla. El caso era que se encontraba feliz y  tuvo sentido el tiempo invertido ese día.
A la mañana caminó, hacia su destino.  Bajó del bus en la cercanías del paraje, camino hacia a la casa de campo. Subió la vereda a la colina, bordeando los nacimientos de agua y el riachuelo que allí corría, en el desfiladero, se dejaba escuchar el sonido del follaje y el movimiento de las aguas que se desplazaban alegremente hacia el fondo del barranco, lo que le daba un marco de belleza selvático. Los trinos  de las aves a su alrededor era como el despertar musical de la campiña.
El olor a rocío de la mañana se entremezclaba con la pureza del aire matinal del altiplano Guatemalteco. Toda esta estampa hacía que el Comandante Sancho, se le despertara  instinto de hombre amante de la libertad de su pueblo, Quizás una manera de justificar el sabor de su lucha.
Algunos descuidos cometidos, por la imprudencia, provocaron que  llamara la atención de personas vinculadas al ejército, cuijes como les decían, se dieron a la tarea de seguir de cerca los movimientos irregulares del Comandante. Un comisionado Militar le había visto abandonar la Villa de San Bernardo, y le siguió hasta el lugar donde descendió del bus.
Sancho llegó al campamento, se tumbo en una lona dentro de la habitación donde reposaban dos compañeros combatientes del grupo.
---Como le fue, mi comandante.---
---Muy bien, recibí las noticias que esperaba….
--- ¿Y la muchacha ? ---
---Por ay está. Aun esperándome: oigan:¿.. Agustín donde está? ---
---El compañero Agustín, salió temprano. A conseguir algo de comer---
---Hay que relevar a los del puesto de  vigilancia---
--- !Ustedes… háganse cargo, voy a tratar de dormir un cacho---
--- A la orden mi comandante.---
Los dos hombres abandonaron la habitación.
Horas mas tarde.
--- ¡Comandante Sancho!...¡Comandante Sancho! ---gritaba  Agustín.
---¡¿ Qué te pasa ?!--- respondió, saliendo de la habitación.
--- ¡Comandante Sancho!--- indicó mientras se cuadraba frente a él.--- vienen los soldados, dos camiones del ejército se apostaron en la entrada de la vereda…. Vienen para acá ---
Ambos corrieron hacia el puesto de vigilancia, para constatar, efectivamente un puñado de soldados se penetraba al bosque, por la vereda.
---Hay que abandonar el lugar, carguen con lo que puedan---
***i Me han de haber seguido*** pensó, luego indicó a  Agustín:
--- tomá tus hombres y defiendan el paso del puente.---
--- ¡Vamos…..!
Cuatro hombres corrieron hacia la empalizada de ciprés, que colindaba con el desfiladero. de donde colgaba el puente que comunicaba con la colina. Por el lado del nacimiento del riachuelo, se desplazaban dos columnas de soldados y se ocultaban en el interior del bosque.
--- Fuego a discreción….---dijo Agustín--- cuando se acerquen a la entrada del puente---.
Los disparos y las ráfagas de la metralla no se hicieron esperar, el eco provocado por el desfiladero magnificaban el sonido del tableteo, los proyectiles, silbaban, perforando, cuanto objeto encontraban a su paso y haciendo que se levantaran las hojas y la cáscara de los cipreses.
En medio de lo tupido del fuego de ambos lados, intrépidos soldados se hicieron hacia la entrada del puente ingresaron en él. Mientras con los fusiles M-l, escupían fuego para abrirse paso. Detrás de un corto silencio un disparo y uno de los soldados… se precipito al vacío, dando un alarido en la caída. El otro se acurruco para evadir los disparos, se puso de pié para continuar, pero corrió con la misma suerte, fue alcanzado por una bala que lo hizo caer sobre las tablas, obstruyendo el paso. El golpe lo desplazo hasta la orilla e hizo que se resbalara por un costado hacia el precipicio, pero aun logró asirse a uno de los cables. Uno de sus compañeros se le acerco y le tomó del brazo é intento jalarlo, pero el peso era grande,  con el bamboleo que se produjo ambos perdieron el equilibrio y cayeron al fondo del barranco.
En ese momento, otros soldados habían logrado atravesar el puente, por lo que en un momento se encontraban encima de la trinchera. Los hombres de Agustín habían iniciado la retirada dejando  una cauda de compañeros muertos.
El Comandante Sancho y sus compañeros huyeron por  los linderos de la casa hasta parapetarse por detrás de pilas de leña. Los disparos continuaron el grupo guerrillero, once en total resistía, uno de los insurgentes le fue ordenado cortarle la retirada a la tropa, bordeando la casa, a corta distancia del puente, lanzó dos granadas de fragmentación, haciendo blanco en el puente, las tablas que formaban la estructura del colgante voló en mil pedazos. La comunicación con el resto de la tropa se interrumpió.
El .joven de la hazaña se levantó de la trinchera con tan poca suerte, que una ráfaga de metralla le abrochó el pecho. El resto del grupo, aun parapetado en la pilas de leña, continuaba disparando mientras recurría a la retirada, se arrastraron hacia el desfiladero,  amarrando gruesos lazos a la base de unos troncos, los lanzaron al vacío, descendiendo vertiginosamente, por la orilla de la montaña.
Una explosión se dejó escuchar, la casa de campo, o lo que quedaba de ella, fue destruido, los restos de las paredes llovían por toda la maleza salpicando de luces el desfiladero.
El descenso fue dificultoso, pero con éxito, el grupo alcanzó el río, en una caída de agua, entre varias enormes rocas. Remontaron el vado y caminaron  por las playas del riachuelo hasta llegar al lugar donde se hace contacto con la carretera bajo la sombra de un puente. Allí, cerca de la base de la montaña, encontraron con grutas, donde la gente del lugar, acostumbraba de sacar arenilla de la usada en construcción; eran cuevas de arena blanca, las que usaron para esconderse.
Dos de los combatientes, fueron enviados a hacer labores de vigilancia.
---Una patrulla de soldados cuida el puente  mi comandante ---indicó uno de los combatientes.
---Tendremos que quedarnos aquí,  hasta que caiga la noche--- respondió ---es necesario tener a alguien en un lugar alto de vigilancia…, ¡ Vos! --le dijo a un muchacho ---colocate en aquel peñasco, te ocultás tras las ramas y estás pendiente de los movimiento de le patrulla ---
---Muy bien mi comandante.---
El compás de espera se hizo interminable y el calor en la cueva se hizo sofocante….. el silencio se rompió, cuando un silbido, imitando a un pájaro se dejó escuchar…….
--- Es el Macario, debe estar avisando que alguien se acerca. Agustín se asomó a la entrada de la cueva y dirigió su mirada hacia el peñasco frente a él., donde se

había colocado al vigía, este se asomó ligeramente y con la mano hizo una señal. Alguien se acercaba.
---Aguas, alguien viene---
---Nadie se mueve, pecho a tierra ---indicó Sancho.
A un costado de la gruta, donde se formaba la poza, una patrulla militar se acercaba… observando hacia todos lados, al llegar al punto, uno de los soldados, se quitó el casco y con sus manos recogió un poco de líquido, lo bebió, luego tomo otro poco y lo restregó en su cara; otro lo imito, el ultimo en pasar lleno un par de cantimploras; luego se retiraron. En ese instante una piedra rodó desde lo alto del peñasco, donde se encontraba el vigilante; los soldados se pusieron en guardia, buscando refugio detrás las rocas. Todos estaban pendientes, dirigieron su mirada al peñasco, pero no vieron nada, la tensión llego a su máximo cuando entre la maleza, se dejó escuchar el crujir de una rama, instintivamente la tropa, se tiró al suelo y se arrastró, por el suelo. Los guerrilleros aportados en el interior de la cueva montaron sus armas ante la inminencia del ataque…. pero un clarinero salió volando de entre los árboles, haciendo su clásico graznido, al pasar por arriba de la tropa y colocarse en la rama de otro árbol.
Todo volvió a la calma…..

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